Un mariachi viejo

Fragmento de la novela homónima

Félix Luis Viera

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Nuevamente ofrecemos a nuestros lectores un capítulo de la más reciente creación de uno de los maestros de las letras cubanas, el narrador y poeta Félix Luis Viera. Se trata de la novela Un mariachi viejo, aún inédita y que, como casi la totalidad de la obra de este escritor cubano, anuncia ser un éxito.

Ciudadano mexicano por naturalización, pero residente en Miami desde 2015, en 2019 se le concedió el Premio Nacional de Literatura Independiente «Gastón Baquero» por el conjunto de su obra, un premio merecido que se contrapone al silenciamiento que los comisarios culturales de La Habana han lanzado contra sus indudables aportes a la literatura cubana. Pésele a quien le pese, Félix Luis Viera, que sigue creando con excelencia sus singulares mundos poéticos y narrativos, es un referente para las letras cubanas y uno de los nombres imprescindibles en la historia de la Cultura Cubana.

Amir Valle

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC 1976, Ediciones Unión Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991) y Poemas de amor y de olvido (Editorial Capiro, Cuba, 1994). Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba, 1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas, nueva edición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras Cubanas, 1990). Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de novela, UNEAC 1987, Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (Ediciones Unión, Cuba ,1995); Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003, Editorial Eriginal Books, Miami, 2012) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997, Editorial Capiro, Cuba, 2002).

Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han publicado en antologías en Cuba y otros países. En su país natal recibió varios reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura. En Italia se le conoce por su novela Un ciervo Herido, editada con el título El trabajo os hará hombres (L’Ancora del Mediterráneo, 2008), que aborda el tema de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados supuestos desafectos a la revolución castrista, como religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros. Esta novela, con buena acogida de público y crítica, ha circulado en varios países de habla hispana y en la Florida.

En 2010, Félix Luis Viera publicó en México El corazón del rey, novela que incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista, y que expone el mundo marginal de esa época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami), publicado posteriormente en Italia por ediciones Il Flogio y merecedor de uno de los Premios “Latina en Versos”, otorgados en aquel país. Ha publicado además las novelas Un loco sí puede (2017), La sangre del tequila (2019), Traicioneras (2019) e   Irene y Teresa (2019).

 

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En los inicios del encuentro, quise dedicarle el sexo oral. Pero me pidió que ni de mí para ella ni viceversa, hasta que transcurriera un tiempo, “por favor”. Y de igual modo que me privara de, siquiera, besarle los senos; no ya lamerlos —levantados, poco más allá de la talla media y que se adivinaban macizos; pezones castaño claro jadeantes.

Estuve en la tarea casi hasta el amanecer; pifié en exceso.

“Primera vez que duermo con un hombre”, había susurrado, con la mejilla sobre mi pecho, cuando acordamos dormir luego de uno y otro descubrimiento: ella el sexo con varón; yo el sexo de ella.  Antes se había quejado, con insistencia, de la entrepierna adolorida.

Me había mostrado la sábana con las manchas. Pero yo alejé la vista mientras le pedía que me disculpara; esa era una sangre incomprensible, rastrera.

No conseguí dormir. Mas disfruté todo ese tiempo de su aliento; su barbilla en mi pecho; sus murmullos de dormida; su mejilla contra mi hombro; mi torso tomado por su brazo; uno y otro de sus muslos recargados en los míos. Su galanura adosada a mi cuerpo.  [A la par, dediqué ese intervalo a divagar. El tema recurrente: ¿Nada tiene sentido? ¿No lo tiene la reciente desfloración de Érika? ¿O su virginidad hasta hace un rato? ¿O la lámpara de noche cuya luz parece latir, más que alumbrar? Toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son, avisó el maestro Calderón de la Barca, allá, lejos, en España, en 1635; y más de 300 años después, sin tener —según consta— noticia de lo sentenciado por el español, el maestro cubano Arsenio Rodríguez, de algún modo descendiente, nacido al mundo gracias al arribo de los compatriotas de aquel, dejaría dicho: Hay que vivir el momento feliz/ hay que gozar lo que puedas gozar / porque sacando la cuenta en total / la vida es un sueño y todo se va.

¿Acaso será justo pasar por la misma línea a un campeón de las Bellas Letras con el negrito ciego, juguetón, con sangre de congolés, picador de tantas piezas de la jodedera cubana, más extraordinario olfato para obviar el pentagrama hasta ir a dar con la melodía justa? ¿Ah, la vida, en tanto que sueño, no existe? Así, ¿tiene sentido que yo me halle en esta habitación, arropado con el calor del pubis humedecido de Érika?, ¿arropado mediante el calor de su sexo aún sangrante? ¿A quién habrá de importarle dentro de cien, mil años lo que acaba de ocurrir, lo que está ocurriendo en esta habitación de hotel?, ¿pero quiénes de entonces habrán de saberlo, si sobre temas tan baladíes no deberán tener noticias ni siquiera mediante esa raza maga del oportunismo: los arqueólogos? ¿“Vivir el momento feliz”? ¿“Gozar lo que puedas gozar”? ¿Y qué consigo Para Luego si es que he vivido, gozado ese, este momento?, ¿como si ello me disculpara, me absolviera, me inmunizara, me eximiera de Algo que tendría sentido luego de terminar el Sueño?, ¿Y si vivo el momento antónimo: el de la amargura, la angustia, la tristeza, acaso, igual, consigo alguna validez Para Luego, cuando termine la vida es sueño/ y los sueños, sueños son? ¿Pero tendrá sentido, en suma, que continuemos fecundando para derramar en esta tierra a unos pobres seres que, luego de puestos aquí, por otros a los que ellos no les pidieron que los trajeran, cuenten solamente con la opción de vivir el Sueño, “vivir el momento feliz”, o el contrario, nomás? ¿El Sueño Individual, la vida de un ser humano…, un chispazo ni siquiera visible precedido por una incalculable oscuridad, sucedido por una oscuridad infinita?

Cuando entramos en el ascensor sentí el primer vahído; pero decidí no alarmarla. El siguiente cuando entregaba la llave en la recepción. Miré a la cara de la recepcionista; sus contornos se esfumaban. Valoré tomar aliento sentado en una de las butacas; pero el tiempo no nos sobraba: ella había prometido a sus padres estar, a las dos, para la comida, allá, tan lejos, en Milpa Alta; aproximadamente a la misma hora yo debía presentarme en el periódico, según el mensaje de texto que había recibido en mi celular hacía una hora aproximadamente. Así que debíamos movernos. La claridad del sol dominical parecía hallarse por completo en esa cuadra de la avenida Revolución. Sentí que me recuperaba. Cuando bajaba el segundo escalón, el piso se me movió, me fui contra Érika.