José René Rigal (Baracoa, Cuba, 1953) Poeta cubano. Profesor y Economista. Fue miembro del Taller Literario “Pablo de la Torriente Brau” patrocinado por el escritor cubano Rafael Vilches Proenza. Ganó el concurso provincial de Talleres Literarios en el género de poesía con el poema “Remembranzas del Exilio”, obra que da título a un poemario editado bajo el título La profundidad del tiempo (Editorial El barco ebrio, España, 2013). Ha publicado el poemario Hierba amarga (2019) y la novela Llamado del agua (2020), ambas en Justfiction. Poemas suyos han aparecido en revistas de la isla y el exilio.
–***–
NOCTURNIDAD
Distraigo mi atención
con una voz lejana que demanda
que me hace consciente
que me vive.
¿Cuándo vendrás a beberte toda mi sangre
este cuerpo tuyo que perece
esta soledad que ahoga?
Las horas lentas me consumen.
Busco intensamente el día.
¿El amanecer?
Intento disipar esta soledad antes que amanezca.
Antes que llegue otro nuevo día y no estés.
Antes que el tiempo me regale otro amanecer torturante.
Otro sol que ya no cabe en este cuerpo apenas.
Las horas me van dejando lentas y el día no aflora.
Tu día negado después de tanto abandono de luz.
Tu luz.
Esa condición de vida propia que nos pertenece.
Ignoro cuantas noches de estas nos faltan.
Siento que el día llegará bajo el signo de un poema.
Sobre mi cuerpo. Sobre este cuerpo tuyo. Apenas.
–***–
NO SE PORQUÉ
No sé por qué permanezco sin morir noches enteras.
Hay cosas que de tan profundas parecen inciertas.
¿Qué decir de lo que no he visto?
¿En qué lugar ha desaparecido la memoria?
Más vale callar porque en el silencio
podemos hablar del sinsentido
al momento del suplicio
ahora cuando todo va a la deriva
y solo otros pueden hacer de su tinta un canto
y del nudo su equilibrio.
No creo que de este lazo que nos ciñe
pueda salir algo útil
si no es solamente poesía
palabra que entraña la circularidad del tiempo
y una verdad terrible y más pura que el peligro.
No sé por qué busco en las noches
el énfasis del abandono
esas olas gigantes
que nutriéndose de la borrasca
se precipitan desde lo alto
queriendo arrancarle al recuerdo
su último quejido.
No sé por qué permanezco
sin morir noches enteras.
–***–
POEMA DEL DESTERRADO
Otra vez me habla de ti la noche con su voz ronca
con su soplido cruel.
No sé dónde está mi derrota
o mejor dicho
el crujir de mis bisagras
o el acceso posterior al camino.
No sé por qué me habla de ti la noche
desde su bóveda torturante
como si yo no tuviera una sola estrella
que llorase por mí en el cielo.
¿Dónde habrán ido a parar los restos de mí?
¿Estarán en el pájaro migratorio
que salió de su jaula que yo tenía encerrado?
¿O sobre tu cuerpo desnudo
extraviándome como un poema
que se resiste a la página en blanco?
Es de mí la noche un camino de piedras mudas
una tristeza fría como pez errante
que cae en un estanque de aguas apagadas.
–***–
ME VOY
Mis horas de insomnio se han desvanecido
frente a la puerta que he golpeado tantas veces.
Conozco la distancia
y también las palabras que aman
los habitantes de la noche.
Es tarde ya para mentir con promesas de viajero.
Soy mi sueño sin alas.
Sin espacio donde colgar la soledad que sobrevivo.
Hay caminos que conducen a ciudad lejana.
A otras tierras donde esperar el invierno inminente.
Me voy.
Atrás dejo mi corazón de siervo.
Mis poemas confundidos.
Las cenizas de un cadáver
que me siguió por largos años.
Dejo atrás una estrella que se apaga
el crujir de mis huesos
el peso de una voz
una vaga sensación de angustia.
Dejo atrás el desaliento
un fondo brumas y presagios
el altar sobre el lecho
donde murmuramos confusas oraciones.
Dejo atrás otrora vientos quejumbrosos
entre las jarcias de mi vida.
Las grietas de un viejo tronco
que al interior de un pálido horizonte
se precipitan.
–***–
LOS FANTASMAS DE LA NOCHE
Noche joven.
De cristal iluminada la cuidad.
El tedio recorre los parques
anda tras el silencio
alimentando la soledad de las horas.
Los arboles ven la muerte pasar.
Sin rostro la ven pasar.
Ellos también usan antifaz
porque el aire no tiene voz
y los pájaros han dejado de cantar.
La noche como un camposanto
alimenta el tedio.
Los fantasmas se ocultan en las farolas
detrás de los bancos en la fuente
junto a las jardineras.
De continuo andan silenciosos
por la oscura claridad.
Ellos no creen en ciudad amurallada
ni en guardias ni en clérigos
ni en cobradores de impuestos.
Los fantasmas de la noche
son los dueños del tedio y la máscara
de la ciudad que duerme
de la luna redentora.
De ellos jamás podremos escuchar
su verdadera voz.
–***–
ALGO DEBE MORIR…
El viento amargo se llevó las briznas
de este perfil de sombras que es mi cuerpo.
Un día desde el fondo de la tierra
saldrá el rostro frío de mis huesos
libres ya del espanto de tu cárcel
y será entonces otra vida
despojada del largo castigo
y de esta cosecha de naufragios
que me has legado vivir.
Mejor sería no haber subido nunca
por el aire de tu rostro
o haber pensado que esta piedra helada
fuera el remedio para mi desesperada soledad.
Dejo aquí mi corazón incomprendido
mis gritos y mis celos.
Todo lo que queda de un pétalo roto
por el miedo y el otoño.
Dejo aquí mis poemas gastados
mi voz deshecha
mis manos sudorosas
mis huellas en el papel.
Dejo aquí todo lo que amé.
Lo que pudo ser un camino sin fin
y tan solo fue un viajero
con el pecho vacío
donde las piedras prohíben la palabra.
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