Literatura y realidad

Fragmentos a partir de una entrevista reciente de Rafael Sagárnaga

Edmundo Paz Soldán


El mundo está de cabeza

Sí, pero, a la vez, no veo cortes tan opuestos entre la realidad y la ficción. Un ejemplo: parte del problema político que hay en EEUU es la cantidad de gente que cree en las teorías conspiratorias. Si usted lee esas teorías de QAnon, son ficciones muy peligrosas. Hace poco el Grillo Villegas posteó una ficción sobre un arresto del papa en el Vaticano por un tema de pedofilia. Nos hace ver cómo nuestra realidad ha sido invadida por esas ficciones conspiratorias paranoicas.

Ese es un problema cuando uno trabaja con la ficción. Parte del trabajo de la literatura es usar la ficción para decir algo que no se puede decir de otra forma sobre este mundo. Luego descubres que, en este tiempo de redes sociales, el problema es ser capaces de discernir entre algo que ocurrió de verdad y ficciones peligrosas que están circulando.

 

La literatura y el mundo hoy

Pasa que el mundo de la literatura entró en una etapa de hibernación. La mayoría de las editoriales ha tenido que postergar sus proyectos para el 2020 y pensando lanzar esos libros el 2021. Pero todavía no está claro el panorama. De a poco se recupera, pero tampoco va a ser una recuperación inmediata, va a ser muy lenta.

Aparte de ello, el sistema no implica sólo a los libros que se escriben. Tenemos a las librerías que han estado cerradas. Igualmente, las editoriales que no pudieron hacer que circulen sus libros y que están sufriendo para mantenerse en pie. Los escritores que trabajan en otras cosas que no dependen de libros, y que tampoco pudieron trabajar mucho este tiempo.

Es un panorama bastante desolador para la literatura. Quiero creer que los periodos de crisis son también periodos de mucha creatividad para ver las cosas desde otra perspectiva. Espero que, una vez calmada la pandemia, se pueda ver esa explosión creativa que, sin duda, va a ocurrir.

 

Los días de la peste

Es curioso. “Los días de la peste” la comencé a escribir hace unos seis años. Estaba fascinado por lo que ocurría en África con el virus del Ébola. Un virus terrible del que nosotros nos enteramos un poco de refilón porque no tuvo una explosión mundial. Entonces para mí la pregunta, como escritor de ficción, era qué pasaría si un virus similar explotase en un país latinoamericano.

Trataba de trasladar hasta de manera hiperrealista todos los detalles de esa sintomatología. Hubo muchos otros virus y epidemias y me fascinaba leer en los periódicos noticias sobre el SARS, el H1N1, la fiebre porcina… Entonces fue esa curiosidad que se transformó en novela.

 

El mundo como espacio cerrado

Siempre me interesan los espacios cerrados como para desplegar ahí metáforas de lo que puede ocurrir, una relación entre el microcosmos y el macrocosmos. Cuando escribí “Río fugitivo”, que está ambientado en el colegio Don Bosco, me interesaba mucho la cuestión política fuera del país. Quería ver cómo repercutía eso en el colegio. De la misma manera, La Casona es un edificio, que incluye como un barrio encerrado donde vive la gente, pero también está relacionado con lo que sucede política y socialmente afuera.

Ahí sí hay algo que me interesaba trabajar en esa novela, y me da pena que la situación actual de la pandemia sea similar: es el enfrentamiento entre las visiones sobre el virus. Está la científica de luchar contra el virus, por parte de la doctora y la enfermería, pero que, a la vez, tiene que enfrentarse también a otras formas de ver el virus. Formas que no pasan necesariamente por la razón y tienen que ver con la superstición, la religión y con miradas anticientíficas. Y no se trata de dos bandos divididos, sino que hay mucha gente en La Casona que alberga en sí misma esas dos perspectivas.

