Jorge Fernández Era

Periodista y escritor

Redacción OtroLunes


LA RABIA ¡COÑO!

El ministro de Cultura, Alpidio Alonso, ha denunciado «la campaña de presión, chantaje e intimidación a nuestros artistas para que se pronuncien contra la Revolución». No parece casual que lo haya hecho el mismo día en que Silvio Rodríguez accediera a reunirse con Yunior García, tras la publicación por este de una «Carta abierta al propietario de un unicornio perdido», donde le decía entre otras cosas al autor de «Nunca he creído que alguien me odia»:

«Me dirijo a ti porque tu voz me importa, porque crecí escuchándote, porque todavía evito todas las sillas peligrosas que me invitan a parar. Te escribo de pie porque sé que el ser humano que fue capaz de crear «Sueño con serpientes» no puede hacer una lectura tan elemental de mi generación y sus complejidades».

Yunior García fue el vocero de los jóvenes y menos jóvenes que nos manifestamos pacíficamente frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020. El domingo 11 de julio formó parte de un grupo de intelectuales que se reunieron frente al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y pidieron quince minutos frente a las cámaras para exponer sus demandas. Por este hecho fueron lanzados como sacos en un camión que los trasladó al centro de detenciones de Santiago de las Vegas, de donde salieron días después con un acta de advertencia. Ni el Ministerio de Cultura ni el ICRT han tenido la honestidad de presentar una sola imagen que revele el «vandalismo» de Yunior García, Raúl Prado, Leo Fernández Otaño, Reinier Díaz y algunos otros.

Con la misma fruición con que escribió su tuit quien hace meses demostró sus «verdades» con un manotazo ―manotazo que no me ha propinado a mí ni a ninguno de los tantos periodistas de órganos de prensa que le hemos enfocado el celular con ánimo de grabarlo―, debía el ministro responder si en el post de Yunior hay «presión, chantaje e intimidación». Sin proponérselo, su tuit es ofensivo hacia Silvio o cualquier otro artista que intenta «defender», pues presupone que con unas pocas palabras fuertes los intelectuales de este país olvidan sus convicciones y se pliegan a las patrañas en contra de la Revolución. Vaya, que si no aparece una mente preclara como la de Alpidio y los pone sobre aviso, capaz de que aparezca muy pronto un remake de «Somos el mundo» con cuarenta y seis cantantes cubanos interpretando «Patria y vida».

No critico que ciento treinta artistas digan lo suyo en esos spots que empiezan a aparecer en la televisión, mucho menos que repitan o aplaudan los calificativos de siempre, que tildan a miles de cubanos de delincuentes, vándalos y mercenarios al servicio del imperialismo. Cada cual tiene derecho a pensar lo que le dé la gana mientras la conciencia se lo apuntale. Lo pérfido del asunto es que no se presente una sola información, una sola entrevista, una sola declaración de quienes se han confesado opuestos a la represión emprendida contra los manifestantes por parte de las fuerzas del Ministerio del Interior y paramilitares subordinados a ellas; que no se difunda uno solo de los tantos videos que circulan con imágenes más que claras de hasta dónde llegó el enfrentamiento contra los osados que decidieron salir el domingo 11 a las calles. Si son fake news: ¿cuál es el miedo de presentarlas públicamente en los medios nacionales?

Pero si lo de Alpidio es paternalista ―para no recurrir a calificativos que se correspondan a los «métodos de lucha» del ministro de Cultura―, lo de Abel Prieto en la Mesa Redonda del pasado 12 de julio no tiene parangón en cuanto a presentar como monigotes a artistas que hacen valer su derecho a pensar por sí mismos. Lean esto y guárdenlo en los archivos de la ignominia: «He visto a algunos artistas famosos ―algunos quizás por superficialidad o porque no nos quieren o por alguna razón―, pero he visto dos o tres nombres, no mucho más que eso, de personas que yo quiero y admiro mucho, y que sé que son nuestros, que son de Cuba, y estaba razonando que a veces usamos la palabra manipulación con cierta ligereza y decimos «la maquinaria de la manipulación o esto o lo otro…», pero es que manipulación es efectivamente crear un clima asfixiante para, a una persona digna, hacerla sentir el deber moral de atentar contra su patria, eso es algo realmente monstruoso. Yo creo que con todas esas personas tenemos que hablar, tenemos que tratar por todos los medios que entiendan que este es un momento de grave peligro para la Revolución y para la nación cubana». En ese «grupito» el presidente de Casa de las Américas está incluyendo a «manipulados» como Chucho Valdés, Leo Brouwer, Adalberto Álvarez y Los Van Van. No menciono más para ponérsela fácil a Abel a la hora de que nos diga quiénes son los «dos o tres, no mucho más» que él sacaría de ahí para citarlos a su oficina y pedagógicamente hacerles escribir cien líneas.

Veamos un fragmento de las palabras que ha publicado Silvio para explicar el resultado de su encuentro con Yunior:

«Tiene que haber más puentes, tiene que haber más diálogos, tiene que haber menos prejuicios; menos ganas de pegar y más deseos de resolver la montaña de temas económicos y políticos pendientes; menos costumbre de escuchar a quienes hablan lo mismo con las mismas palabras, década tras década, como si las generaciones no vinieran también con sus propias palabras e ilusiones». Después de afirmar que no sabía cuántos presos habrá ahora, pide amnistía para los que no fueron violentos.

Escribo después de ver la emisión del mediodía del Noticiero Nacional de Televisión. Ni una palabra para informar sobre el reclamo de Silvio. Estarán esperando a ver si Abel sumó una silla al ciclo de conferencias, prueba incluida, que debe estar impartiendo en su oficina a dos o tres «confundidos». Y hasta que no esté la nota…

Quien esto escribe, miembro del Consejo Nacional de la Asociación Hermanos Saíz en la década de los noventa y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en el presente, trabajador de Cultura por más de veinte años, periodista y escritor, Juan sin Nada para más señas, del grupo Nos y Otros con infinito orgullo, denuncia en estas páginas la pena de un año de privación de libertad ―en juicio sumario y sin derecho a ser defendido― que se le ha impuesto a Anyelo Troya por el «delito» de fotografiar los hechos del domingo 11 de julio y filmar la parte cubana del video «Patria y Vida». Que se presenten en la televisión nacional las pruebas de que es un delincuente. Que tengan la (des)vergüenza de afirmar que no hay presos de conciencia. Que demuestren con argumentos contundentes que no es fascista la respuesta que se le está dando al estallido social de hace once días.

¡Libertad para Hamlet Lavastida, Anyelo Troya, Alexander Diego Gil Valle y tantos otros! ¡Que se elimine el absurdo de la causa judicial a Leonardo Romero Negrín por enarbolar el cartel «¡Socialismo sí! ¡Represión no!» el pasado 30 de abril!

«Siempre que un hombre le pega a otro hombre, no es al cuerpo al que le quiere dar: dentro del puño va el odio a una idea que lo agrede, que lo hace cambiar», cantó Silvio hace casi cincuenta años. Los intelectuales del siglo XXI cubano tenemos el deber, la obligación, de denunciar cuánto se traiciona con golpes físicos y golpes bajos el anhelo de libertad con el que nacimos junto a la Revolución, el que nos inculcaron nuestros padres. Allá el que desde su complacencia se quede solo con la versión que nos ofrecen Gobierno, Partido y medios oficiales.

Yo, Jorge Fernández Era, ¡no voy a callar!