Jorge L. Legrá (Baracoa, Cuba, 1970) Licenciado en Educación Artística en 1996 y egresado del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” en 2004. Desde 2001 es miembro del Grupo Literario Café Bonaparte y desde 2015, de la Sociedad Cultural José Martí. Entre sus galardones literarios destaca el Premio Oriente de Poesía “José Manuel Poveda” 2017 con el libro Un cadáver ideal. Ha publicado los poemarios Oración del que traicionan (poesía, Ediciones Santiago, 2004), Rumor de higuera (poesía, Ediciones Santiago, 2006) y Un Cadáver Ideal (Editorial Oriente, 2017).
–***–
(Sujeto, es decir, sujeto)
Una viruta azul en el café me detiene
y pienso la maldita noche en que llegaron a decir
tu padre de hoy no pasa.
Algo, un vicio en la voluntad, no sé, algo se afirmó.
Mi padre fue un parcho en la negrura social
no alteró nada.
Ahora levanto el café
lo aproximo para escudriñar una mota azul en la negrura.
Me acorralan voces que sintetizan mi soledad
tumultos aislando cualquier síntoma de pertenencia
pero bebo sin esa emancipación
en la mano que repite el recorrido
con que Anselmo ejerce su dominio
aún después de muerto.
–***–
(Posición totalmente vacía)
No me gusta esta izquierda radical con una ira
moralista y con una posición totalmente vacía.
Slavoj Žižek
La cabeza rebotó solo una vez. Se puede pensar en cualquier cosa menos en la cabeza acabada de cortar que golpea el suelo
con un ruido pastoso, casi
gramatical.
La habían exhibido,
balanceante,
por los pelos.
La sangre continua y fuerte como un brazo púrpura apoyado
al suelo. En movimiento la cabeza traza su propio surco,
una figura detrás y
otra figura que aún no se bosqueja, pero espera también
su sangre.
Cortar cabezas es el fundamento y el plan.
Primero: la cabeza solo resiste desde el fino hilillo de carne desencajada.
Segundo: la palabra se mueve de tribuna en tribuna, convenciéndonos,
desencajándonos del suelo. Tercero: la sangre encharcada sin retorno y sin paradero
es ya una construcción inexpugnable.
La cabeza que rueda sostiene a patadas su movimiento, hay que jugar con sigilo para no perderla. Un golpe y el ojo se desprende glorioso de su cuenco,
otro y un humor ámbar chorrea sobre la polvareda.
Ni gremio, ni partido, que detenga ese paso. La cabeza es el surco,
la cabeza
es la próxima patada que se espera.
–***–
(Lo humano)
En el piso gris de cemento el cuello torcido del pato reprime
mis palabras.
Con el ojo abierto dice tú, con extraño empuje, tú eres la muerte
y no la mano que tuerce el cuello e impone cotos. Tú, Anselmo,
eres la muerte, y el ojo del pato detalla esa unidad purísima en la sangre que se desparrama (dato caprichoso, despoja la expresión que pretende incluirme).
El ojo mundi de pato, ojo crispado, retenido en alguna ruta indócil, insiste, tú eres la muerte, y no se refiere a la torcedura rabiosa que detuvo el albedrío de su mirada. Tú eres la muerte y su necesidad, dice, el tiempo que pesa un cuello
descoyuntado.
–***–
(Doméstico significa leal)
Casa que te pudres sigilosa
portas el vigor para la ruina en lo más secreto,
tomas lo mío y lo devuelves tiernamente
a lo que no se dice. Nadie reconoce tu ambigüedad
de puerta acomodada contra el cráneo para evitar
el crujido subiendo irreverente,
nocturno,
normal.
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(Las otras fuerzas)
El bulto frente a mi hermana.
«¿La autopsia?»
Intento violentar el espacio entre sus ojos y el cadáver
ante la frigidez del que pregunta
con el ojo crudo e insistente en otra perspectiva
más intensa que el dolor.
La noche caía inhumana por mi mejilla y dije
no te detengas en el cuerpo y mira, hermana, ese ojo
que ya comienza a podrirse extendido en el bisturí
penetra la mente y desangra bultos de sentidos
peste si lo pensamos.
El grito de mi madre es grande como un cadáver
y sigo sin entender
el flujo viscoso que gotea.
«¿La autopsia?»
La calma insinuada porque no hay otra perspectiva.
–***–
(Presentir la blasfemia)
Algo me separa
la máquina desarreglada en mi mayor intimidad.
No son los cercos que nombran y desnombran la isla
es la palabra reiterada hasta el tropiezo
el amén ritual
tocororo ondeante entre licor y silencio.
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