La frágil suspensión del deseo

Elidio La Torre Lagares

Foto:Mathew Landers.

Foto:Mathew Landers.

 

Un cuerpo siempre es una ciudad solitaria que se camina a tientas con el tacto. Es solo en la presencia de otro cuerpo, el que nos toca, el que nos recorre, que nos sabemos existentes. Es la poesía la que nos lleva a pactos con la materia y su ausencia. Es menester de la palabra formularse como selfies de la memoria, para que no se vaya, para que no se pierda. La palabra es un pez de aire, como esos actos de fuga que componen el primer poemario de Marta Jazmín García Nieves, Luz fugitiva (Callejón 2014).

De la poesía joven en Puerto Rico nunca se dice lo suficiente. En un país deshilado de gente, García Nieves atenta contra el silencio y la devastación como si hubiese vivido siempre, como si ya fuera poeta antes de nacer. En el principio fue el deseo; luego vino la palabra. Premiado en el Certamen de Poesía Joven El Farolito Azul, Luz fugitiva arrea las pérdidas y sus sombras para traernos un conjunto de poemas tendidos sobre tres momentos, Parpadeos del silencio, Itinerarios del reflejo y Lumbres moribundas.

En sus mejores momentos, Marta Jazmín nos evoca a Soledad Fariñas, quizá a la Mistral y a Pizarnik. Es una poesía dicha con lo mínimo, un efecto de eficiencia semántica, así, como quien lleva las palabras contadas en su cartera.

Elidio-La-Torre-opinión-2a-OtroLunes41En la primera sección de la colección, los poemas manan como contrapunto del silencio. La ironía no es gratuita. El silencio habla. La voz es el riesgo. “Me vuelvo sílaba de lo innombrable” dice en “Digo la sombra” y añade: “Pero tú llamas”. Las llamas son tanto enunciación como son  un acto de combustión. “Fuego y palabra/ se enroscan de luz/ en una misma serpiente”. Es la autofagia del deseo desatendido. En “Parpadeos del silencio”, la voz nos dice: “He ganado las señales de mi extravío”.

Buscarse es prerrogativa del que se pierde. El poeta siempre se entiende en relaciones sinecdóticas: “[a]ntídoto/vuelo/valentía” dice la poeta en “No sé otra forma de decir”. “Sé muy bien que la realidad sucede/ primero que sus nombres”, agrega. Las hablantes de estos poemas brotan de las ausencias y sus vacíos apócrifos por que la ausencia siempre es presencia. En Luz fugitiva, toman cuerpo de poemas, se signan en palabras, se apropian de la página.

Central a la poesía de Marta Jazmín es la imagen poética, síntesis de lo racional y lo intuitivo, o lo posible y su antípoda: “Cientos de mis sueños crepitan/ en la superficie del fuego/ dentro de una jaula que escupe la luz/ y vuela”, dice en “Panorama desde la ausencia”. El mundo queda dislocado, comerciado en construcciones lingüísticas que articulan tanto una experiencia estética como una percepción de un mundo cuya única certeza es la pérdida: “Perdida/como estoy/en esta gran ciudad/ de penumbras pavimentadas”. La ciudad, en su vastedad, funciona en este poema como metáfora de la inmensidad. La ciudad, signo de la modernidad, es un discurso, un lenguaje (Barthes), y comunica sentidos como una forma de escritura. La ciudad es un libro que se lee y que nos lee. “Me dan miedo las grandes ciudades/ porque se parecen a mí”, dirá en “Rumores de (co)existencia”. La ciudad es refracción de un cuerpo: “Frente al espejo de cualquier gran ciudad/ que se refleja en mí/ cuando me pierdo/ y en ti/ cuando postergo la muerte/ en un recuerdo”.

La memoria es la topografía de la ciudad igual que la poesía conforma su lenguaje. García Nieves, con un esmerado uso del lenguaje, precisa en las propiedades volubles de la inquietud filosófica. Aún en los poemas del desamor, como “Equinoccio” y “La extranjera”, donde la poeta cincela el despecho y lo lleva a efectos superlativos de belleza lírica. El sentimiento aflora desde todas las paradojas en el devenir del todo (Deleuze). La experiencia se formula desde una intimidad irreductible, incontenible desde la interioridad textual.

La segunda parte del poemario, Itinerarios del reflejo, enlaza dos conceptos: tiempo y liminaridad. En la noche, entre las sombras, confabula la poesía en su constante faena de conjugar lo inaprensible: “…tu ausencia/ siempre es más voluptuosa/ que todas mis deformidades” dice la hablante en “Engendro”, tras declarar abandonada su humanidad. Es lo disforme lo que separa el sentimiento de la hablante del objeto de su deseo. La deformidad es la subversión. En la ausencia de luz, el tiempo se diluye: “Cuando estás dentro de mí/ no sé si naces/ o llegas del pasado”, estipula en “Sapiencias”. La incertidumbre atenaza: “No sé si dentro de mí/ existe lo que buscas”, añade. La necesidad por reconciliar opuestos se manifiesta en “Doppleganger” y en “Conversación entre antípodas”, donde la voz declara: “Arder también es mojarse”.

En Lumbres moribundas, encontramos a la voz en remisión emotiva. “Cada día de sol que pasa/ mi mundo es esta soledad/ que no ha apagado/ sus fracturas”, dice en “Mi mundo es esta soledad que alquilo”. El vacío viene repleto de sombras. Las ruinas germinan. “No quiero salir de esta soledad”, se dice en “Las agujas de esta casa”. La interioridad de la poeta es el recinto de las salvedades y la soledad, una desafecto platónico. Entre lumbres moribundas, de la mano de los muertos, en el espejo de la noche apaisada, la muerte es una instancia regeneradora: “Morir así/ también es el gesto de la supervivencia”, dice la voz en “La mañana despierta”.

Discontinua, Marta Jazmín García Nieves se hace temporalidad de silencio en la frágil suspensión del deseo.

En Luz fugitiva se alarga la palabra, persevera- posterga el espacio de la perdida y la hace más llevadera.

La oscuridad tiene su forma de belleza.

Del Autor

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Elidio La Torre Lagares
(Puerto Rico, 1963). Escritor. Formó parte del grupo Puertas, importante colectivo de poetas que reunió a destacadas figuras más de la Generación del Noventa. Ha publicado tres libros de poesía, Embudo, Cuerpos sin sombras y Cáliz; un libro de relatos, Septiembre (2000); y dos novelas tituladas Historia de un dios pequeño (2001) y Gracia (2004), publicada por la Editorial Oveja Negra. Es columnista del periódico El Nuevo Día. Es fundador de la editorial Terranova, dedicada a la difusión de la joven literatura puertorriqueña.