¿Qué viene después del dolor? ¿la calma, la paz, la expiación del alma, o acaso una leve inclinación hacia la locura?
¿Qué forma tienen los fantasmas recurrentes de la Muerte y el Miedo? ¿Acaso son ellos los dueños absolutos de las palabras y del poeta?
¿Por qué ríe menos un hombre joven que sufre? ¿Por qué sufre tanto un joven hombre que vive a diario? ¿Cómo vive, qué come, para cuánto le alcanza el salario, qué música escucha, qué adicciones lo arrebatan, qué lecturas consume, cuánto de feliz logra ser desde sus hijos, sus padres, sus amigos o la próxima palabra en la cuartilla en blanco?
¿De cuántos dolores suyos nos nutrimos para invocar y evocar atónitos y sorprendidos: ¡Qué clase de poeta es Rafael Vilches Proenza, Dios mío!? ¿Acaso no es responsabilidad humana la huella que deja en tinta para luego, mañana, decirle a su prole: “Eso también era la vida, hijos míos. Ahora es otro tiempo de hornos y esperanzas”?
Enmanuel Castells Carrión,
escritor y fotógrafo
–***–
Dura silueta la luna,
Ediciones Bayamo, 2003.
Luna de las Mil Nueve resbala por el vórtice de mis ojos
niña traviesa en el agua trozo de luz en mis manos
y lazos en el cuello de la noche camina despacio por el borde azul
que imagino húmedo allá donde se pierden los caminos
y los bueyes parten el silencio de la noche con la inocencia del boyero dormido
bajo el pecho la pértiga sin luna hinca el viento que cruza como un suspiro
sin prisa hacia el agua donde la luna de las Mil Nueve escapa
limpia hacia el campo y el rocío humedece mis ojos con la luz y el agua.
–***–
La ventana es un almanaque….
Un genio partido como durazno….
Una lámpara que se desdobla…
En las escaleras de la luz…
Blaise Cendrars
Abre la mañana el sol sobre mis ojos, la luz en mi mano se espuma.
Canto virginal de pájaro reposa en sombra de edificios.
Pobre chamaco, cuenta neumáticos sobre el pavimento.
Su triste sol es oscura paridad del silencio.
Hoy la premura calla, a sus párpados vuelan todos los gatos,
y grazna el mar por esa ventana a los duraznos,
a la almendra, la guásima, a los pájaros en el lienzo.
Faroles perdidos en sus manos tristes, donde se destruye el día.
Escalo por tu voz hasta la luz que desvanece tus pasos,
bajo la música del saxo se pierden el golpe de agua entre las piedras.
A través de la ventana, contra el horizonte, la sombra de los edificios
cae con premura, y parte la luz en tus palabras.
–***–
A Michael Hernández Miranda y
Luis Felipe Rojas Rosabal.
Las palabras me vienen a la boca como si estuviera a punto de morir
o de liquidar el desasosiego
ahí en su estampa y burla las fotos de los amigos
y los amigos
Estoy harto de palabras
reviento moscas en la boca
estoy a punto de sacar mi primer libro también existe la primera muerte
la repetición de las moscas la muerte cualquier día de agosto
aunque exista Dios aunque cada día salgas con el grito en la garganta
y en los bolsillos las consignas de mañana una mentira en el corazón pesa y nos silencia
nos volvemos a repetir como si fuera ayer
no hay un después un no un me abstengo
existe la palabra Patria ¿Importa Dios un presidente un país?
sobre todas las cosas existe la traición moscas en la boca presagian mi muerte.
–***–
El único hombre,
Ediciones Orto, 2005.
(Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, 2004).
Y si murmuro
Si mis labios dicen libertad, mi corazón esponjado late
por esta isla que son mis ojos atravesados por el mar,
por los pocos hombres que conozco o la mujer que amo,
y mi voz suena hueca, mis pasos no dan con su destino,
me desgarro hasta la deslealtad,
disiento, y la mudez de estos años, me protege.
