Colegas, coleccionistas y amigos opinan

Por Bruce Waldman, Ximo Sánchez, Maeva Peraza y Yenny Hernández Valdés


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Bruce Waldman. Coleccionista, Pensilvania USA

Antonio (Tony) Espinosa es ese artista, uno entre mil, técnicamente superior.  Muchos artistas tienen el reto de crear realismo, mientras que el trabajo de Espinosa supera el realismo fotográfico, que ha dominado tanto en acrílico como monocromáticamente con lápiz.

Siempre he dicho que las acciones hablan más que las palabras.  Coleccionando arte cubano desde hace más de 30 años, manejo más de 600 piezas de arte cubano de más de 100 artistas.

De todas estas elecciones, mi esposa ha seleccionado cuatro obras de Antonio Espinosa para nuestra pequeña colección doméstica de 20 piezas.  Su arte te hace sentir tranquilo y en paz con el mundo.  Ya sea un mar de ondas u olas, o un mar de deliciosas barras de caramelo, sólo quieres extender la mano y agarrar para disfrutar de una.

Cuando Espinosa se sumerge en su trabajo con un 300% de compromiso, puedes echar un pequeño vistazo a su vida personal. Está metido de lleno, disfruta y vive cada día al máximo, pero sin prisas.  Se toma su tiempo para incluir cada detalle minucioso en su arte.  Espinosa es paciente con sus amigos y su familia, y disfruta de cada minuto de vida.

Además de la calma y la tranquilidad que mi mujer obtiene de su arte, me gustaría añadir que su arte es feliz.  Lo cual es una calma en la tormenta del arte conceptual con eventos y colores que chocan entre sí y que luchan con fuerza por hacer una declaración.  El arte de Antonio Espinosa es a la vez una declaración y un lugar seguro para las próximas décadas.

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Ximo Sánchez, Editor y Director CdeCuba Art Magazine

A mi juicio, Antonio Espinosa Fruto (Manzanillo, 1974) es un artista capital en la actual escena del arte contemporáneo en Cuba. Desde el virtuosismo y la belleza de sus obras, nos hace reflexionar sobre diversos temas de corte político-social y de cuestionamientos del arte mismo.

La calidad de su obra, y la calidez de su persona, nos ha llevado a establecer vínculos muy importantes en diferentes proyectos en CdeCuba Art Magazine, por ejemplo, es portada de la  edición No.29 con un paisaje marino de factura hiperrealista,  realizado  con  un  minucioso  dibujo  a  grafito,  también  se  han  publicado dos reportajes con textos de Yenny Hernández Valdés y  Modesto Díaz Serpa.

Antonio Espinosa emplea tanto la pintura, el dibujo, la fotografía y la instalación, para transmitir sentimientos y preocupaciones sobre lo que condiciona a los cubanos. El mar, el agua por todas partes, destaca como un motivo particularmente relevante en su obra, como ícono de la identidad nacional cubana. También destacan sus paisajes, que van más allá de la mera contemplación, se mueven en unos niveles comunicativos, de tipo conceptual; por ejemplo, sus palabras (Isla, País, Nación, Revolución) construidas con sellos y medallas, donde utiliza el signo lingüístico de forma dual, por su significación y como elemento gráfico. Indudablemente, el de Espinosa es un discurso auténtico que enriquece la poética y la visualidad del arte cubano contemporáneo.

http://antonio-espinosa.com/

http://cdecubaartmagazine.com/es/cdecuba-art-magazine-no-29-revista-de-arte-cubano/

http://cdecubaartmagazine.com/es/antonio-espinosa-2/

http://cdecubaartmagazine.com/es/antonio-espinosa-artista-arte-cubano-contemporaneo/

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Maeva Peraza. Crítica y curadora de arte

Casi siempre el paisaje, en el panorama visual cubano de la contemporaneidad, ha sido visto con una nota de edulcoración, un sentido idílico que escapa de la realidad circundante. Dicha tradición recibe las influencias de nuestros conocidos paisajistas decimonónicos o de uno de los pintores de mayor reconocimiento internacional y bonanza en los mercados foráneos: Tomás Sánchez. Pero cuando un paisajista mantiene su constancia creativa y la explora desde significados y evocaciones disímiles, dicha vertiente deja de ser un fin en sí misma para convertirse en un pretexto que no solo busca la mirada, sino también crear un orden de las asociaciones mucho mayor.

