¿Es la poesía reflejo de un estado anímico, exteriorización de la intimidad del poeta, necesidad de compartir con otros el dolor y la alegría del diario vivir? ¿Es la poesía hija única de la inspiración, ejercicio tan vital como el respirar, manera de escapar de una realidad que golpea y deja huellas indelebles? Para Rafael Vilches Proenza (Vado del Yeso, 1965) resulta todo eso y un poco más: expresión del amor, el dicho y el acallado; canto filial y amistoso; nostalgia por lo vivido y sufrimiento por un futuro desconocido. …viene marcado por la palabra escrita con conocimiento de causa… deviene muestrario de la madurez del autor, que presentó sus armas y sus cartas credenciales en la narrativa con la novela Ángeles desamparados y en la lírica con Dura silueta, la luna, Ediciones Bayamo, 2001 y 2002, respectivamente. El verso limpio y decidido nos da de frente en una lectura de honduras y desgarramientos… para sumergirse en reflexiones muy particulares… La voz que permea estos escritos tienen resonancia universal, cuestionan la inmovilidad de ciertas estaciones o la imposibilidad de convertir los sueños en hechos… …con una dramaturgia interna que lleva la curva de interés siempre en aumento. …no hay lugar sino para el sentir estricto del alma… dando cabida a experiencias más generales, o a recuerdos de acontecimientos que acaso le tatuaron el corazón… Vilches, radicado actualmente en Holguín, ha convertido la literatura en el definitivo sentido de su existencia. A través de ella muestra su retrato más fiel, el del alma azotada por los vientos de la cotidianidad, y no obstante sencilla y noble.
Retrato en verso
Sobre su narrativa y su poesía
Carlos Manuel Pérez Ávalos