, como bien aseguran los conocedores de la novela negra, es una de las voces más originales del género en lengua española y, me atrevería a afirmar, el más «negro» de los autores europeos contemporáneos. Digo esto porque la calidad de su narrativa, la profundidad social de sus propuestas, sus miradas corrosivas sobre fenómenos sociales cada vez más extendidos, hacen palidecer las obras supuestamente trasgresoras y críticas de otros muchos autores que la publicidad editorial ha inflado, pese a que sus aportaciones al género se quedan en lo superficial y lo impactante de algunos temas de moda. Sin embargo, la «negritud» de Ibáñez viene del buceo que hace, novela tras novela, en mundos que permanecen bastante ajenos a los escenarios tradicionales de la novelística española y europea: esos mundos que muchos pretenden ignorar, esconder, o dulcificar tras etiquetas falsamente humanistas, precisamente porque muestran la cara más horrenda, sucia, podrida y deshumanizada de unas sociedades que el discurso políticamente correcto denomina » modernas y democráticas».
En el supuesto auge de la novela negra, que ha llenado los estantes de las librerias de poquísimos autores serios y cientos de diletantes oportunistas, cada libro de Julián Ibáñez resalta por la fuerza con la que rasca bajo la cobertura hermosa del mundo desarrollado, en busca de esa mugre que, como decía Hemingway, era el material perfecto en las manos de un escritor para convertirse en una obra de arte. Resalta también por la profundidad psicológica de sus personajes, por la amplísima animalia humana que muestra en cada trama novelada, como si pretendiera recordarnos que esos ámbitos son también parte de nuestra existencia y que somos tan culpables de que esa mugre exista, tanto como los delincuentes que se lucran de esos siniestros mundos.
Los estudios de la novela española (y nótese que no escribo solo «novela negra») deben hace mucho tiempo un espacio a la novelística de Julián Ibáñez. Sería un acto de justicia. Es triste ver cómo otros farsantes de la literatura son estudiados, promovidos, aupados por sus mediocres actos escriturales, cuando mucho existen, casi olvidados, otros autores más importantes para la literatura española y europea: Julián Ibáñez, es uno de esos imprescindibles. Es un honor, por eso, presentar a nuestros lectores este pequeño pero sentido Dossier, que ha sido coordinado desde España por el también escritor José Ramón Gómez Cabezas.
Amir Valle
Director General
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