Colegas y coleccionista opinan

Sobre la obra de Luis Enrique Silvestre Guerra

Dossier
Por René Francisco Rodríguez / Orlando Hernández
Cristóbal Zapata / Fernanda Castilhos
François Vallée / Cynthia Taboada /Andreas Marker


Un pingüino en el arte, 2015.

Un pingüino en el arte, 2015.

René Francisco Rodríguez

Artista contemporáneo, Curador, Profesor del Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, Doctor Honoris Causa en Bellas Artes, San Francisco Art Institute.

Desde los primeros aplausos que lograron las pinturas de Kike en el ISA, (Instituto Superior de Arte) hasta la fecha podía intuirse un desenfado y una falta de obediencia a cualquier canon establecido, tendencia, apego legatario. El emprendería desde entonces un camino relajado y siempre dispuesto a liberar, a exorcizar y desertar cualquier imposición de objetividad. Su espíritu es libre de ataduras y su trabajo es difícil de encajar en nuestros compartimentos sistémicos. En sus pinturas sigue siendo él mismo su centro, ya  sin darnos aquellas pistas de sus autorretrato, y sí se estableciendo nuevos y constantes autorretratos, capaz de pensamientos que no cuajaron y que él va suplantando en otro estadío de sus procesos. Sus conclusiones de ayer se vuelven soportes prestos a borrarse con otras conclusiones de hoy, que a la vez pueden convertirse en soportes de mañana. Kike nunca da por terminada una pintura. Esta estará ahí dando vueltas en su cosmos y en su estudio hasta que alcance todas las tramas y rasguños que el acto de pintar pueda acumular.

Su facultad es la de su desbordante imaginación y esa libertad difícil de aceptar o lograr en cualquier intento de encasillarlo.

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Sin título, 2015.

Sin título, 2015.

Orlando Hernández

Escritor, Poeta, Crítico e historiador de arte, Cuba.

“La presencia de tus obras siempre estimula mi imaginación, me hace pensar en la libertad que siempre necesita no solo el arte sino la mente, el espíritu”

                                                                              Mensaje para Silvestre de Orlando Hernández

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Sin título, 2016.

Sin título, 2016.

Cristóbal Zapata

Escritor, Poeta, Editor y Curador de arte, Ecuador.

 

El mundo alucinante de Enrique Silvestre

Su especial carisma, su desbordante imaginación figurativa, su versatilidad técnica, su copiosa y variada producción, y su cubanísimo ingenio verbal para nombrar y titular sus trabajos, son algunas de las características sobresalientes de Enrique Silvestre (La Habana, 1966), cuya obra constituye uno de los secretos mejor guardados de la pintura cubana contemporánea. 

Discípulo de Flavio Garciandía y de Eduardo Ponjuán, figuras eminentes de la Generación de los 80, este hijo rebelde del “Periodo Especial” se mudó a Brasil en 1999, acarreando decenas de telas y centeneras de dibujos fruto de un poderoso impulso creativo donde se conjugan una mirada poética, onírica e irónica de su memoria y entorno natal, con una visión delirante y gozosa de su propio cuerpo, sometido un continuo ejercicio de alteridad. Todo lo cual conforma un alucinante universo plástico donde la exploración en la figura y el color llevan la voz cantante.

En esas visiones se pueden reconocer algunas filiaciones literarias y pictóricas: la relación sexual y voraz de Reynaldo Arenas con el paisaje natal, la performatividad lingüística en la escritura de Cabrera Infante o Severo Sarduy, el eros guajiro del pintor Carlos Enríquez, el extrañamiento de los objetos urbanos de Ángel Acosta León, las imágenes mordaces y goyescas de Antonia Eiriz, los expresivos óleos y aguafuertes de Umberto Peña, y, por supuesto los inquietantes collages y grabados de Belkys Ayón que recrean la mitología Abakuá, son algunos de los  referentes de la cultura cubana  que parecen alimentar o alentar el imaginario de Silvestre. Sin olvidar, algunos estilos visuales posmodernos, como la bad painting americana, el neoexpresionismo alemán, y la transvanguardia italiana con su combinación de iconografías heterogéneas.

