
El entrevistado: Rafael Vilches Proenza, y la entrevistadora: Ana Rosa Díaz Naranjo. Las Tunas, 2020.
Muchos piensan que los escritores se parecen, independientemente de lo que escriban, en mayor o menor complejidad. En realidad, somos seres humanos, reímos, lloramos, padecemos, resistimos, o sea, compartimos en el espacio universo experiencias similares. Rafael Vilches Proenza (1965) nació en Cuba, en una zona de campo llamada El Cero de Las 1009.
¿Qué recuerdos tienes de tu infancia? ¿Cómo transcurrió tu juventud?
Mi infancia comienza el 10 de diciembre de 1965, en un lugar idílico, mágico, la casa de mis abuelos paternos Rafael Vilches Águila y Petronila Rojas Aragón. Aquel sitio está en una de mis novelas. El día de mi nacimiento se celebraba el día de los Derechos Humanos en el mundo, cosa que los cubanos no hemos disfrutado jamás. Le concedían el Premio Novel de Literatura a Mijaíl Shólojov (ruso) y a Shmuel Yosef Agnón (hebreo). Ahora puedo decir que mi infancia no fue ni tan inocente, ni tan feliz como creí. Soy el mayor de cuatro hermanos (Regino, Lourdes y Alexis). Debía darme cuenta de la miseria y vicisitudes por las que pasaba la familia. Los inventos y malabares que debía hacer mi madre para darnos de comer y no mandarnos a la cama sin un bocado en el estómago. A mi padre lo sentí lejos casi toda la infancia, ausente por culpa de una zafra que no tenía fin. Imagino, ganando algún dinero para que pudiéramos comer. Tuve una infancia complicada. Muchas veces me dormí con hambre, pero nunca se lo dije a mi madre, no quería llevar otra tristeza a su rostro, bastaba con que mis hermanos lloriquearan por comida, dieran perretas por juguetes que tampoco tuvimos. Debíamos conformarnos con lo que apareciera, con los muñecos de yeso que año tras año nos tocaban para jugar.
¿Mi juventud? Un infierno, una odisea, un mundo kafkiano. Dar mi opinión en público siempre fue arriesgar el pellejo. Las veces que lo hice, porque nunca pude quedarme callado, fui mal mirado. En los grupos de amigos siempre hubo infiltrados que hoy exhiben con gallardía su uniforme de la PNR o del MININT.
Cuando tomé conciencia de vivir bajo la bota de una dictadura, dejé de esconderme detrás de la poesía, ahí comenzaron mis novelas.
Fue en el seno de la familia donde descubrí que desde 1959 Cuba padece otra dictadura peor que las anteriores. En las conversaciones diarias se encargaban de recordármelo.
Comencé a ser libre según iba conociendo a otros artistas y escritores en el país.
En 1984 me gradué de técnico medio en Riego y Drenaje, me hicieron pasar un curso de chofer y me reclutaron en 1985, pasé dos años amargos en el ejército, en la frontera con la Base Nabal de Guantánamo. Al licenciarme estudié seis meses en un pre militar y en 1987 entré a la universidad, ISJAM, Santiago de Cuba, a estudiar ingeniería electroenergética, unos días antes de las pruebas finales del primer año, me fui una semana a una playa con una novia, antes de llegar a la playa nos peleamos y abandoné la carrera.
En 1988 trabajé como profesor. En 1989 me casé y me fui a vivir con mi primera esposa en Santa Clara, el 9 de abril de 1990 nació mi primer hijo. Allá ejercí muchos oficios. Entre un trabajo y otro escribía e iba a actividades literarias. Conocí a muchos escritores, entre ellos a: Frank Abel Dopico, Juan Carlos Recio, Julio Mitjans, y Carlos Galindo Lena, que fue mi primer mentor literario. Retorné a Oriente con mi familia antes de que mi hijo cumpliera su primer año. En el eufemístico Período Especial, el hambre y la miseria arreciaban, y yo entre un trabajo y otro, escribía poesía y terminaba mi primera novela Ángeles desamparados, Bayamo 2001, ya con dos ediciones fuera de Cuba. Mientras saltaba de un trabajo a otro escribía mis libros. Iba conociendo a otros escritores en Las Tunas y Bayamo. Junto a Zoelia Frómeta y otros amigos fundamos en 1997 el Grupo Literario Espiral en Bayamo. Dimos mucho de qué hablar en aquella recóndita y amada ciudad que se estaba quedando en silencio, la mayoría de sus artistas y escritores más importantes se iban a La Habana, emigraban al extranjero y la mayoría pasaba a la lista negra en la que ahora mismo aparezco yo.
