Precisan estar desnudos

Sobre la novela Ángeles desamparados

Manuel Navea Fernández


Reflejo de un estado anímico, exteriorización de la intimidad del poeta, necesidad de compartir con otros el dolor y la alegría del diario vivir. Ejercicio tan vital como el respirar, manera de escapar de una realidad que golpea y deja huellas indelebles. Resulta todo eso y un poco más: expresión del amor, el dicho y el acallado; canto filial y amistoso; nostalgia por lo vivido y sufrimiento por un futuro desconocido.   …viene marcado por la palabra escrita con conocimiento de causa… una lectura de honduras y desgarramientos… para sumergirse en reflexiones muy particulares… La voz que permea estos escritos tienen resonancia universal, cuestionan la inmovilidad de ciertas estaciones o la imposibilidad de convertir los sueños en hechos…     …con una dramaturgia interna que lleva la curva de interés siempre en aumento.    …no hay lugar sino para el sentir estricto del alma…   dando cabida a experiencias más generales, o a recuerdos de acontecimientos que acaso me tatuaron el corazón…  convirtiendo la literatura en el definitivo sentido de la existencia. A través de ella se muestra el retrato más fiel, el del alma azotada por los vientos de la cotidianidad, y no obstante sencilla y noble.

La vida se presta para muchas cosas. Los sitios recobrados por la memoria, están justo donde el ascenso hacia la solidez, le permiten al hacedor, o a quien desanda en su territorio, adueñarse de los nombres, de la poesía que nace justo cuando todos duermen. No todos sueñan. Unos piensan en los lugares y seres que poblaron el verdadero paraíso. Algunos piensan en los sucesos del día. Otros se desvelan por lo que vivirán mañana. La oscuridad es amiga de los pensamientos que vuelan libres. Los recuerdos tratan de ganar su lugar, pujan con la imaginación que quiere tejer el futuro. Y miran al cielo. Allí ven la luna, concentrada en su juego, con la hechura del decir, metamorfoseándose. Puede ser una simple silueta, pero a veces es dura. Tan dura que el hacedor no puede desprenderse de ella. La vida en sí misma es un universo difícil de apresar con un simple plumazo. Cargado de múltiples historias y personajes, de amigos y anécdotas, de toda una vida intensa…  estos ángeles precisan estar desnudos para ir vistiendo en cada paso de sus vidas la ingenuidad de sus pieles. Ángeles desamparados pudiera enmarcarse en uno de los muchos intentos por reflejar la vida escolar en las becas del país, tema más que recurrente en décadas anteriores de la narrativa cubana. Mas la beca es sólo pretexto (entiéndase espacio-tiempo que rodea, suma y transforma las criaturas que pujan contra el mundo su futura adultez) para ofrecer al lector una realidad, signada por el descarnado mundo de los adolescentes que se enfrentan solos a su propia vida.

Novela de iniciación, no sólo por constituir ópera prima en las incursiones narrativas del autor, ahora in extenso, sino por la conceptualización del tema de la misma. Iniciación de los personajes en un mundo lejano de la ingenuidad y tibieza que aparentemente han conocido. No se deja margen a dudas de las sanas influencias de sus lecturas del universo narrativo de nuestra época; los acertados elementos formales que emplea son vivo ejemplo de ello. Se destaca el uso del típico narrador omnisciente, ajeno desde el punto de vista espacial a la historia que, en determinados instantes, conduce al argumento y nos permite una visión externa de los acontecimientos narrados. Pero no queda ahí el autor, ofreciendo también un acercamiento mucho más personal al realizar mudas, en ocasiones desde el propio narrador omnisciente, aun narrador-personaje ya inmerso en el mundo de la beca, y otros tantos momentos el narrador se convierte en un ente ambiguo que, con el uso de la segunda persona (un tú cuestionador), emplaza a los personajes, los evalúa y saca a flote sus miedos y disyuntivas.

Especial destaque merece el personaje de Nelia, que junto a Bernabeu y en balance con él, se encargan de repetir y agrupar las historias personales de cada uno de los que componen la novela; la introducción feliz de un personaje (Narrador como Nelia, con un elevado nivel de caracterización sin llegar a descripciones que puedan agotar al lector, baste con las propias historias de las que también es participe), constituye uno de sus logros. Nelia es también la encargada de reforzar el nivel de persuasión de la historia principal a través de los hilos de la historia que cuenta, pues con el empleo de varios planos temporales es posible recibir, de manera vivida y cercana, la información sobre el pasado de los personajes y muchos de los sucesos que marcaron para siempre su comportamiento actual, y que se engarzan al resto de las que se cuentan y a la propia historia de Magalis y Danilo.