–***–
No os asombréis
A la memoria de Albert Camus
En la ciudad han comenzado
a morir las ratas
Que el temor
no se apodere de la ciudad
prisioneros no importa
en estos tiempos de peste
morirán
ejemplares mayores.
–***–
En casa
¿Qué diré
si se personan lo amigos en casa?
¿Con qué ojos de polvo
les muestro la lluvia
las galerías tejidas en el frío?
Estos árboles
que lanzan sombras sobre el corazón.
Si llegan los amigos
¿tendré manos para ocultar los agujeros
que las olas no logran disipar?
¿Y si los amigos
traen
manos
pasos
ojos?
–***–
Trazado en el polvo,
Ediciones Holguín, 2006.
(Premio Nacional de la Ciudad de Holguín 2005).
Nada cambia
Acuno bajo los astros el canto de los gallos,
mortifico la luna,
soy el agua circular de las constelaciones,
aljibe en la memoria.
Me abro paso a sangre y deshago los muros,
no hay manos para hornear el pan, los días.
Labro el jardín, restauro las paredes de casa,
me planto, nada cambia,
el jardín es un disfraz vulnerable.
A Rafael Vilches Proenza
Eres el triste, dirán los lectores.
No tengo muros, ciudad, para soñar esta muerte,
calles, para atropellar de un golpe mi cuerpo.
Tendré que inventar una manera de morir, un disparo,
una caída desde el cielo, un sable al centro del estómago,
otra máscara para contentar a los suicidas.
–***–
Trazado en el polvo
Si tiemblo qué será de la ciudad,
qué rumbo tomarán sus inquilinos,
qué será de la ciudad si resbalo,
si mis pies se pierden lejos de sus calles,
si guardo la voz que la protege,
si olvido la paleta que la inmortaliza,
si ellos marchan al futuro,
al bienestar de otra ciudad,
y quedamos tú y yo, trazando en el polvo,
el frío, la soledad, la angustia, la esperanza.
–***–
Tiro de Gracia,
Ediciones Holguín, 2011
(Premio Nacional de poesía Centenario de Emilio Ballagas, UNEAC, 2008).
Narváez, elogio de casa
Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, seré sentencia destos mares. Por mi incondicionalidad a la corona Padre las Casas dignifica los soles llevados a cuestas. Los fulmino como a insurrectos indígenas en tierra virgen y bárbara. Hablarás por mí conquistador de la Gran Canaria. Nos une la certeza del destino, ungidos desvelos en aguas de Maisí, a pesar de la viruela, estrago causado en noches consecutivas. No desisto de la conquista, las armas son juego de abalorios en mis manos. Capitán a nombre de diego Velázquez gobernador destas tierras, de tempestades continuas. Agónicas lluvias se desatan sin piedad. Alvar, sobrevivirás a las penurias de la isla, a despojos de navíos y hombres dormidos bajo la delirante trompeta de Arturo Sandoval, en el puerto Cabo de Santa Cruz en espera de ciertos bastimentos oferta de un gentilhombre vecino de la Villa de la Trinidad. El temporal sacia su ira en nuestras embarcaciones. Febrero de 1528 inhóspito invierno sin la correspondencia de kafka a Milena cuando toda la lluvia se va en descomposición a los campos de Ravensbrück sin ruido presuroso de luz. El trópico es impredecible. Acaso olvidas al desquiciado de los altos volarse la locura con su escopeta de dos cañones, verlo bajar famélico y familiar frente a casa, un espectáculo, Cristo sangrante por lares de infancia en Salón Rosado de la Tropical. Descanso la fatiga con que alecciono a mis vecinos en conversación con Jimi Hendrix a la diestra de mis hambres. Contemplo los algodonales en la orilla del Cauto. Jueves Santo las constelaciones en trazos de ceniza por mano y voz de Erasmo de Rótterdam sobre el plantío de la noche vastísima. Vacas moribundas en la vega del río pacen las lunas que menguan quebradas en huesos, desmemoria en negro y rojo. Ahora elogio a mis contemporáneos, ellos imaginan embarcaciones y permanecen recluidos a merced de la tormenta, los diviso desde mi conversación fabricar navíos de papel, ir de canarreo a canarreo hacia la mar, someter a la Florida con palabras de Gèrard de Nerval perdiéndose en los bosques de Loisy en la Fiesta del Arco, bailar la noche única. Volver a la danza limpio cual campesino magro de manos pesadas y ásperas, hosco y quemado por el sol, danzante, cotidiano en la isla del estanque, con música de flauta campesina. ¡oh, mujer que buscas el amor! ¿qué hago yo, sino eso? Acaso olvidaré a la monja
Adriana, muerta en un convento en el año de 1832, a la Maga sin póstumo adiós en Portus Patris en 1980, apasionadas muchachas y muchachos, año en que llorábamos a John Lennon, terrible Manhatan, noche perpetua, fiel tesorero y alguacil mayor, ahora yo -mientras la escucho girar, un disco negro y la música de Arturo Sandoval sube al falso techo- admiro la irremediable caza y me abandono a los dioses como antaño.