En esos años duros, caminábamos por las calles, el olor a pizza, a comida no nos permitía soñar, el hambre se nos pegaba como una navaja al espinazo, deseábamos saciar la hambruna colectiva, pero el dinero no era suficiente, era inexistente, nulo. Íbamos a refugiarnos en la casa de Librada Machado y Zoelia Frómeta, su madre también era nuestra, Librada siempre nos daba cobija y nos mataba el hambre sin dejar de darnos conversación con su sonrisa maternal que nos contagiaba. Un día toda aquella magia acabó, Zoelia se exilió en México, Librada se fue al cielo, de la noche a la noche todos dejamos de ser jóvenes y no supimos en qué esquina nos quedamos huérfanos, sin las calles, sin los amigos, y nos perdimos entre las plazas y los coches tirados por caballos en aquella ciudad.
¿Qué crees que te impulsó a ser escritor? ¿Cuál fue el primer libro que recuerdas haber leído? Cuéntame de tu relación con otros escritores en tus inicios.
Creo que el impulso vino de escuchar las historias que me contaba mi mamá. Oír los cuentos que nos hacía mi padre los fines de semana cuando estaba en casa y nos reíamos a carcajadas. Las décimas que le oí de pequeño cantar a mi abuelo Herade Proenza Socarrás, desde que se tiraba de la cama en la madrugada para irse al campo montado en su carreta tirada por bueyes.
El deseo de decir en el papel, el amor que sentía por alguna muchacha de mi pueblo.
Mi primer cuento lo escribí con mi madre, estaba en quinto grado.
También mi tía Hermila que me leía libros cuando iba a la casa de mis abuelos.
Por Marquiza Lago Pompa que cuando se enteró que escribía poesía se encargó de guiar mis primeras lecturas.
La poesía llegó por la soledad, estaba rodeado de gente que no llegaban a comprenderme, por amor, por dolor, no sabía cómo decir a los demás lo que sentía. Cosa rara en La Comunidad, porque casi todos mis amigos de la adolescencia fueron pintores, bailadores, teatristas, trovadores. En mi familia paterna hay grandes contadores de cuentos, con una vis cómica extraordinaria, un don natural para las artes escénicas. Esa fue una parte feliz de mi niñez. Mi abuela materna Liduvina Socarrás Gómez de joven fue lutier y una gran contadora de historias familiares. Ahora con casi cien años sigue conservando una lucidez aplastante. Mi difunto abuelo Herades fue repentista. Mi tío Ismael también. En su casa disfruté de guateques donde se improvisaba y se hacían controversias. Me encantaban aquellas tertulias alrededor de un puerco asándose en una púa, ya asado lo ponían en la mesa del comedor sobre hojas de plátano, rodeado de yucas, arroz congrí y mojito, cada cual se servía a gusto.
A los diez años vi fracturarse la familia cuando tuve que salir de casa, aún era un niño. Mis padres tuvieron que becarme para que pudiera continuar mis estudios secundarios, y fui a parar cerca de Vázquez en el municipio Puerto Padre. Entonces en Vado del Yeso no existía una secundaria. Tres años violentos, llenos de miseria y crueldades de todo tipo. Mis padres nunca se enteraron de la barbarie en la que sobrevivió su hijo durante aquellos tres largos años.
En la novela Ángeles desamparados, cuento una noche de aquel infierno.
Al terminar el noveno grado decidí hacerme técnico medio en Riego y drenaje porque era lo que había en mi pueblo para poder estar cerca de los míos, ya era 1980. No quise saber de más becas. Las becas al cabo resultan ser campos de concentración para adoctrinar a los estudiantes. Por esa fecha ya escribía poesía, hice el intento por entrar a un Taller Literario que organizaba una bibliotecaria en la escuela, pero mi poesía no estaba comprometida con la “Revolución” como ella lo llamó, mis poemas eran de amor, por eso no me matriculó en su taller. Seguí escribiendo en solitario.
