La lentitud de la deriva
Federico Gallego Ripoll
Mahalta Ediciones, 2022
Hay en el ser humano una inclinación al bien conforme a la naturaleza de la razón, del cual deriva su instinto de conservación, su anhelo de supervivencia. Son distintos los modos de concretar tales preceptos, si bien, es cierto que la escritura es uno de ellos. Y en el reino de la poesía, su potencia común es la voluntad de conectar, de transmitir un mensaje que sea alianza verdadera para el lector.
Desde esa premisa, Federico Gallego Ripoll lleva décadas trasladando su lírica realidad hasta su lectores, fieles sin duda a una trayectoria coherente, solvente y cómplice. Ahora, La lentitud de la deriva añade un título más a su dilatada obra y lo hace con la misma sabiduría y la misma virtud intuitiva de siempre.
Se trata de cerca de una treintena de poemas en donde el autor manchego se reconoce próximo a un antropocentrismo naturalista, a una condición compatible con la temporalidad del hombre. Y así, desde la homogeneidad de un verso sustantivo, pleno de esencia, determina su frontera y su azar: “El intento es arder sin hacer ruido,/ alados/ como los inmortales que murieron/ ajenos a ese don de su belleza./ Es preciso morir para no morir nunca”.
Al igual que Aristóteles fijase la eudemonía como el fin último de los seres, aquí y ahora, el sujeto lírico se inquiere y se contesta sobre ese anhelo de felicidad que nos es intrínseco. Sabedor de que “toda dicha es ayer”, lo presente se torna aspiración fáctica reconocible, posesión de virtudes que se alcen sobre el resto de necesidades. La pureza de lo animado, la ulterior pervivencia y la nitidez de la experiencia conforman un tríptico temático desde el que nacen versos de alta temperatura lírica: “A veces/ me duele el corazón como si hubiera/ de ser eterno”.
La totalidad de lo tangible constituye para el poeta el objetivo primordial, pues la universalidad de su dicción lleva hasta la consciencia de que es imprescindible preservar, también, lo extrínseco: “Llevo en mis pies/ los pies/ de cada hombre”.
Y, a su vez, la materia amatoria, honda y palpable, es fundamental a la hora de vertebrar una cotidianeidad sostenible, duradera. Un amor, sí, que no se oculta ni se guarda, que debe ser mediación para la conciencia: “Ceñirte para/ salvarme hundiéndome/ contigo (…) Ardo para bailar/ hoguera adentro/ dentro de ti”.
Un cuaderno de bitácora, al cabo, donde cabe la belleza de una mirada abarcadora, esperanzada, “porque es el mañana/ lo que llevamos en los brazos”.