–***–
Paisaje desde el tren con lirios naranja
Miro los lirios desde el último vagón, el pecho inflamado por la brisa, aliento herrumbroso de quien canta inútiles miserias, asciendo en espirales inasibles,
lirios anaranjados justo en un instante, estrellas fugaces hacia la nada, gloria que va al polvo.
–***–
Hombres café
(poema de Albert Doyle)
Los Hombres Café, con palabra zonza, juegan a ser grandes escritores, artistas, intelectuales de la bohemia de tantos que no han escrito un verso, pintado un cuadro.
Hombres Café en París lluvia diaria, nocturna, adulados por mujeres, admirados,
reconocidos en sociedad, a la vuelta de los años nadie los recuerda, alguien los habrá sustituido, siempre en los cafés.
–***–
País de Fondo,
Ediciones Orto, 2011
(Premio Nacional de poesía Manuel Navarro Luna, 2010).
Bajar al Café
Cómo arribar al condominio familiar
esta noche de viernes
Los amigos trastocan identidades
han hecho de sus nombres otra magia,
inclinados en el café
Tres Lucías, La Isabelica,
La Bodeguita del Medio,
Café Bonaparte, Café Gijón,
un café de Estambul frente al Saray.
Marsella del XVII,
cafetería 1906 en Manzanillo,
Cabaret Renard, Café Francesco Procopio
de la calle Fossés-Saint-Germain,
Café del navarro Juan Bautista Tabernas.
Aunque tremole el país en este establecimiento
y me azote la tormenta preciso bajar al Café
ver pasar multitud de siluetas ajenas,
farándula reinventada
donde los contertulios hacen una salva
que me nombra el corazón.
–***–
Último aviso
Padre, sé que vendrán,
pido besarte, que en los labios,
en el rostro, quede el sudor noctámbulo,
única herencia de estos años,
sol de la penumbra
bajo las llamas de la inquisición.
No estoy orando la noche es dura inmensa
y cae ciega en su profundidad
imploro con el miedo
la piedra ha rebotado
con oscura indignación.
Padre aquí están,
sé que vienen por mí.
–***–
Tuve
Ya no tengo casa, ni animales domesticados
con quienes compartir esta hambre plural
yo soy el cordero a su resguardo
quien limpia el miedo con sus propios miedos.
Hoy puedo juramentar contra mis temores
vendar mis odios,
reafirmar que mi casa es mi casa,
mi perro mi perro,
sin saber qué gano con tal artificio.
Deshacer las vestimentas, entregar el cuerpo
listo para la representación
que sobreviva la ira
mi voz rota, y el dolor perenne.
–***–
Café Amargo,
2014, Neo Club Ediciones y Alexandria Library.
Invocación
Amada, mandaré por ti a los ejércitos de Sassan
y te haré reinar en Samarkanda.
