María Cristina Garrido (Quivicán, Cuba, 1982) Desde muy joven se interesa en la poesía y percibe una especial sensibilidad para el arte. Recibe cursos especializados en talleres y peñas literarias. Se gradua de Bachillerato en el año 2000 y en el año 2003 sus versos salen publicados en la Antología de poetas de su localidad. Ganadora en el 2008 del Primer Premio Nacional del Concurso Tabacalero Carlos Baliño. En el presente permanece recluida en las cárceles del presidio político cubano por su compromiso con la libertad de Cuba y el fin de la dictadura castrista. Examen de tiempo es su primer libro.
Puede adquirir el libro aquí: Examen de tiempo – Poesía – María Cristina Garrido
El cementerio de los vivos
Sobre una madera infame se desvelan
mis huesos rebeldes.
No es el féretro de mis sueños ni de pino,
es la cama de la politiquería torturada,
una tabla desnuda hecha de frío
y escombros de caña.
Estoy escribiendo este gemido ahora mismo
en una madrugada de presos y oprobios
donde las puertas suenan a llanto y olvido.
No puedo dormir.
Descubrí que es mejor escribir a estas horas
en que duerme el dolor ajeno
y el silencio suaviza la mente
y el espíritu.
La noche es mi acicate
aunque es el mayor peligro.
Los médicos sin bata y sin vocación
huyen de los ruegos
y temo morir en un largo dolor inesperado.
A este lugar lo llamamos El Cementerio De Los Vivos.
Aquí se entierra sin enterrador la justicia
inexorable de la patria
como si se enterrara el crimen de un niño
o de una flor.
Yo cargo a cuestas no sé cuántos sufrimientos
que me carcomen la existencia
y me curten la piel en una amarga arruga
los hijos que no entienden
―en esa pálida inocencia que me inunda los miércoles―
seis manitas que me escriben cartas ilegibles
y me abrazan con la desesperación
de una despedida.
El marido cómplice de mi efervescencia idealista
siempre trayéndome una lágrima y una rosa
entre noticias buenas y malas de Internet.
La madre sin venas y sin resignación
que me pregunta apagada
Mary, ¿cuándo te van a soltar?…
Mi hermana Angélica,
―quien también entierra aquí conmigo
una gota de sangre en otra celda―
escribe en la cal desprendida
frases libertarias,
rodeada de lesbianas confundidas
―sintiéndose tan estrecha como yo―
en la miseria humana
y la desesperación.
¡Y la Patria!
¡Esta que me vio nacer y que llora
por los nacidos que no están!
¡Carajo!
¡Cómo duele la Patria!
¡Cómo se entierra en el alma sufrida de los hombres!
Hay unos pocos ―los verdugos―
que no entienden que la Patria
no es un gobierno de antojos
ni de mezquinas imposiciones
donde se pierde la vergüenza y el decoro,
la justicia para poder sobrevivir.
A mí me duele
por eso estoy aquí,
y me duelen también las penas de los otros
los que están enterrando en otras rejas
sus sueños
sus miedos,
en cambios imaginarios
o en una esperanza en duda.
La mía
―la esperanza mía de ser al fin
libre de la izquierda,
del terror y del odio―
no muere
ni se amilana
cuando la amenaza se redobla.
Dejo mis libros en otras manos,
eterno amigo de mis letras y fiebres,
heredero del nombre de Emérita Augusta.
Las mías yacen en este Cementerio De Los Vivos
sepultando al cuerpo corruptible
con todos sus dobleces,
pero jamás a mi Fe.
Laberinto de sueños I
«dormir como un germen en la sangre del amante»
Antón Arrufat
No quiero que despiertes y descubras que no existo,
cuando siquiera he puesto mi indeleble huella
en los caminos de tu frente.
Saber que despiertas,
saber que he perdido mi paso andando en mi libro ausente,
que hace apenas un segundo éramos dos navegantes sin rumbo.
Qué adorable se me hace este camino que anudo.
Ángel en vigilia
vuelve de nuevo al suspiro,
no quiero que recurras tras mi paso que dejo,
quiero seguir siendo la parte de tu sueño perdido.
No quiero que despiertes y descubras que no existo.
Vuelve callado al sosiego,
siente el pulso que dejas…
Estoy en los pasillos de tus venas.
Laberinto de sueños II
Supiste el sabor de un dulce misterio.
Ahora duerme si quieres sobre los tantos muros de tiempos
y como un germen moribundo en la savia de fuego
de los escorpiones.
De todos modos, será un misterio.
Ya no tengo miedo a que despiertes
y veas solo una huella en la hondura nebulosa
de los rincones.
Qué importa si descubres
que ya no existo para callarte los ojos,
aun cuando ni siquiera desaparezco.
Puedes despertar del letargo inmenso en que un día te puse
con un sello de sueño.
Los laberintos no son más que espacios
donde se cuela el viento
para recordarte que debes despertar
antes que cierre el Sol
su último abanico.
Ya no somos dos navegantes sin rumbo
en un meridiano inverso,
sino dos estrellas del polo para los náufragos.
De todos modos, quedará algo más de este amor que te guardo.
Yo despertaré del mío cuando muera mi estrella
y se cierre el ocaso.
Tu andar perdido
Deja blandir las sábanas
que ayer te rozaron tan puramente
como el roce de alas
de no sé qué pájaro.
La arrugada vela ya deja verse con su pequeño hilo
de luz dorada,
quiero quemarte quedamente
para luego hincarme en tu ampolla
y dejarme ver cristalina en tu piel tostada.
Deja que mire el hueco de tu zapato horadado
como si estuviera hecho de ceniza de estrellas,
para que luego me cuente de tu andar perdido
si es que aún tendiste tu muerte
sobre un racimo de piedras.
Estoy aquí,
tan escondida, que apenas puedes verme,
aunque te asomes a las cumbres de mi abismo,
aunque me rompa demasiado,
aunque me asista de pena.
Y es que soy incienso
y escudo,
herida de flecha,
tajo de hilo,
ojos de ciego.
Deja que me meta en tu alma como una gota de alpiste
y que al terminar mi vuelo
te salgan raíces por los ojos
y que la semilla cortada te lleve
a las sombras de tu andar perdido.
Desgracia de tiempo
Me niegan la única agua salvadora
en la única vida nuestra.
No es el pan roído que me quitan:
ya lo tengo seguro en estas páginas únicas.Ç
Una torre misteriosa viene
vacía como una noche desahogada,
la única torre que me brindan.
Y no hay cuentos de tu mano en el riego de mi cuerpo,
no hay la sombra de esperanza al cuento místico de la luz,
no me dan la vida posible de un azul vuelo…
Solo tengo una torre.
Solo llevo una torre alta
de unos marfiles tiernos
y cóncavos y huecos.
Denme segura las migajas de aguas fieras
para llenar mi tiempo.
