DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
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Estoy y estaré totalmente en contra de la violencia, sin importar de dónde o de cuáles ideologías provenga. No puedo estar del lado de quienes, en lugar de promover la conciliación, la paz y la crítica de lo mal hecho, inducen a su pueblo al enfrentamiento y a las golpizas por razones de credos políticos o de otra naturaleza. Hay innumerables formas de defender un proyecto, corregir o persuadir a la gente, sin acudir a la violencia.
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No tolero el abuso de poder, mucho menos cuando he visto a personas débiles (mujeres, niños, etc.), sufrir allanamientos de morada y actos violentos por miembros de la seguridad nacional. Y créanme, soy profesora de Semiótica, y tengo suficientes recursos para darme cuenta de cuándo es un montaje audiovisual y cuándo no. Un país que siempre ha abogado por el bien común, no puede cometer o justificar horrendas escenas como esas.
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Cuba no es un hombre, un gobierno o un partido. Cuba somos todos, es su pueblo, no importa el color, el sexo, la edad, la ideología, la instrucción que se tenga o el lugar donde se viva. Por Dios, hay que acabar de gobernar con oposición, con diferencias de credos e ideologías, y forjar discursos y comportamientos de tolerancia y respeto entre todos, en busca de la paz.
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No creo que ningún país vaya a resolver los problemas de este pueblo, ni que la solución sea una intervención extranjera; todo lo contrario, generará un baño de sangre que nadie querrá y al final, estaremos peor, mucho peor.
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Vi muchas personas protestando por problemas reales que tenemos; los cuales no son secreto para nadie. No se trata de marginales ni de mercenarios mayoritariamente, sino de población insatisfecha en estallido social. Y las insatisfacciones vienen dadas por la incapacidad crítica institucional de dar respuestas correctas en la circunstancia correcta, de manera que se contribuya al mejoramiento de todos.
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A mí nadie me paga por pensar ni por decir; ni siquiera recibo influencias ideológicas de las personas que amo, porque la vida me ha dado la posibilidad de pensar rectamente con cabeza y luz propias. Quizás esto que he escrito me cueste, o moleste a alguien, pero no puedo dejar de hacerlo cuando día tras día he visto a mi país sin redes sociales, sin conectividad, en el que se veta un derecho elemental: la comunicación.
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Es mi compromiso, mi responsabilidad, como escritora e intelectual. No quiero represalias, pero si creen que las merezco, las enfrentaré con calma y dignidad. Ya sabemos que pensar tiene un costo. El precio de las palabras es invaluable.
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No voy al muro de nadie a ofender, ni a humillar, por tanto no toleraré aquí discursos de odio o de incitación al odio ni de unos ni de otros. Solo estoy dando mi humilde opinión, y ojalá sirva para crecer todos en pos de la paz y el bien común.
