INTRODUCCIÓN
En los filmes analizados en los ensayos Buñuel in memoriam y Cine Latino de Humor Negro, así como en la presente serie de artículos A través del espejo Volumen II (1), nos hemos referido en varias oportunidades al cine español de la era franquista (1936-1976).
Ha quedado como una asignatura pendiente de examen, escribir una sección sobre filmes que encajen en esa perspectiva en conjunto y no solo como películas aisladas de directores como Buñuel, Saura, Berlanga o de la Iglesia.
Llegó el momento de saldar la deuda crítica con los lectores y dedicar la siguiente media docena de artículos al cine de la era franquista.
Los nuevos filmes que se añadirán -de los directores antes mencionados y de otros- de las décadas de 1940-1980, completaran la visión de la etapa más trágica de la historia española contemporánea, casi medio siglo en el que la figura del caudillo Francisco Franco, presente de cuerpo o como referente en palabras o imágenes, gravitó ominosamente sobre las conciencias de millones de españoles como un icono susceptible de adoración, un retrato que provoca rechazo o un muñeco de feria que mueve a risa.
CINE Y POLÍTICA
El primer filme por analizar será uno doblemente histórico: (1) se produjo en 1942 en el apogeo del franquismo y no después (décadas del 60, 70 y 80) cuando Franco devino blanco favorito de las críticas y de la mirada retro de varias generaciones de la intelectualidad española amordazadas por la censura durante décadas (2) el guion fue escrito por un tal por cual, un desconocido de siempre que, poco tiempo después, se sabría, ocultaba el nombre del Innombrable Francisco Franco tras el anodino y anónimo de Jaime de Andrade (2).
En este punto del interés por el cine, confluye el ideario de otros dictadores europeos contemporáneos de Franco que se involucraron en profundidad, en bandos opuestos, en el conflicto de la Guerra Civil Española: el alemán Adolf Hitler y el ruso-soviético Yosef Stalin.
Los tres, durante sus respectivos reinados de terror, mostraron predilecciones y debilidades por el cine, no solo como simples espectadores sino coincidiendo su interés en un rasgo fundamental: hacer política por medio del cine, o lo que es igual, considerar que en determinadas circunstancias vale más el poder de adoctrinamiento ideológico del cine para las masas que sus valores estéticos para una élite de espectadores de las cinematecas y críticos de revistas especializadas.
De los tres dictadores mencionados que a su vez engendraron movimientos políticos basados en sus teorías (Hitler el nazismo, Stalin el marxismo-leninismo- estalinismo y Franco el falangismo) solo Franco se atrevió a incursionar directamente en el cine como creador mientras que los dos restantes se limitaban a mirar a la distancia los filmes que estimaban más valiosos para su ideario político: Hitler los documentales Triumph des Will y Olympia, dirigidos por la estrella fílmica del III Reich, Leni Riefensthal y Stalin Potemkin y Iván el Terrible, de Serguei Eisenstein.
Pero, dicho sea de antemano, el directo involucramiento de Franco en el cine, si bien de gran interés anecdótico e histórico, en la práctica fue un mediocre acercamiento a la pantalla con la intención precisa de exaltar a la dictadura y a la personalidad del Caudillo y denostar a sus oponentes, los rojillos de todos los matices partidarios de la Segunda República Española.
Fue también, además, en toda la línea, un reforzamiento a través de los diálogos del filme de la unidad de principios políticos del franquismo y de la religiosidad católica yuxtapuestos en las imágenes a las consignas orales: ¡Arriba España! y “Dios, Patria y Familia” (3).
¿RAZA O ESPÍRITU DE UNA RAZA?
El filme tiene otro raro mérito: fue realizado con empleo de un guion (Raza) escrito por Franco en 1942 y censurado por el propio Franco (Espíritu de una raza) en privado ocho años después, en 1950, aunque públicamente hayan sido otras las razones que se expusieron para realizar los cambios.

Raza fue dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, primo de Miguel Primo de Rivera, fundador de la Falange.
Como explicación a los cortes de la censura de 1950 (unos 10 minutos), se dijo que se reformularía la versión anterior porque existía un clima político mundial diferente, y la película debía ser más presentable.
