María Aparici

Dossier

María Aparici no tiene ningún desasosiego en descubrir en esta muestra los dilemas de su confrontación con los cuerpos que anidan en los fantasmas combativos de sus sueños. Ha encontrado su escala a la medida del gesto apropiado a la imagen y el medio que usa, revelándose a sí misma y al mundo como artista a partir de su estado de excitación y correlación de experiencias, arrancando de la psique un campo dinámico en virtud del cual su lucha plástica se desarrolla vinculada a una memoria en contra del poder del tiempo.

La consistencia física y gráfica de sus figuras pasan de una realidad concreta hasta una abstracta -pero siendo una abstracción que incluye la experiencia del cuerpo-, dejando por el camino deformaciones y falsos atributos, tal que apéndices efímeros que impedirían el llegar al fondo de unas imágenes oníricas y primordiales que aparecen como símbolos, visiones y raptos de intuición e inspiración.

Por eso se ha insinuado que la obra de arte dice mucho más de lo que su autor ha tenido la intención de expresar: siempre excede de la limitada contemplación de su creador. En su caso, además, es el fruto de una dimensión generadora que da curso a un quehacer tan deliberado como delirante.   

Sus obras son exorcismos que cuentan con poderes que posibilitan una transformación intensificada, única e intrínseca de la transformación de su vida dentro del arte. El tono individual de su energía creadora y su espontaneidad hacen que su sueño se haga plena realidad artística.   

Como artista, abierta de espíritu, emociones, memoria y sentimientos, que expresa su pasión con una dicción pictórica que ha dado un ansia ilimitada a su destino, se reconcilia en ella el deseo y la maestría, la pulsión de un pathos festejado por el furor de su impulso.

Gregorio Vigil-Escalera

Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)

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