Bajo la luna, su silueta, un ángel desamparado conocido

Sobre la novela Ángeles desamparados

Omar Parada Soto


Leyendo a Carlos Manuel Pérez también pensé y escribí: La vida se presta para muchas cosas. Los sitios recobrados por la memoria, están justo donde el ascenso hacia la solidez, le permiten al hacedor, o a quien desanda en su territorio, adueñarse de los nombres, de la poesía que nace justo cuando todos duermen. No todos sueñan. Unos piensan en los lugares y seres que poblaron el verdadero paraíso.

Algunos piensan en los sucesos del día. Otros se desvelan por lo que vivirán mañana. La oscuridad es amiga de los pensamientos que vuelan libres. Los recuerdos tratan de ganar su lugar, pujan con la imaginación que quiere tejer el futuro. Y miran al cielo. Allí ven la luna, concentrada en su juego, con la hechura del decir, metamorfoseándose. Puede ser una simple silueta, pero a veces es dura. Tan dura que el hacedor no puede desprenderse de ella. Y es así amigos, que el amigo del amigo poeta, vuelve al sitio de la palabra, esta vez para presentar otro cuaderno de poesía, donde el hacedor no es otro que Rafael Vilches Proenza, que entró a la cofradía de escritores granéense publicados, gracias a la vivencia y existencia del querer, con esa entrega suya memorable que fue, es Ángeles desamparados,  que bajo el sello de Ediciones Bayamo, vio la luz…  La vida en sí misma es un universo difícil de apresar con un simple plumazo. Cargado de múltiples historias y personajes, de amigos y anécdotas, de toda una vida intensa…

Si con Ángeles desamparados  Rafael Vilches Proenza a decir de Carlos Manuel Pérez, se inscribe en la nómina de cubanos que dan vida hoy a una narrativa desprejuiciada, cuya perspectiva juega con la ruptura de métodos tradicionales y el empleo de técnicas renovadas por las corrientes posmodernistas, ahora con este libro profundiza en los predios de la concentración y el juego, la fibra transparente que le descubre tal cual es, sin tapujos y sin la sordidez vista quizás en otros pocos versos. De esa forma la propuesta impone una lectura despierta, dinámica, que va mucho más allá de las simples remembranzas, que estimula, que resulta, pues la mirada reflexiva se conjuga con su propio estilo, no convencional, no retórico, no pasivo, matizado por la recurrencia a cuanto recurso le permita acercarse a la (su) originalidad, ya demostrada, lográndolo en buena medida. Las razones se encuentran quizás en el carácter circunstancial o, presumiblemente, en la naturaleza que alcanzamos al percibir los versos de Vilches, que nos hablan de los amigos, de los vituperios de la vida. Se trata de una vivencia que no es sino esencia misma, dueña de una sensibilidad casi crepuscular, que se cuaja de manera íntegra, lo cual casi es imposible.    …para el poeta el artificio es exclusivo y excluyente, pues acuña bajo el sello de lo natural todo encierro o tratado sobre el aislamiento. Vilches no está solo, le siguen rondando demonios o ángeles, desamparados o no, duros o no, para encontrar cierto destino, nunca descubierto sin que el hacedor, en este caso y ahora, nosotros, los que corremos en pos de sus versos, tengan que volver los ojos hacia una suerte de excusa o fascinación… recordamos casi como en una lectura cinematográfica, lo virtual de la condición de estar aquí o allá, pero siempre presto a volver. Aquí está amigos esta nueva entrega de Vilches para hacernos entender, para seguir entendiendo, porque es un sonido de la mar, íntimo, que golpea el alma con su espuma tenue en el amanecer de la luz.