Ese ojo ávido y omnívoro ha ido afinando gradualmente su poética, procurando mayor concisión y eficacia conceptual, hasta llegar a su flamante muestra virtual Cisnes huecos sin fronteras (lanzada a fines de 2020), una brillante alegoría de su exilio y nomadismo, y de la propia Cuba, secuestrada hace sesenta años por la “revolución jinetera”, según la precisa fórmula de Luis Almagro. Y es precisamente en un recodo de la cruel y triste historia del comunismo, donde Silvestre encontró un relato preciso para construir su fábula pictórica: en la República Democrática Alemana, durante la Guerra Fría, algunos fugitivos del régimen cruzaban el río Havel con la cabeza cubierta por un gorro de papel maché en forma de cisne para burlar la vigilancia policial; una anécdota tragicómica digna del repertorio folclórico soviético. Esta estrategia de camuflaje, propia de ciertas especies animales (tema al que casualmente Sarduy dedicó uno de sus más agudos ensayos), de algún modo replica los propios procedimientos miméticos, la estética del camuflaje que su pintura ha desplegado y que esta serie depura y capitaliza de modo ejemplar. El artista, ha inventado, además, un personaje que acompaña esta travesía clandestina: K Silvestre, un nombre de reminiscencias kafkianas, que aprovecha la inicial de su hipocorístico (Kike) y las sugestivas acepciones de su apellido, pues “Silvestre” nos remiten a la idea de libertad, de convivencia plena y pura con la naturaleza.

Así, K Silvestre no solo designa a ese animal hermoso e ingobernable de la anécdota, sino importa un guiño autobiográfico, pues, a su modo, también el artista ha cruzado las fronteras como una afirmación de libertad, y ha trabajado en silencio, con tal grado de sigilo que muchos aún no se han percatado que en un callejón perdido de Vila Madalena, el barrio bohemio y artístico de São Paulo, vive un cisne prodigioso, capaz de hundir su cabeza en las profundidades de la existencia y emerger pletórico de imágenes  y formas tan preciosas como necesarias.

Aunque este nuevo ciclo de Silvestre surge de su radical rechazo al contexto político insular, en un momento en que los estados parecen haber puesto a punto sus dispositivos de control, vigilancia y represión, su poderosa imaginería y simbolismo funciona también como una sagaz alegoría de la libertad y la movilidad humana. De allí la urgencia y pertinencia de esta obra, por si la belleza que nos trae nadando sobre las aguas enemigas o extranjeras no fuera suficiente.

                                                           Cristóbal Zapata ,Cuenca, Ecuador, enero de 2021

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Sin título. De la Serie "Lenin", 2017.

Sin título. De la Serie «Lenin», 2017.

Fernanda Castilhos

Curadora, Consultora educativa y Productora de arte, Brasil-Chile.

Como ya lo menciona el nombre, algo raro y encantador se esconde detrás de sus enigmáticas obras. Situada en el contexto del arte latinoamericano contemporáneo, su producción se basa en referencias icónicas, como Frida Khalo y los muralistas, conversando con vanguardias famosas como el surrealismo de Magrite y el constructivismo ruso, y encontrando un hogar en el arte contemporáneo brasileño.

En su atelier de São Paulo, el artista mantiene un ritmo de producción de una intensa obra pictórica, dedicándose principalmente a la pintura, pero también al dibujo, la escultura y otros lenguajes artísticos más contemporáneos como el video. La libertad con la que se mueve por diferentes lenguajes y referencias pictóricas hace crecer su obra. Entre formas, figuras y texturas, la esfinge, lo real maravilloso, el ideal roto, la decadencia de los sueños, la acumulación y el borrado, la euforia y el exilio. En sus obras, Silvestre cuenta historias de misterios, convocando sensualmente al espectador a la contemplación, dando lugar a reflejos que son a veces sombríos, a veces vívidos y divertidos, llevándonos desde la superficie del lienzo hasta la profundidad que hay en cada uno de nosotros.

