El día que cuentes mis años irás almacenando dolor a dolor las heridas los tropiezos la muerte 

Sobre el poemario El único hombre

Nuvia Estévez Machado


Merecedor del Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna en el año 2004, El único hombre es un libro que inspira sosiego, a pesar de que la honda y perdurable soledad humana abordada en la mayoría de los textos se muestra con palabras que pudieran convertirlo en golpe o hemorragia, aullido o desesperación, derrumbe de esperanzas.

Dividido en cuatro secciones (Y si los álamos, Cuando se teje el silencio, Noventainueve diecisiete e Iníciales que cantan), el poemario se afirma sobre una unidad temática sustentada de angustias existenciales. Su autor con fina sutileza entreteje emociones, y quienes lo leemos penetramos en una galería íntima donde cada obra expone de manera realista y confidencial una etapa de vida que también puede ser un día, varios años, fracciones de segundos. Quedan atrás otros sentimientos cuando prevalece el amor.

Este es un libro de AMOR por encima del dolor. Rafael Vilches Proenza aborda el tema de maneras disímiles. Hace notable la incertidumbre ante el porvenir o lo que jamás vendrá, cierta nostalgia por lo que no ha podido retener la memoria al no haberlo tenido nunca, el temor de mostrar a sus amigos no sólo la inmundicia de todo lo que muere, o las desolaciones materiales; sino una desolación espiritual que a la vez que estalla me desgarro hasta la deslealtad / disiento, se refugia y apega con ahínco a la belleza de lo que por derecho propio le pertenece: la libertad, un corazón latente, esta isla que son mis ojos atravesados por el mar. El hogar, la pérdida de la amada, el nuevo encuentro con ella y con la vida, los hijos dispersos y un padre ausente son fundamentos constantes para quien con un verso libre a plenitud hace útil la palabra precisa y la utiliza por igual exhibiendo un elevado nivel de síntesis, de depurado lenguaje Inocente pudiera parecer a primera vista su discurso cuando expresa: …yo que soy un tipo triste / canto cuando una mujer se va / y lloro al regreso de la llovizna en los cristales  o al escribir las fechas se olvidan / los amantes se suceden / pulen las mismas piedras / ciegos / se despiden.

Pero la inocencia (tan hermosa y necesaria en estos tiempos), suele confundirse con sinceridad: palabra clave, premisa y don muy especial cuando se habla de este autor, quien, desde la placidez de sus palabras, nos hace un guiño y pronuncia: No sospechan que / sostengo la mentira / soy el sagrado corazón de mi padre / heredero de lo que maldije de él / por lo que mi hijo me ha de crucificar.

Puerto Padre, febrero, 2006.