Serán nuestros días manjares,
endulzarás el agua que ha de purificar mis labios,
te obligaré a sacar de mí
toda la amargura que me arruina,
como quien saca del fuego el metal dorado.
Te haré raptar y me entregaré a los dioses en ofrenda,
me daré a tus días como dócil cortesano,
fuente donde mitigar el hambre y el deseo,
donde la carne sea prolongación de la carne,
magia de fuego iluminando la noche protectora.
Amada, atizaré tu corazón con un manojo de lunas llenas
en la estación más pura de tu carne,
esperaré escuchar tu canto, el latir de tus deseos
aleteando con un susto bajo la piel
donde pastar las mejores hierbas de la mañana
cuando el sol se anuncie en el aroma de las campanillas.
Amada, tocaré en ti las espigas tempranas del rocío,
beberé en las húmedas concavidades de tu cuerpo
toda la embriaguez, para esparcirme en el cielo como Dios.
Para en libertad recorrer despacio el sobresalto
florecido en las yemas de tus pechos.
–***–
En el hospital
(Oración por la amada enferma)
Todas estas semanas han sido irreales (…).
Sé, tesoro mío, que debería caer de rodillas en este instante
y quedarme así mientras estés en el hospital.
Carson McCullers
Virgen de Coromoto, ahora que la casa en mí es invisible
y las abejas no traen más dulzor,
pongo puntos vitales alrededor de los hijos
al cielo de su noche,
y la cruzo temblando de miedo.
Oro en salud y solitario, las horas que le agobian
en esa sala de hospital en Acarigua donde convalece.
Virgen de Coromoto, hazme beber el vino
adobado con el mosto de su vientre,
limo rebelde de las llanuras del Cauto.
La alegría de los hijos levanta mi tristeza y la casa,
pero en las noches nos sabemos solos.
Doy voces y no me responde.
Virgen de Coromoto, qué hago con la casa,
cómo le confieso a los pequeños que ella está sobre la cuerda
y los astros la contemplan abismados en su desamparo.
Con quién comparto la estación estéril.
Y no puedo pensar con el corazón.
Virgen de Coromoto, ella está enferma.
Se afiebra el cielo en mil soles.
Su voz distante y dolorosa llega en la mañana
como si se pusiera la tarde en mi herida
a contemplar la impotencia del amado.
Virgen de Coromoto, esta es Ítaca,
imploro a los seres del Olimpo
que ella sea salva en la hora horrenda
cuando le ofrendo mis días a Dios.
–***–
Las noches
Mi lujuria
ve en los cordeles de la ropa
las formas ausentes de la amada
Juan Manuel Roca
El vecino del frente no sabe mi dolor.
La orquesta está muerta
y yo soy un impostor que observa el agua.
Me fastidia la espera,
beber la pulpa de los frutos secos del olvido.
Cada día despierto para levantar la casa.
El augurio de tu voz anida en mis oídos
aves del verano,
criaturas de fuego hacen cenizas el corazón.
Para que no se me ahueque el alma
me pongo a asuntar el viento,
cualquier música de los atardeceres.
Soy el hijo del carpintero y mi destino está echado.
Escribo cartas de amor en las paredes
con la luna de este mes y la respiración de los hijos.
Alrededor todos están ebrios y su derrotero es la demencia,
y soy uno más en la nave del inferno
cayendo al fuego de los herejes.
Nadie me espera.
Las noches aúllan, se estremecen los pilares y la casa.
La lejanía me ahoga,
Los bares y cafés han cerrado
los amigos izan velas y se alejan.
Las piedras se levantan para hacer visible el muro.
El tiempo es un fusil que me asecha.
Entono un canto por si no llegas,
la nostalgia sangra en mí como fase de lunas,
y tu recuerdo me escuda.
–***–
La luna entre nosotros,
Neo Club Ediciones, 2019
(Premio de Poesía Dulce María Loynaz, Miami, 2018).
Testimonio
La falla telúrica respira con miedo.