Desde el punto de vista técnico, la excusa aducida fue que se quería (re) sincronizar una nueva sonorización, cosa que se hizo, pero, además, de paso, se cambiaron líneas del guion e, incluso, se eliminaron secuencias.
Evidentemente, el perfeccionismo técnico escondía razones de carácter ideológico de (re) escritura de la historia o de lavado de imagen pública que suelen ser propias de los regímenes autoritarios cuando, al pasar cierto tiempo, tratan crítica o autocríticamente de realizar una revaluación de su pasado de cara al futuro.
¿Cómo se explica que junto con los ajustes técnicos del sonido se trató de destruir todas las copias existentes de la primera versión, a la que se acabó dando por perdida?
Más aún: se creyó o se le hizo creer de buena fe a la opinión pública que Espíritu de una raza no era más que Raza, pero con una sonorización diferente.
En lo político, se cortaron muchas de aquellas escenas que exaltaban el valor patriótico de los españoles frente a los yanquis en la batalla naval de Santiago de Cuba.
Ahora, a principios de los años 50 del siglo XX, tras finalizar la II Guerra Mundial, los norteamericanos no eran tan imperialistas y malvados como lucían medio siglo antes, en 1898.
Retornaban las inversiones norteamericanas a España al amparo del Plan Marshall de remodelación de la Europa de posguerra y no era el momento propicio de reiterar la vieja consigna antimperialista de ¡Gringos go home! sino de sonreír y decir amablemente: Bienvenido, Míster Marshall.
En lo ideológico, la nueva versión de Espíritu de una raza dejó fuera algunas referencias a las bondades de la Falange y a la perversidad de la masonería internacional presentes en la anterior versión de Raza.
Y también, last but not least, se eliminaron escenas en las cuales los protagonistas practicaban el saludo fascista con los brazos y las palmas de las manos extendidas al grito unánime de ¡Arriba España
PRODUCCIÓN Y RODAJE
El filme Raza, como era de esperar, al estar Franco directamente involucrado en su realización, gozó de un presupuesto, conjunto de actores y recursos técnicos muy superiores a la media de la producción de filmes de estudios españoles de la década del 40.
De inicio, el rodaje de la película estuvo patrocinado por el estado español a través de la Cancillería del Consejo de la Hispanidad.
La filmación empezó en agosto de 1941 y finalizó en enero de 1942. Durante esos 5 meses en jornadas agotadoras de hasta 16 horas de trabajo al día, se realizaron casi 2,500 horas de rodaje, se gastaron 45,000 pies de película de los cuales, finalmente, solo 1 de cada 15 resultó de utilidad.
El presupuesto invertido en el filme se elevó a la suma de 1. 650, 000 pesetas. Se emplearon 50 diferentes sets, 500 trajes de época, 30 actores profesionales y 1,500 extras (5).
En resumen, una empresa faraónica, una suerte de santa cruzada falangista con la intención de satisfacer el ego del Caudillo y su afán de postular de cara al futuro la unidad del estado y la religión en medio de una empobrecida España a solo 5 años de distancia de finalizar una guerra civil con elevado costo de más de un millón de víctimas (6).
Todo fue hecho con una idea en mente: la verdad y la historia que debe perdurar es la de los vencedores (el bando franco-falangista) y no la de los derrotados (el bando republicano-comunista).
PREMIER Y EXHIBICIONES
Raza recorrió un circuito de lujo en sus primeras presentaciones en España.
La premier se realizó en Madrid, en enero de 1942 en el Palacio de la Música, entre los invitados oficiales se encontraba medio gabinete franquista y la prensa calificó el estreno como un éxito.
En el mismo mes de enero de 1942, la exhibición del filme se trasladó a Sevilla. El cine Pathé programó una sesión de honor que rivalizó con las anteriores efectuadas en Madrid y Barcelona.
Tres meses después, en abril de 1942, tras haber ganado el Premio del Sindicato Nacional de Espectáculos, Raza probaba fortuna fuera de las pantallas españolas y se exhibía en Berlín, con apoyo de la embajada de España en Alemania y del gobierno de ese país, aliado militar y suministrador de aviones y bombas al bando franquista contra el bando republicano (6).
Tanto en Madrid como en Berlín, las premieres estuvieron repletas de ministros y generales y embajadores y fueron calificadas por la prensa como de gran valor (7).