En la primaria recuerdo haber tenido algunos maestros que contribuyeron a mi amor por la lectura con sus maneras de impartir las clases: Marisol Chala, Blas Barzaga, Elena Corrales, Edith Barzaga, Gloria Palma, Venerada Bencomo y Adis Melean.
En la secundaria solo recuerdo a Elsa Núñez, una profesora de Villa Clara.
En el mundo literario, en algún momento llegaron los escritores de mis inicios: Carlos Galindo Lena, Antonio Borrego, Zoelia Frómeta, Guillermo Vidal, Rafael Alcides con su libro Agradecido como un perro, y Eduardo Heras, también escritores que, a pesar de ser de mi generación, fueron guías literarios: Amir Valle, Alberto Garrido, Ángel Santiesteban.
Soy un desterrado de mi hogar. A mis seis meses nos mudamos para Jucarito, era 1966, justo por donde pasa la carretera que une a Bayamo con Las Tunas. Después no sé cuántas casas más vinieron, pero ninguna ha sido mía. En mayo de 1970 el Estado `Revolucionario´ nos llevó a vivir para La Comunidad Vado del Yeso. Hoy reconozco haber vivido en un pueblo cautivo, donde obligaron a habitar a profesionales, intelectuales, obreros, campesinos de toda la isla. Desde entonces, me muevo por el país como un misionero, un gitano, un judío, un apestado que a lo largo de todos estos años ha tocado la cultura y la literatura nacional con los ojos, respirado de cerca a los artistas y escritores de la isla.
El primer libro que me leyeron no lo he olvidado jamás: Flor de leyendas, de Miguel Cazonas, con prólogo de Herminio Almendros.
Escribes poesía, reseñas, novelas, ¿qué género prefieres?
No hago distingos entre uno y otro.
Cada uno tiene su momento, su porqué, su manera de llegar y existir.
¿A la hora de escribir, lo haces pensando en el futuro lector?
No.
Pienso en mí, en la historia que cuento, el poema, la novela que está por nacer.
El lector no existe. Es un milagro que luego, cuando el libro ya no es tuyo, exista. Si eso sucede, le doy las gracias a Dios por haberme guiado en la escritura, y si no, también.
Es una gran tontería pensar en el lector. Pensar en quién te va a leer o no, es como ponerte una camisa de fuerza antes de que te encierren en un loquero.
Escribir de por sí ya es una locura. Hacerlo y pensar en quién te va a leer, es estar loco de remate.
¿Qué género recomendarías a una persona que no le gusta leer?
Pero si prefiere la música, le sugiero la poesía.
La novela es para los que aman la literatura. Como también lo son el cuento y la poesía. Cuando lees te liberas, sueñas, vuelas a otros mundos, a otros parajes, nadie te puede esclavizar. No eres propiedad de los tiranos que subyugan la patria.
Si lees, ya tienes la mitad del camino recorrido para ser libre y alcanzar la felicidad. Dejas de tener un presidente lacayo, títere y mercenario.
Has publicado varios libros de poesía. De tu poesía se dice que “nos introduce dentro de un aparente relativismo, entendido desde la dimensión conceptual, que, sin embargo, no oculta la verdad sugerente y se alza con el guiño de circunstancias bien vitales u oníricas, pero tanto propias como heredadas por la tradición universal.” ¿Este estilo fue algo que fuiste desarrollando, o fue así desde el principio?
La poesía nos acoge, se nos hospeda en cuerpo y alma. No es algo que se aprende, que se perfila, un estilo que se pule con el tiempo. No. Es cosa de Dios. Somos piedras en un río. Creo que esas cosas de afinar los sentidos, alimentar el talento, la vida, los sedimentos que ella te va dejando, son la materia prima para dejar tu grito en la hoja en blanco.
Cuando escribo poesía hablo de mí. Escribo sobre mi entorno. No me fabrico un lenguaje, una historia. Doy rienda suelta a todas las voces que cantan, esas que no se cansan de dar aullidos dentro de mi cabeza.
Cuando hablo de dolor, de felicidad, de otros sentimientos o padecimientos, es mi dolor, mi felicidad, la del otro, es lo que canto para que el mundo lo escuche y que no pase inadvertido el calvario plural que me aúpa.
El poema sale porque sí, ya está en mi cabeza, da topetazos desde el nacimiento, cada verso es una cabra salvaje sacándose sangre en las rocas de una empinada y escabrosa montaña, a cada uno le han crecido alas, y son como aves silvestres que se debaten en esta jaula que comienza a ser el cerebro donde luchan por su libertad.