Antonio es un sujeto heterodoxo, con una formación intelectual sólida y un conocimiento del ámbito visual internacional que ha influido y desarrollado un criterio técnico y compositivo ostensible en sus obras. Lo anterior, unido a su inquietud por temas diversos como la Historia y sus variaciones, la pérdida o revalorización de los significados de los símbolos de poder y nacionalidad, y el gusto por orientar al espectador hacia nuevas interpretaciones, han hecho que su trabajo haya evolucionado del paisaje – sin abandonarlo como medio sofisticado de comunicación- hacia tópicos y metodologías donde priman cuestionamientos existenciales, interrogantes sobre la pertinencia política de una nación o la caducidad de una ideología. De este modo cada pieza es concebida como un estudio, no solo inmerso en los valores visuales, sino además en el entrono cambiante y convulso que lo rodea.

Los paisajes de Espinosa constituyen verdaderos llamados a la emoción, pues el artista en sus búsquedas descubrió que el color no era el detonante de la aprehensión sentimental, sino el sentido de amplitud que adquiere la obra de arte y su posibilidad de comunicar un mensaje donde la vista repose dentro del cuadro mismo, donde sea posible conmover a través de una documentación magnánima. Excluyó de sus recreaciones la figura humana, pues concibe que la naturaleza esconde también una complejidad psicológica semejante a la de Ser. Sus paisajes expresan una atemporalidad que los hace propicios para cualquier percepción.

Él es dueño de las disposiciones externas y las maneja cuidadosamente, ocultando los secretos que situarían sus trabajos en un marco cronotópico, invitando al espectador a inmiscuirse en el universo creativo, subyugado por el poder de comunicación de la obra en sí misma.

En otra vertiente de su obra, articula los discursos políticos y los extrae de su circunstancia, haciendo evidente la fragilidad de las ideologías y su susceptibilidad al equívoco.  Así, por ejemplo, en la serie “Paisajes ideológicos cubanos”, Espinosa recicla y recopila la estética del cartel, donde aboga por reducir la arenga al régimen que yace en el mismo y señalar sus potenciales comerciales que han primado en su uso original. Rebaja su solemnidad incluyéndoles a las piezas rectángulos de color, concediendo una cierta comicidad, ridiculizando el aspecto estadista de estos paisajes. Continuando con esta estética, en la serie “El peso de la sangre”, utiliza otra incidencia cromática creando otras interpretaciones, en el que incluye la corporización de las ideologías y el trasfondo pop de una mediatización dual.

En otros trabajos, Espinosa examina la macrohistoria y sus fuentes de tensión, empleando para estas fabulaciones objetos disímiles que desde su funcionalidad y representación, transgreden su semántica habitual para reflejar un tránsito lleno de matices críticos donde los objetos relatan, explican a partir de su propio significante y aportan historicidad desde su subversión. Pertenece a este período el tríptico “Sujeto Colectivo””, que ilustra la intención de hablar desde lo “otro”, donde a partir de la visibilización y la multiplicidad, se muestra una consecución de estados psicológicos en los que el ser humano anula su individualidad para sumirse en una entropía comunicativa.