Eso resulta inevitable, está en los grandes libros que se han escrito sobre plagas. Está en “La peste”, de Albert Camus; en “El Decamerón”, de Boccaccio, y en “El diario del año de la peste”, de Daniel Defoe. Me sirvieron como punto de partida para escribir este libro. Por lo visto, pese a que la historia avanza, y tenemos progresos con vacunas y todo, hay algunas cosas de la condición humana que no cambian. Una de ellas es esta forma de reaccionar contra el virus. Tiene que ver con nuestros miedos, prejuicios, ansiedades y deseos, y no sólo con el lado más lógico de nuestro cerebro.

 

Pandemia y escritura

Cuando comencé a escribir “Allá afuera hay monstruos” pensaba en un diario, más que nada, para dejar testimonio de lo que estaba ocurriendo. Luego me di cuenta que había muchos diarios de escritores que contaban sus tribulaciones con la pandemia. Decidí volverla ficción y comencé a pensar en cómo viviría una niña una crisis sanitaria y política como la actual. De ahí fue que surgió poco a poco este libro. Tomé como base una novela de la Revolución Mexicana que se llama “Cartucho”, de Nellie Canpobello.

“La mirada de las plantas” es una novela que surgió en medio de las otras dos. La había terminado el año 2019, pero la pandemia hizo que no se publicara. La va a publicar la editorial Almadia en México, pero la crisis los hizo reprogramar todo lo que estaba planificado para el 2020. Todavía no saben muy bien en qué momento saldrá la novela, quizás a fines de este año o a principios de 2022. Pero así se dio que la novela que escribí después, “Allá afuera hay monstruos”, está saliendo antes que “La mirada de las plantas”.

Orwell y a Huxley y la teoría de las conspiraciones hoy

Aparte de lo que ellos nos pueden enseñar sobre la situación actual, lo que me interesa de estos autores es que ellos usaron la ciencia ficción. Lo hicieron un género capaz de enfrentarse de otra manera a las situaciones sociales y a los cambios culturales. En el caso de Orwell tiene que ver con los totalitarismos. En el caso de Huxley, con la situación ética de los cambios en la manipulación genética y la biotecnología.

Yo leía mucha ciencia ficción en mi adolescencia. En la universidad me hicieron sentir que la ciencia ficción era más un pasatiempo, algo que debía superarse para luego enfrentar una literatura más seria. Pero luego ves que en realidad la ciencia ficción tiene mucho que decir sobre el mundo. Su forma de acercarse al mundo es diferente a la literatura realista, pero no menos importante.

Eso para mí es fundamental de los géneros populares que tomaron Orwell y Huxley que hoy son tan relevantes. A ellos añado Philip K. Dick, quien captó mucho de la paranoia de nuestro tiempo. El escribió en los años 70 y 80 con ese tipo ambiente durante la Guerra Fría. Es algo que no ha hecho más que multiplicarse exponencialmente con las redes sociales, las noticias falsas y todo eso. Esos escritores tienen mucho que decirnos de este presente tan desolador.

Del Autor

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Edmundo Paz Soldán
(Bolivia, 1967). Escritor y profesor. Considerado una de las voces esenciales de la actual literatura latinoamericana. Profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Ha publicado las colecciones de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998), y las novelas Días de papel (1992), Alrededor de la torre (1997), Río fugitivo (finalista en el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, 1998), Sueños digitales (2000), La materia del deseo(2002), Palacio Quemado (2006, 2007), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011) e Iris (2014), con la que incursiona en la ciencia ficción. Es coautor, junto a Alberto Fuguet, de la antología de nueva narrativa latinoamericana Se habla español (2000) y con Gustavo Faverón de Bolaño salvaje (2008). Entre sus premios se cuentan el Finalista de Letras de Oro 1991 con Días de papel (Estados Unidos), el Premio Erich Guttentag 1991 por Días de papel (Bolivia), Premio Juan Rulfo, 1997 por el cuento “Dochera”, el Premio Nacional de Novela de Bolivia 2002 por El delirio de Turing, la Beca Guggenheim (2006) y Finalista del Premio Hammett 2012 (Semana Negra de Gijón) con la novela Norte.. Su novela más reciente es Iris (Alfaguara, 2014).