¿Consideras que un poeta puede escribir poemas buenos sobre algo que no lo apasiona?
La esclavitud, las dictaduras, los dictadores, los testaferros, los chivatos, los hijos de puta, esos no apasionan a nadie, sin embargo, hay excelentes poemas sobre ellos.
No siempre es la pasión la que te mueve y conmueve y logra que un texto sea bueno y grandioso.
Has publicado las novelas Ángeles desamparados, con tres ediciones, la cual aborda el tema de las becas en Cuba, e Inquisición roja. ¿En qué te inspiras para escribir tus historias? ¿Cómo empezó Inquisición roja?
Las historias de mis novelas salen de la vida, del sufrimiento del pueblo. Es la manera que encontré para denunciar la tiranía de la dictadura.
Las Becas, son campos de concentración para estudiantes.
Las UMAP, campos de concentración para jóvenes y adultos.
La zafra del 70, una mentira.
La guerra de Angola, una invasión, un genocidio.
Los pueblos cautivos, cárceles al aire libre para enclaustrar a los desafectos de la mal llamada Revolución cubana.
El tema de las UMAP siempre estuvo rondando mi cabeza en los casi veinte años que viví en la ciudad de Holguín, donde leí muchísimo sobre los campos de concentración soviéticos y nazis. Conversé con religiosos, católicos, cristianos, Testigos de Jehová, otras denominaciones, que estuvieron en Las UMAP y me facilitaron información oral y literatura al respecto.
Inquisición roja fue escrita en Santa Clara, entre detenciones de la policía política por mi activismo político. Cuando viajé a Miami y Puerto Rico en 2016 había terminado la primera versión de la novela, pero fuera de la isla pude contactar a testigos de los sucesos, y con una conocedora del tema de la Guerra del Escambray, Idolidia Darias.
Félix Luis Viera, testigo presencial de los horrores de la AMAP leyó el libro cuando aún estaba inédito, me hizo unas cuantas observaciones, y ya con un criterio formado, otros testimonios, otras historias pululando en la cabeza, le di el acabado final a la novela en Las Tunas, ciudad de Guillermo Vidal, Alberto Garrido, Carlos Esquivel y tuya.
El año 2020 ha sido un año difícil para la humanidad, mas, en el mes de diciembre te armaste del Premio Internacional de Narrativa Reinaldo Arenas. Háblame un poco sobre Sálvame si puedes, la novela ganadora.
Primero, agradecer a las personas que están al frente de la convocatoria del Premio desde los Estados Unidos de América, Idabell Rosales Cao y Armando Añel, a los proyectos que apoyan y auspician. A los jurados (Jorge Olivera, José Hugo Fernández y Manuel Gayol) por escoger mi libro entre tantas obras de calidad, y poner mi nombre en la nómina de los premiados del Reinaldo Arenas (Ángel Santiesteban, Rolando Ferrer Espinosa, Armando de Armas, Duandy Oscar Gómez y el propio José Hugo Fernández).
Sálvame si puedes es una novela que salió de un tirón. La escribí aquí en la aldea Las Tunas, en 2019, después de regresar de un viaje a Bogotá, invitado por el proyecto Puente a la Vista, junto a otros escritores cubanos donde se celebró el Festival Vista ese año, donde se presentaron varios libros de los participantes entre ellos Ángeles desamparados. La novela del Premio no tiene nada que ver con Colombia. Es una historia que se desarrolla en La Comunidad, un barrio de edificios. No se dice explícitamente en ella, pero es uno de esos pueblos cautivos construidos por la ´Revolución` después de 1959, donde fueron a parar los presuntos PCR (Potencial Contrarrevolucionario). Personas peligrosas con sus familias. Habitantes propensos a convertirse en desafectos al régimen comunista implantado por el dictador Fidel Castro. La mayoría, venidos del Valle del Cauto, las cercanías del Escambray, poblados rurales intrincados que habían ayudado y apoyado a los rebeldes en su lucha contra el régimen en la Sierra Maestra, sus alrededores, y en las mismas lomas del Escambray, donde podían dar nuevamente su apoyo a próximos alzados contra la tiranía naciente instaurada desde el golpe de Estado al presidente de la Isla, Fulgencio Batista.
