Los hombres que devoró la luz

Poesía

César Trujillo

Cesar-Trujillo-poesia-OtroLunes41César Trujillo (Yajalón, Chiapas, México; 1979) Poeta y periodista. Ha publicado Laberintos (Puerto Rico, 2012), Donde termina el país de las maravillas (Public Pervert, Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas, México, 2014) y De corazones y cardiopatías (Public Pervert, Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas, México, 2015). Parte de su obra poética  aparece en las antologías de México y Honduras.

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Los hombres que devoró la luz

 

 

In memoriam de las víctimas
de Chernóbil a 30 años de la tragedia

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Una mariposa negra entró al cuarto. Con sus alas, igual de negras, enfrió mi cuerpo que era un pantano con las fauces abiertas. En su negrura, su voz, como un látigo reventando la carne, sonó: Duerme, me dice, mientras con sus limpísimas patas me toca la frente. Afuera, cae una lluvia enlutada que me oprime el corazón. No hacen falta trompetas ni blanquísimos ángeles que anuncien lo que viene. Hoy, a todos nos tragará la luz.

 

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Mi patria es su cuerpo lleno de ámpulas: la baba que le escurre en la comisura de sus labios, sus ojos que alguna vez fueron azules y hoy están marchitos. Mi patria son los pocos dedos que le quedan, su respiración entrecortada y esa tos que lo agita. Es mi nombre pronunciado en sus pesadillas, los roetgen que me regala sin querer. Mi patria es la niña que descansa en mi vientre abultado, que nunca verá a su padre vuelto una masa deforme, sin rostro y que nacerá muerta, como yo, hace varios veranos.

 

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Con una esponja bañada en un líquido rosa acaricio su cuerpo. Por más tiernas que pasan mis manos, su piel se descascara, cae a pedazos. Sonríe mirando al techo, como si la blancura de su cielo le dijera algo. “No tiene caso”, dice entre dientes. Y yo, que sé que ese mensaje es por las lágrimas que brotan de mis ojos, finjo reírme para hacer compañía a su soledad.

 

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Liudmila, deja que me apague. Tengo una sed eterna que me quema el alma. Es como un camión de brazas ardiendo en mis entrañas. Quizá algo del reactor se metió dentro de nosotros para mostrarnos cuán horrendo será todo. Siento mis miembros muertos como la tierra estéril de la que tanto nos hablaban tus padres. Tengo una sed eterna que no se calma. Liudmila, deja que me muera.