En su serie “Estudio para un jardín paulista”, es destacable la influencia del diseño que tanto a subyugado a Espinosa en sus diversos períodos creativos, donde es ostensible la influencia de Mondrian en la síntesis geométrica, potenciando ángulos rectos y líneas propias de la abstracción, aunque la fragilidad de las flores que conforman estos paneles relaja la tensión visual. Antonio amplia así su abanico creativo, potenciando obras que pasan de lo figurativo a lo conceptual y a lo instalativo.

Reciente interés de Espinosa son los paisajes marinos, que continúan bajo la misma equidad visual de su obra paisajística anterior. Concibe estos trabajos desde la paridad de los tonos grises, y logra captar en ellos la inmensidad del mar, por otro lado, expresa el cielo y el mar como dos mitades paralelas que marcan un dramatismo individual en cada trabajo. Casi siempre presenciamos documentaciones del amanecer o la puesta del sol, logradas con una técnica que se aleja de la degradación cromática para privilegiar la superposición y la yuxtaposición de diversos tonos, dando volumen y movilidad a las obras. Estas obras crean espacios surreales por su perfección, ya que el artista asume la complejidad de la naturaleza y mantiene un íntimo diálogo con ella, son concebidas desde la evocación; el artista entiende que el paisaje comunica más allá de su cualidad retiniana, por ello su obra ha evolucionado hacia grandes paisajes marinos que implementan una simbología peculiar.

En la serie “Aguas territoriales”, en la que ya desde el título asume el espacio como conciencia, como estatus mental, las imágenes recrean una metafísica visual, donde en última instancia los límites de lo que entendemos como territorio o propiedad parecen desdibujarse; todo naufraga en la grisura de esas aguas, tan reales que parecen advertir el diluvio, el destino último de toda una nación.

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Yenny Hernández Valdés. Investigadora, crítica, curadora y gestora cultural. Licenciada y Máster en Historia del Arte.

La grisura de sus marinas la encontramos también en las sombras que conforman su serie “Fragmentos de una ciudad pintoresca”, una versión contemporánea, acromática y mordaz del Álbum pintoresco de la Isla de Cuba, del grabador francés Federico Mialhe.

 Se advierte en estas piezas la conjugación de un halo fotográfico y la perfección del hiperrealismo. Es un artista quisquilloso con la terminación de la obra, con desbordar el detallismo exquisito de los espacios que representa. Tener la posibilidad de hurgar con lupa en estos trazos y sombreados nos dejaría boquiabiertos, gracias a su soberbia capacidad que tiene para dibujar la emoción, la posibilidad, le tensión y la atemporalidad de los entornos.

Antonio revisita e incorpora en estas obras el detalle de los nombres de las calles, al igual que Mialhe en su álbum. Pero no lo hace de manera gratuita; hay una intencionalidad en que nos detengamos en el discurso visual y textual de las intersecciones de calles que representa. Virtudes esq. Perseverancia, Gloria esq. Economía, Misión esq. Milicias, son ejemplos de estas confluencias urbanas que nos hacen reflexionar sobre interpretaciones asentadas en una nación construida a base de discursos vagos, cuyo rasero histórico se percibe en estas obras desde el encuentro o el choque de puntos de vistas opuestos, surreales y hasta ridículos.

Espinosa, es sin dudas, un artista maduro que no maquilla sus influencias ni sus experiencias en el arte. Por el contrario, se enorgullece de ventilar aquellos otros artistas de los que ha bebido, con los que se identifica, de los que ha hecho reinterpretaciones plásticas, así como con los que no tiene un ápice en común pero cuya labor creativa es un gusto conocer. Antonio es un sujeto receptivo y crítico, con una formación artística e intelectual envidiable, sólida y que comparte con una facilidad de palabra que escasos artistas dominan. Todo ello ha influido y desarrollado en él un criterio y ejercicio técnico, compositivo y conceptual meritorio. Es una artista que, aun después de veinte años madurando la técnica del dibujo en blanco y negro, continúa avivando en el espectador la degustación retiniana y la reflexión social de la ISLA, PAIS, NACION de la que somos participes.