Soy un hombre cobijado por la corrupción,
piedra donde el pecho sangra y el zapato inventa un pasodoble.
La casa que perdí está en el polvo del camino.
Acércate, alma mía,
convérsame,
no hagas de mi sangre el sacrificio o el enaltecimiento.
Que salten los soles que arrastro.
Sane mi llaga con tu herida.
–***–
Certidumbre
Yo soy el poeta/ no tengo otra verdad
que esta certidumbre tormentosa
Eliecer Almaguer.
Para Alejandra Pizarnik
Si fuera yo quien miente,
asumiría la herida.
La noche se hundiría entre los astros.
Otras voces,
me mostraron el sol para humillarme
y aúllo como los desterrados,
mi voz retornará con la estación de lluvia.
–***–
El que madruga
No tengo casa,
ni perro,
ni árbol.
No sé si saldré ileso,
no me lo propuse: ¿cómo cantarle a los hijos?
–***–
Más pobre no lo vas a encontrar
Fuiste esa mañana a por guijarros,
algún brote de ensueño a medianoche,
entre la arena me encontraste.
Tenía el alma llagada,
ojos sin tiempo, sin pasado.
Ahora me sueltas
a buscar en cielo impío una libertad que no aspiré.
–***–
Ser hostil
Hazme un instrumento de tu amor.
Hazme un canal de tu paz.
San Francisco
He puesto mi yo en el polvo,
la pesada carga con que vivo.
Yo el adversario,
con piedras por ojos
aún guardo un corazón
una leve arteria para transitar la vida.
No arranquen el corazón con que vivo.
–***–
Sumarnos al miedo
Patria íntima, dolor en el dolor hacia el dolor,
no hay días para ver primeras floraciones
inmovilizar las alambradas,
sentir cómo se esfuma la mañana que acorrala la árida penumbra,
sostén de criaturas que deambulan en mi sangre.
Millones somos.
Sujetos uniformados para morir acarrean la ignominia.
El que muera podrá sacar a salvo su desmemoria.
Ya hablarán por mí los muertos de la patria.
No existe voz para cantar antiguas evocaciones, tus ojos se disipan.
Quién puede atisbar la imagen rapada del ciprés si el traje nos iguala.
Ay, la tierra se esfuma, triste luz hacia el poniente.
Tu palabra desvanece y soy la noche que borra mi existencia.
–***–
Dulce café,
Editorial Primigenios USA, 2020.
El país se pudre. Tú y yo bebemos nuestro aroma,
despacio, bajo esta música que acorrala.
…—…
Madre no entiende que las trombas resuenen y me acorralen. Padre aún les cree el cuento a los esbirros. Dice: hijo, es nuestra estrella. No sabe; si la palabra esclaviza, es miserable, nos vuelve endebles, mezquinos. Los sueños se deshacen como las nubes de polvo. Nos pone al borde, a padecer el límite. Nos enseñan a acariciar el fanal de la mentira. Soplo. Negros son los senderos. Daré vida a la lumbre que la amada confía en mis manos. Madre, padre, aquí, después del mal, todo carece de significado, hasta el dolor que siembra la pobreza.
…—…
No sé qué quieren de mí. Pudiera mentirles.
Pero, ¿cómo se fabrica una mentira?
–***–
Lunaciones,
Editorial Primigenios, USA 2020.
(Editorial LatrAbierta, La Habana, 2012).
Doy fe
Padre vino con los suyos hacia lugar ajeno y recóndito. Madre de sitio innombrado. A mis cinco años padre se refugiaba en la zafra del setenta, con las aguas del canal turbulentas y juguetonas respaldando la soledad y los disecos soles al fondo de la casa. Me disimulo en el triste transcurrir de los días sin la luz imprescindible. Desde entonces traigo a cuestas mi sombra. Hago rodar a mis canicas al otro extremo de las espigas y el silencio. Hoy no sé cómo retornar, cómo mirarle con sus rasgos paternales sin haber incinerado la torpeza ni la pobre resonancia de las cañas y el lamento de mi madre en la terquedad del patio, mientras esparce la ración diaria e insignificante a las gallinas.
