Capturaciones
Nuria Ruiz de Viñaspre
Olifante. Papeles de Trasmoz, 2021
Con quince poemarios ya editados, Nuria Ruiz de Viñaspre (1969) da a la luz Capturaciones, un volumen que reúne 108 haikus y que en palabras de su prologuista, Josep M. Rodríguez, significa una “encrucijada entre Oriente y Occidente. Desde el primer verso de este libro, desde ese ciprés que la poeta nos invita a que observemos, la presencia de la Naturaleza se vuelve una constante”. Y, en verdad, esa simbiosis entre lo humano, su lógica y su ontología, es el origen primigenio y ulterior de estas páginas plenas de lirismo.
Desde sus inicios, el decir de la escritora riojana ha venido signado por el afán de hacerse entender desde la perdurabilidad de lo real mediante un lenguaje enraizado racional, empírico. En esta ocasión, su apuesta sigue esa misma senda, si bien su discurso se condensa en esas diecisiete sílabas que abrochan cada una de estas ráfagas de poesía: “Bancos de niebla/ hacen el corazón/ del cuervo albino”. // “Corte de luz,/ como la propia muerte/ que enciende vidas”.
Tiene el haiku un intrínseco bordón de soledad, una acentuada gramática de la contemplación desde la cual se hilvanan sus innumerables efectos. Porque detrás de cada uno de sus destellos hay una pincelada resuelta en flor, en cielo, en paisaje, en camino, en agua, en luna, en animal, en existencia…: “Rueda es la vida./ En nubes del desierto/ se duerme el sol”. // “Lagarto al sol./ Corazón en el horno./ Vida en la piedra”.
Hay en estas capturaciones un evidente compromiso con la escritura, con el poder sanador de la palabra, con el sagrado enigma que dibuja la escritura Y, sin duda, es de agradecer que Nuria Ruiz de Viñaspre se haya entregado con su mejor verdad a este conjunto y haya sabido entreabrir la puerta de sus anhelos y conjuros, de sus tristuras y sus dichas a aquellos que quieran sumarse a su viaje. En él y desde él, pueden hallarse también fragmentos de una autobiografía modulada por el tic-tac de un corazón solidario, de una lluvia incesante que va calando hasta hallar un nuevo alfabeto desde el que contar la incertidumbre que nos abarca, la certeza de nuestra finitud: “Raíz del hombre./ Mariposa monarca./ Ilustre huésped”. // Los muertos hablan./ Jubilosos tobillos/ hacen lenguaje”.