RAZA: CONTENIDO Y FORMA
Raza es un filme épico con un trazado cronológico de casi medio siglo de extensión (1898 Guerra HispanoCubanoAmericana-1939 fin de la Guerra Civil Española) y unos 106 minutos de exhibición en pantalla.
Si ponemos a un lado el carácter propagandístico y marcadamente de ideología franquista del filme, podríamos encontrar en Raza algunos que otros valores formales, como la limpieza de ejecución en los encuadres fotográficos, la combinación de elementos de cine documental y de ficción por parte del director de fotografía Heinrich Gartner y la inserción muy dosificada de elementos surrealistas y de elipsis en las imágenes como en la secuencia del fusilamiento colectivo de un grupo de frailes por parte de radicales del bando republicano.
Fuera de esto y del elemento doctrinario del franco-falangismo siempre presente en primer plano, Raza es un filme que se atiene a las fórmulas de cine comme il fault a la altura de 1940: una película que prescinde de cualquier elemento vanguardista en su ejecución en aras de que el mensaje ideológico prevalezca en primer plano.
PLOT
Raza cuenta la historia de 4 hermanos de la familia Churruca: Pedro (actor José Nieto), José (actor Alfredo Mayo), Jaime (actor Luis Arroyo) y Isabel (actriz Blanca de Silos). Todos ellos son descendientes de Cosme Damián Churruca, un verdadero mito de heroísmo y amor a España seguido al pie de la letra por la segunda generación de los Churruca en la figura de Pedro (actor Julio Rey de las Heras) quien muere en acción suicida en la batalla naval de Santiago de Cuba (1898) entre españoles y norteamericanos.
La hidalguía quijotesca de las dos primeras generaciones (almogávares) empieza a ser cuestionada (8) con la llegada de la guerra civil (1936-1939), la tercera generación y las diferentes posiciones que asumen con relación al conflicto: José sigue el derrotero del padre, será oficial franquista durante la guerra civil, tomado prisionero es condenado a muerte y sobrevive al fusilamiento milagrosamente con la ayuda de Marisol (actriz Ana Mariscal), pero no es igual de heroica la conducta de su hermano Pedro, que se inclina por el buen vivir y militará en el bando opuesto, el de los republicanos como diputado. Jaime, el más joven, se adhiere a otra de las convenciones ideológicas del franquismo, la religión católica, se hará sacerdote y durante el sitio de Barcelona será fusilado por los republicanos. Por último, Isabel, la presencia femenina, es un dechado de virtudes y se casará con un militar franquista.
CRONOLOGÍA
La primera media hora del filme está dedicado exclusivamente a la presentación de los personajes: los tres hermanos Churruca siendo niños y la figura del padre, que es a quien más tiempo en pantalla se le concede, lo mismo en la evocación de los diálogos familiares cuando está ausente que, en primer plano, cuando regresa antes de partir de nuevo a cumplir una misión heroica en Cuba.
Es el padre el que aporta la futura ideología del franquismo de forma profética: (1) que sus hijos sigan la ruta heroica de los almogávares (2) invocaciones a Dios y discusión del tópico de la unión entre estado español y religión católica (3) demonización de los masones en España y de la masonería internacional que, con sus ritos secretos antinacionalistas, son los culpables de que Cuba se pierda para España y pase a manos de los masones norteamericanos.
FINAL
La película termina con un happy ending franquista, los sobrevivientes de la familia Churruca, tras olvidar viejas diferencias y militancias en bandos distintos, se une nuevamente con la idea que, ahora sí, unidos al resto del pueblo, van a construir una futura España a la altura de las metas preconizadas por el Caudillo.
Los años de la guerra civil han quedado atrás. La familia Churruca asiste al Desfile de la Victoria en Madrid presidido por el Generalísimo Franco. Para mayor dramatismo, una voz en off les recuerda a los espectadores que: Así es España y así es la Raza.
Como espectadores, tras ver el filme, nos queda el recuerdo de una extensa fábula que va de fines del siglo XIX en Cuba hasta el final de la guerra civil en Madrid. Una narrativa visual contada con ribetes de folletín decimonónico en la que por encima de cualquier intención formal prevalece la exaltación de los valores militares del deber, el honor y el valor de los soldados, sumados a la fe militante que, como cruzados de un nuevo orden, deben sentir los protagonistas por la religión católica.