Es la historia de un grupo de niños y adolescentes en uno de esos pueblos perdidos en la patria. Algunas historias de amor. Sueños, esperanzas, amores, desamores, encuentros, desencuentros, policías, chivatos, una biblioteca independiente, un grupo de teatro, una importante artista de la plástica llamada Tania Bruguera y dos actores, que viajan desde la Capital del país a hacer un performance en La Comunidad para pedir libertad de expresión en Cuba, mueven los hilos y resortes de la novela.
Del libro han dicho los jurados:
Jorge Olivera: Salvame si puedes, una obra que recrea un tema de actualidad con una eficiente progresión rítmica, el uso de un lenguaje ameno y el buen tino a la hora de describir tanto las acciones como los entornos a lo largo de la historia…
José Hugo Fernández: En el caso del primer premio de este año, Sálvame si puedes, se trata de una bella novela donde un adolescente con inclinaciones artísticas y homosexuales narra su día a día en un pueblito del interior cubano en el que reinan la miseria, la ignorancia, los prejuicios, el drama sociopolítico y la desesperanza…
Manuel Gayol Mecías: Salvame si puedes, es una novela de feliz iniciación, repleta de elementos profundos. Narra la vida de varios adolescentes que se esfuerzan por sobrevivir la cotidianidad de una isla bajo el totalitarismo castrista y pone de manifiesto el fenómeno de las bibliotecas independientes y cómo el joven cubano se las arregla para entrar su propia libertad. Hay momentos políticamente fuertes, en los que se pone de manifiesto el carácter fascista de la dictadura, como cuando desmantelan bibliotecas en casas particulares y hasta quema de libros…
No puedo contar más…
¿Qué libro o autor crees que ha influido en tu narrativa?
Todos los libros, todos los autores que leí hasta ahora. Incluso, los que leo ahora, en este preciso instante.
Todos los autores con los que tengo la suerte de tropezarme cada día en este largo y tortuoso camino que es vivir en Cuba.
Unos más que otros.
Los amigos con quienes tengo la dicha, el placer de sentarme y compartir en casa, en parques, en Cafés.
La novela proyecta un futuro poco halagüeño en función de un presente desolador. Qué futuro le espera a Cuba.
Cuba siempre ha estado en un muy buen momento, que lo sepamos aprovechar o no, depende del escritor, de la sinceridad con que aborde su historia. Estamos dentro de un caldo de cultivo venenoso, propicio para contar las historias más descabelladas, porque vivir en Cuba resulta descabellado y cruel.
¿Futuro de la novela?
¿Futuro de Cuba?
Cuba goza de un momento para quitarse los grilletes impuestos por los esbirros, mercenarios de la dictadura de los Castro.
Después de lo sucedido con el Movimiento San Isidro y la sentada el 27N por artistas, escritores e intelectuales, se demostró a los dictadores que la cultura cubana, el pueblo cubano, no tienen miedo a quitarse las amarras, tirar el yugo de la opresión comunista por la borda y comenzar a andar por las sendas de la libertad y la democracia.
Todos ellos, en nombre de Cuba, han dicho alto y claro: Basta de Castros, de presidentes lacayos, ni un puesto a dedo más.
¿La novela cubana?
Quiero pensar que cuenta con buena salud al releer a los que ya he mencionado y a, Abilio Estévez, Orlando Luis Pardo, Zoé Valdés, José Hugo Fernández, Marvely Marrero, Armando de Armas, José Fernández Pequeño, Mildre Hernández, Antonio Álvarez Gil, Carmen Hernández, Félix Luis Viera, Otilio Carvajal, Rebeca Murga, Luis Alberto Pérez de Castro, René Fuentes, Marcial Gala, por solo acudir a nombres de unos pocos conocidos.
El futuro de este país, en breve, será luminoso, próspero.
Este pueblo no tiene miedo a enfrentar a la dictadura.

Cuarteto de grandes escritores: Rafael Vilches Proenza, Jorge Ángel Pérez, Rafael Alcides y Ángel Santiesteban.
¿Qué estás escribiendo ahora? ¿Cómo ves el panorama actual de la literatura cubana? ¿Qué autores recomiendas leer?
Escribo una novela donde abarco un período desde 1965 a 2017.
La mayoría de los escritores cubanos no quieren buscarse problemas, claro, hay algunas excepciones.