En un momento tan crucial y difícil para el mundo, las obras de Silvestre nos devuelven a la ficción y la fantasía, dialogando con el pasado, juegan con el presente, abren un hueco, suspenden el tiempo e invitan a la imaginación, al juego libre.

Una vez, en una de nuestras largas conversaciones en su estudio, me encantó una sencilla resolución de Silvestre: “No sé ser otra cosa que un artista”. Entre lo espiritual y lo material, es así como el artista, invento romántico por excelencia, resignifica el mundo que lo rodea, espontáneo, orgánico, salvaje.

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"Inflación alimentaria". De la Serie: "Toda yerba es carne", 1994.

«Inflación alimentaria». De la Serie: «Toda yerba es carne», 1994.

François Vallée

Profesor, traductor, crítico y coleccionista de arte contemporáneo.

En su práctica artística, Enrique Silvestre cuestiona las categorías y las jerarquías que estructuran nuestra percepción y comprensión del mundo. Sabe, como Heidegger, que «lo oscuro es la estancia secreta de lo claro, lo oscuro conserva lo claro, se pertenecen mutuamente». Su trabajo no está sujeto a las evoluciones del gusto, al sistema de la moda, encuentra sus raíces en la propia sustancia de la vida y, como ésta, parece regenerarse automáticamente, desarrollarse y reproducirse perpetuamente en formas siempre nuevas.

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Serie "Carteles", 2019.

Serie «Carteles», 2019.

Cynthia Taboada

Curadora, Doctora en Museologia e historiadora de arte, Brasil.

Silvestre Guerra, cubano de origen y educación, desarrolla una obra cargada de subjetividad, en la que nos sumergimos para conocer no solo sus raíces artísticas, entre simbolismo y abstracción, sino también su ingenio al dialogar con la producción artística brasileña, desde su experiencia en Río de Janeiro y São Paulo durante los últimos 20 años. Especialmente la serie “Cisnes huecos sin fronteras” aquí comentada, nos lleva a los temas de la migración, vemos el desarrollo de una poética del malestar al cruzar océanos, cabezas casi sumergidas en el fondo del mar, disfrazadas por el cisne que se convierte en sombrero. Quizás una huida de escape, o de supervivencia, un chapuzón en el simbolismo de las aguas oceánicas sin fronteras y del hombre sin fronteras, en la incertidumbre de no ver nunca la tierra. Las obras de esta serie están pintadas con una extrema conciencia de los efectos pictóricos, con el dominio de las líneas, la elección de colores y formas, liberados del realismo, alimentados por el surrealismo. Una obra que impregna los ritos antropofágicos de vivir en Brasil, conviviendo con los recuerdos y vivencias estéticas de Cuba y que avanza hacia la madurez, en la imagen del hombre montado en el gran cisne, el “Príncipe Cisne” que ahora domina su propio subconsciente, acepta su nuevo lugar y establece en él la poética de su arte.

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"Ecos del veril Nº 2", 2020.

«Ecos del veril Nº 2», 2020.

Andreas Marker

Coleccionista de arte, Alemania- Brasil.

Al Sr. Silvestre, lo conocí como Kike, hace algunos años. Su manera de ser y su casa me trajeron recuerdos de mi infancia y de mi casa natal en Alemania. La vida espontánea y a veces inestable del artista la conozco, porque mi Padre también era artista plástico y escenógrafo, y así pienso yo, comprendí un poco mejor a mi amigo Kike. Es una persona intuitiva que sabe convertir historias en pinturas sobre lienzo, increíbles. Le conté sobre un hecho bastante raro y poco conocido de fugitivos de la Alemania oriental, ex RDA, atravesando el rio en Berlín en la búsqueda por la libertad, utilizando disfraces de cisnes para burlar a los “Grenzer”, los soldados ex_socialistasde la frontera entre las dos Alemanias en los años oscuros de la cortina de acero. Kike trabajó esta historia de una manera tan impresionante en lienzo como solo un artista inspirado logra hacerlo; con su  sensibilidad, su talento y su currículo de refugiado. A veces las estrellas se alinean de una manera inesperada y mágica.