El tedio es un tejido gris y cálido revestido por dentro
con el paño de seda más coloreado y más ardiente.
En él nos envolvemos al soñar.
(Walter Benjamin)
Minimalismo, en su acepción más simple, es la tendencia a reducir a lo esencial, a despojar de elementos sobrantes. La poesía de Giovanni Astengo se funda en esta pulsión higienizadora del lenguaje: raya, tarja, poda el verso hasta que emerja sutil, ligero y transparente. (dime de qué color palidece la tarde/ y que escrito tarjarás para siempre) Es en este sentido que justificaremos el nombre Balandra, de su último libro. Balandra es un barco, o casi un barco, o la metonimia de un barco, una especie de Sinécdoque, por usar una figura literaria que permita asir el todo convocando solo una parte, esa tendencia economizadora del leguaje que permite que expresemos que se acercan 3 velas para referir en realidad que se acercan 3 barcos. Balandra es una embarcación pequeña, que consta solo de una cubierta y un único palo. Es, en su género, la embarcación más ligera. Su simplicidad es tal que la encontramos con todo detalle en los dibujos de niños y niñas que se apresuran a representar en una hoja en blanco un barco. Simple, sutil, ligero, pero también evocador, lleno de misterios. Así es la poesía de Giovanni, una poesía de la contemplación, una acumulación permanente de asombros. Un coleccionista de cosas que desaparecen.
Ya sabes que la cruz del sur nos vigila
Cuando la ciudad nos abandona
Y los bares ya cerraron.
Estamos en el litoral frente al mar
Y solo permanece
Lo que escribí con los pies en la arena
En la poesía de Giovanni solo permanece aquello que está destinado a desaparecer, lo que adelanta que el minimalismo al que referimos está lejos de ser una mera pretensión estética. No se consigue tan solo con la acción de tarjar durante el proceso de escritura. El despojo es anterior. La vida misma es el campo donde trabaja el tarjador. El asceta se ha desprendido de todo aquello que no es esencial para ser guiado solo por el asombro. Ahí donde otros aceleran el paso, Giovanni ralentiza la vida misma, reduce la velocidad para descifrar el mensaje suspendido en las nubes. Todo gesto, toda malicia, todo asombro no es perceptible en la velocidad frenética de nuestros días. Walter Benjamin definía al aburrimiento profundo como “el pájaro de sueño que encuba el huevo de la experiencia”. Planteaba que quien se aburre al caminar con poca tolerancia al hastío, acelerará el paso o se apresurará a buscar una y otra actividad. Sin embargo, en el mismo ejercicio de caminar, quien posea mayor tolerancia para el aburrimiento, podrá inventar un movimiento completamente nuevo. Danzar o caminar como si se estuviera flotando constituyen una creación humana. Correr no es una creación, es solo caminar de manera acelerada. Giovanni ha descubierto la experiencia de detenerse. Sabe que la brevedad de un instante puede contener la totalidad del tiempo.
Como en cuadro de Chagal
Pienso en esas dunas de la infancia
Es el verano de 1986
Es la huida de los pájaros
De aquí hasta el mar
Balandra no es un libro mar adentro, el hablante se sitúa en el litoral hipnotizado por el incesante ir y venir de las olas. El mar es el canal incierto donde se arrojan los mensajes, las balandras, los poemas. El mar es el tiempo que se extiende infinito. Origen y destino. “el tiempo que ha perdido todos sus relojes”. El poeta, eterno transeúnte de las orillas se relaciona con ese mar que conecta todos los instantes. Insisto en la ralentización del tiempo, lo que permite al poeta una configuración particular de tiempo y espacio. La cruz del sur y la arena como dos símbolos. Las estrellas que representan lo que aconteció hace miles de años y lo es escrito en la arena que hace alusión a lo que dejará de ser, dos extremos que se conjugan en un mismo tiempo poético.
Giovanni ha tomado una decisión: detenerse. Moverse imperceptiblemente entre nosotros, desafiando las exigencias de la época del rendimiento y la autoexplotación, donde la contemplación ha sido reemplazada por la exposición, el espectáculo. Nada en Balandra es espectacular. Quizás eso explique que el primer poema sea el ejercicio del tarjador. Porque es importantísimo destacar aquello que el poeta ha dejado fuera. No hay grandilocuencia, ni acontecimientos decisivos, ni máximas coleccionables. Hay caminos extraviados mirándose en un espejo. Hay señales furtivas que conectan lo que ya sucedió con lo que va a desaparecer. Lo que Giovanni quiere compartir con nosotros es su aburrimiento profundo, el hastío convertido en oficio, en fuerza creadora. Persiste en detenerse, en girar los ojos, en acercarse manteniendo la distancia, persiste en no ocuparse. Lo mágico de su poesía es que parece no estar sostenida, entre la arena y el firmamento no hay realmente elementos para construir, o parecen insuficientes. Su poesía flota y se desvanece. Tal vez su propia injusticia es la simpleza. Solo los que escribimos poesía sabemos lo difícil de ese efecto, su injusticia es hacerlo parecer simple. Sabemos que se requieren años de distracción, de ascético despojo.
El pensador coreano-alemán, Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio plantea que el aburrimiento profundo ha sido reemplazado por la comunidad activa, esa que se esfuerza por hacer, por rendir y no por escuchar. Plantea que la capacidad contemplativa no se halla necesariamente ligada al ser imperecedero. Si no que justo lo flotante, lo poco llamativo y lo volátil se revelan solo ante una atención profunda y contemplativa. En ese mismo texto, nos recuerda que Cézanne habría aseverado alguna vez que podía ver el olor de las cosas.
Mi idea, con respecto a la poesía de Balandra en particular, y a la poesía de Giovanni es que el gesto de detenerse, de volver la poesía a su origen contemplativo, lo deja fuera de este tiempo. Pues este tiempo se caracteriza por la fractura de la experiencia, por la urgencia del hacer, por la tiranía del rendimiento, por estar incansablemente poniéndose a prueba y midiendo la fuerza. Sin embargo, y sobre todo por eso, es que es atingente detenerse. La contemplación es la rebeldía de nuestra época. Cuando Marx aseguraba que las revoluciones eran la locomotora de la historia. Benjamin respondía que tal vez la revolución se producía cuando la humanidad que viajaba en ese tren tiraba del freno de mano.
Giovanni ha tomado una decisión y sabemos que no se moverá un ápice. Su oficio es desaparecer en los espejos de los bares de Chile.