–***–
Te pertenecen mis conversaciones la víspera
A Verlaine, a nuestra casa en Chinchacoja
Hay noches en que la luna se colaba fina por entre las sábanas, días en que el agua inundaba nuestro llanto, mínimas bonanzas bajo agujeros por donde los astros nos hacían partícipes del mundo. Al borde de la laguna, aguas fosilizadas, hechicería, voces distantes, criaturas inmóviles, canto descarnado mañana en que la luz me hostiga, observo cada embestida de las aguas cuando la laguna se consume y es abril, en el jardín despuntan las espigas de gladiolos.
–***–
Profecías en el país que somos
los vivos oyen, con oído fino,
el silencio insepulto…
Roberto Manzano
El último parte sostiene la guerra es simple escaramuza.
La reyerta devuelve a casa soldados rompecabezas,
solo recuadros, hongos en la pared,
novias mutiladas, fragmentos cardíacos.
En regazo materno esta tarde se escuchan impactos de fusilería,
la aviación ronda, nos disturba.
Las mujeres son un manojo íntimo, rosario de amapolas.
Allende el hogar todo se distorsiona, los hijos asisten,
no vuelven a sonreír en familia alrededor de las ventanas.
Justo ahora el día se distribuye y asciende entre sus manos.
Las noticias esta mañana,
aves en estampidas hacia las brumas y el olor a pólvora.
Cuando culmine la guerra veré a los generales.
Extenderán los mapas roídos.
Los mapas trastocados en sus mentes seniles,
contarán la historia, torciendo municiones y rumbos.
La guerra está en camino, he comprado cinco higos,
dos canisteles, para refrescar las detonaciones y la demencia,
almaceno las semillas para cuando pase la contienda,
he puesto los riñones en zumo de limón.
Puedo ser un arbusto, un animal pastando en los escombros,
Ignorar los zumbidos de los proyectiles.
Ausentarme a las muertes en campo de batalla.
Mi padre se jubila por estos días ya no lo reclutan.
Hago los símbolos de la nación con subterráneas aguas,
pondré a girar la buenaventura de la casa.
Soldaditos de plastilina juegan, se descomponen,
si hablo en vox pópuli me quedo sin el sustento,
mis plantas necesitan de mis miedos.
Soy lánguido, adoctrinado,
aquí nada deja de ser en blanco y negro.
–***–
Antología de la Poesía Oral-Traumática y Cósmica de Rafael Vilches Proenza,
(Frente de Afirmación Hispanista, México, 2019.
Conversación en off
Se escucha a los amigos, dicen: bellos, el muchacho de la puerta, el lunchero, el de la cafetera spress, el de la mesa vecina. Ellos enloquecen en pacto de santería. Observo a las camareras en su danza invisible, callo. Los amigos se persignan, a falta de cirios prenden avispas, voces que se esconden en la mesa del café, divisan otro miedo que asfixia, que arrasa el pecho de uranio. Miro a la muchacha sin nombre, en la mesa vecina reír su propia alegría, desova peces ilusorios. Consumo al pulpo en su tinta, describo el desmán de la noche, en brutal autopsia.
–***–
En el madero
Hijos, en el madero el cuerpo espera, doy señas, nadie acude a rastrear mi nombre, la casa donde nací no existe, voces de familia me invaden, las articulaciones no responden. Los cuervos, Dios, los cuervos, toman los ojos, cantan los ojos, la carne, la carne, se alejan idiotizados, me ahogo bajo la sangre mensual de mis mujeres, solo queda este cuerpo confinado a las moscas, en el madero, hijos, puro nervio.
–***–
Me espanta
Me espanta ser un solo, he perdido los rumores del mar entrando por tu voz inundaba la casa donde fuimos cuchillada al hastío ya no soy la ciudad, la tarde, las iniciales que marcan, aquí, donde me escondo del miedo.










