Territorios
Alfredo Jesús Sánchez
Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 2021
Es esta la cuarta entrega de Alfredo Jesús Sánchez Rodríguez (1959), quien editara su primer poemario, Resumen de amor y vida, en 2017. Cantautor, coordinador de la revista “Manxa” y activo animador cultural, el poeta manchego ha trazado una íntima cartografía en donde cobijar la pulsión de su vitalismo.
Divido en cuatro apartados, “Impromptu”, “Efecto Doppler”, “Mar” y “Coda”, su verso se torna unívoco al hilo de un firme propósito: hacer del amor y de la mar un espacio confortador, fraternal. Pero claro que detrás del gozo está la ausencia, detrás del canto está el silencio, y, por eso, el sujeto poético es consciente de que, en ocasiones, hay que vivirse desde la memoria, desde el vértigo que dicta el silencio de la contemplación: “Tengo un rastro de sal/ junto a los ojos,/ en el cauce por donde bajan/ los dolores (…) Sólo sé que esta mañana/ me he visto en el espejo/ el blancor delicado -como musgo-/ del salitre,/ pidiéndome que le contara/ a qué parte del corazón responde/ porque él ya no lo recuerda”.
Hay en estos poemas un halo de luz que se entraña en la ontología de nuestro mismo universo, que nos lleva de la mano hasta la máscara y el horizonte humanos, hasta la verdad y la sangre que anidan en las almas. Alfredo Jesús Sánchez Rodríguez sabe cómo llevar al lector hasta las estancias interiores por donde traza su conciencia y por donde esparce sus vívidos sentimientos: “Embelesado,/ solo/ -a la deriva-/ pierdo los ojos/ buscando todavía una razón/ que pueda sujetarme/ antes del cieno,/ ahora que soporto/ -tizne de ceguera-/ mi segundo vacío”.
Consciente de que la voz que modula estos textos es álgebra y origen de su conocimiento, el poeta no se ofusca en la realidad que lo circunda, sino que extiende sus cinco sentidos para ungir con su verso todo lo que es ulterior existencia.
Escribe Federico Gallego Ripoll en su revelador prefacio que este libro “constituye su propio calendario y va ubicando cada poema allí donde la verosimilitud de la escritura precisa hallarlo”. Y no le falta razón, pues en estas páginas late con fuerza la honestidad y las virtudes de un escritor que conoce sólidamente los dones de la poesía: “Todo mi yo ceñido/ como un nudo de vida/ en al fuerza terrena de tus manos,/ en el agua, en la luz/ en el tacto propicio, en el refugio,/ en la matraz del mundo de tus manos”.