Imposible esforzarse a escribir sobre un grupo humano sin dejar establecido el sistema de relaciones que lo caracteriza y lo identifica precisamente como un grupo, con comunidad de intereses y vivencias. En Ángeles desamparados son varios los recursos expresivos y formales usados por el autor para llevarnos por este entramado de personajes, dentro del que subsiste, inclusive sin aparición física, pero con un peso determinante sobre los demás; el mismo curso irregular de su argumento, en el que se va y se regresa, se salta de uno a otro y luego se vuelve a encontrar en algún punto de la trama, es muestra de la intención del autor de no trazar sobre una línea recta su historia. La esfericidad de la misma se intensifica con elementos en apariencias externos e inconexos, como los autógrafos y poemas dedicados, que lejos de distanciar al lector de la acción principal, sugiere sutiles y múltiples puntos de referencia sobre las relaciones interpersonales de cada uno de los personajes, y se acercan mucho más al mundo estudiantil de la etapa adolescente.

Dentro de las relaciones a fijar en la novela con cierto nivel de indefinición o ambigüedad están las de alumnos-profesores, que se reflejan de un modo unilateral, el lado desgarrador de las mismas como significado inevitable para los alumnos, no deja un mayor enriquecimiento ni ampliación del desarrollo psicológico de algunos de los personajes. No es el caso de las relaciones padre-hijos caracterizadas dentro del ámbito de desencuentros en que se ven imbuidos estos últimos, el abandono, la carencia de afectos, la visión sobrevalorada que conlleva a las decepciones, la educación distorsionada, son los ingredientes de una diminuta bomba de tiempo que se aloja en el pecho de estos ángeles, que, en el desamparo de sus alas, intentan su propio vuelo.

 

Contar sin cuento

Quizás uno de los mayores logros de Ángeles desamparados es de unificar en un todo, historias independientes, pero de innegables confluencias, y no hablamos sólo de estilo narrativo, sino del ambiente(en)cerrado que logra construir el narrador a partir de las mismas y que pervive con total autonomía, ya sea adentrándose en una historia, como dando de lado a la otra en el momento en que ya agotó su cometido. Un narrador que se mueve en la omnisciencia y la pertenencia, que lo mismo se confunde en la noche para despertar al oído de los personajes, que pone en boca de ellos lo que pasó, pasa o pasará. Las historias de Novena, Capacho, Prema, Magalis, Nelia o Danilo son paralelas a sí mismas, y entre ellas se producen, por ósmosis de la palabra, constantes uniones y alejamientos, pero sin perder el hilo narrador: un desamparo filial, afectivo y en consecuencia emocional que convierte en ente nucleador las vidas de cada uno de ellos…

Ángeles desamparados no sólo conmueve con un despliegue técnico en función de la intención narrativa, sino que nos vence con sensibilidad asumida como un pasaje por donde resumimos nuestro mundo de una mirada.

Ángeles desamparados, en tanto propone una variante de un tema socorrido en nuestras letras, pero rico en posibilidades: la pérdida de la inocencia en un escenario igualmente recurrente y maltratado: el del mundo estudiantil.

En esta novela el toque diferenciador está en la conformación de un personaje atípico a ese mundo, quizá irreal; en la inclusión de un amplio abanico de locaciones que multiplican la voz del narrador y lanzan una lectura otra, distinta, casi corrosiva, inconforme, del tema. Darle vida a personajes y situaciones tan similares a la realidad, que es como si nos asomáramos al espejo de los cubanos nacidos a partir de 1959.

Y es que son contados los isleños de las últimas cinco décadas que no hayan pasado gran parte de su adolescencia becados en escuelas ( …) Internados que en una sesión se iba a las aulas y en la otra a la agricultura, y durante las noches podía ocurrir cualquier cosa. En esos sitios, fuera del calor hogareño y, por ende, apartados de la autoridad paterna, muchos pasamos de niños a jóvenes y de jóvenes a adultos. Allí dejamos en girones todas las inocencias y virginidades posibles, y aprendimos a defendernos de la agresividad de los demás con cada recurso al alcance de las manos. A veces el papel de agresores nos correspondió a nosotros mismos.

De eso trata Ángeles desamparados, de la fracturación de los códigos morales, éticos y espirituales de personalidades en formación. Todos llevamos esas marcas en algún rincón del alma. Marcas que con el pasar de los años han cicatrizado en muchos, pero para otros son huellas como las que dejaron en miles de cubanos (…) las guerras del África, de las que buen número no tuvo viaje de retorno y otros tantos que volvieron no han logrado liberarse de los fantasmas que los acosan.

El hecho de que entre las criaturas no aparezca una sola que abrace la fe cristiana, es lo que ofrece verdadero sentido al título del libro. Jóvenes desamparados no por Dios, (….) (sino por) Nuevos dioses paganos, creados con la premeditada intención de encadenar aún más a sus ciegos seguidores. Es el testimonio del dolor y el desarraigo en su propia tierra de una generación que fue puesta en las antípodas del conmigo o sin mí.

¿Sueño o vida real? ¿Fuel el Mijial uno de los tantos cuentos inventados, un pretexto del autor que no para de contar su vida y la de los otros? Entre estos niveles de realidad discurre la novela ofreciendo la parte más descarnada de la vida estudiantil, los momentos en que estos inmediatos adultos descubren el amor, el sexo, el odio, la felicidad; en que comienzan a cuestionarse el presente a partir del dramático cuestionamiento de su pasado; la pérdida de una inocencia (quizás ya desflorada entre las sábanas del ayer) en un ambiente para ellos de hostilidad y desamparo.