Pero la gran mayoría hace un silencio cómplice, solo aspiran a ser publicados, que los inviten a eventos y les paguen las lecturas. Desean ser famosos, tener una reputación, un nombre entre ellos mismos. Lamentablemente en eso se ha convertido la literatura nacional dentro de la Isla. Son tiempos de río revuelto.
Cada vez leo más obras inéditas y menos literatura contemporánea publicada en Cuba, desconfío de la mayoría de las editoriales provinciales y nacionales. Hay sus excepciones. Y tienen mi respeto, y no temo decir: Ediciones La luz y Sed de Belleza Editores.
Lo que se publica fuera de Cuba casi nunca entra a la isla. Si logra burlar la censura y la Aduana, y circular underground, no siempre llega a mis manos.
Hay muchos, y muy buenos escritores cubanos abriéndose camino con sus obras ganando Premios y publicando en importantes editoriales, periódicos y revistas fuera de Cuba. Ya nada ata al escritor que sobrevive en la isla, es una alegría no depender de las editoriales provinciales y nacionales.
Romper el cerco ha sido bueno, saludable. Hay muchos nombres establecidos, otros nuevos que se suman al maratón de escapada. Voces que alimentan una literatura nacional que se iba quedando rezagada por las trabas y el impedimento de no poder publicar en el territorio natal, mucho menos circular la obra fuera de la patria.
Escritores que recomiendo, les sumo a los ya mencionado a: Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Juan Rulfo, Reinaldo Arenas, Carlos Victorial, Guillermo Rosales, Ángel Cuadra, María Elena Cruz Varela, Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Ronaldo Menéndez, Junot Diaz, Ena Lucía Portela, Armando Añel, José Eduardo Agualusa, Luis de la Paz, Álvaro Enrigue, Yuri Herrera, Daniel Alarcón, Mariela Varona, Emerio Medina, José Alberto Velázquez, Eliecer Almaguer, Viet Thanh Nguyen, Luis Yuseff, Idolidia Darias…
Mi lista de recomendados es muy larga…
¿Cuál ha sido tu mayor fracaso en la literatura?
No ver a Cuba libre de la dictadura de los Castro, del comunismo, y por ello dejar de ver mis libros y de muchos escritores publicarse aquí. Cosa que no volveré hacer hasta que la Isla no sea libre, hasta que no derroquemos a la dictadura, a los mercenarios comunistas y a sus lacayos.
Me duele y avergüenza que Cuba no sea para todos los cubanos.
Si tuvieras que escribir un libro con otro autor, ¿a quién elegirías?
Elegiría a cualquiera de los que mencioné o a, Elvira Lindo, Jaime Bayly, Care Santos, Valeria Lusselli, Etgar Keret, Nelton Pérez, Evelio Traba, Sveja Leiber, Evelio Rosero, Otilio Carvajal, Santiago Gamboa, Amir Valle, y primero a ti.
Algo más que quieras decirnos. ¿Un deseo?
De niño soñaba con convertirme en trovador, bailador de tac, de flamenco, Director de Orquesta Sinfónica, Director de cine. Pretendí ser escritor de izquierda. Cuando supe que Mario Vargas Llosa se pasó a la derecha y rompió con Cuba, sentí un dolor inmenso, hasta descubrir que los gobiernos de izquierda son ladrones. Que cuando hablan de erradicar la pobreza, hablan de su pobreza, jamás la del pueblo al que pretende representar.
Por estos días, el Movimiento San Isidro, artistas, escritores independientes o no, jóvenes o ya consagrados, honestos, valerosos, comprometidos con su tiempo, con la libertad de la patria, se plantaron y desafiaron al régimen, hicieron una sentada el 27N frente al MINCULT para pedir un dialogo con el Ministro de Cultura que nunca apareció. Esos artistas, escritores, intelectuales, nos recordaron que somos una sola guerrilla de luz haciendo público que vale la pena volver a juntarnos para caminar codo a codo, cantar voz a voz, como en otros tiempos lo hiciéramos por la Isla, al amor, a la vida, a la patria libre. Ellos han hecho correr un grito de rebeldía, de independencia: Si tocan a un solo artista, a un solo escritor, a un solo cubano, nos tocan, nos agreden a todos: Queremos a Cuba libre.
¿Un deseo?
Librarnos de una vez y para siempre de la dictadura castrista y el comunismo.

