ENTREVISTA AL ESCRITOR Y PASTOR EVANGÉLICO ALBERTO GARRIDO
POR AMIR VALLE
Escribir y escribir para Dios… ¿Cuál es la diferencia, desde tu experiencia como figura destacada en estos dos ámbitos?
Diferencia básica: el tema. Mis libros cristianos son ensayos de certezas vitales, un testimonio de mi gratitud infinita al Señor por salvarme de pura gracia y por darme el don de escribir, un don en el que (debo decirlo) no he sido muy fiel, porque he intentado dejar de escribir varias veces. Lo he intentado, pero siempre vuelvo, como el hijo pródigo de la parábola. Los libros de ficción son actos de kamikaze o de voyerismo: a veces interrogo mis dudas; a veces me meto en las habitaciones privadas de los otros.
Hace unos años, seguro lo recuerdas, nos acusaron de pornógrafos por la fuerte carga de erotismo y sexualidad en nuestros textos. Cuando hablo de mi entrega a Cristo suelen preguntarme: ¿y Dios permite que escribas lo que escribes?
Esa “acusación” de pornógrafos fue una clasificación exagerada a la que contribuyeron las presentaciones públicas en ferias de buenos amigos que querían que nuestros libros se vendieran, aunque no podemos negar la carga erótica de algunos de nuestros mejores cuentos y novelas.
En cuanto a la pregunta, si Dios no lo permitiera, ni una palabra saldría de nuestra cabeza al teclado (y te lo dice alguien a quien Dios literalmente enmudeció una vez). Estoy persuadido de que no cae un gorrión del cielo sin el control soberano de Dios. Dios tiene, sin duda, planes que nuestra razón no alcanza a comprender, que siempre redundan en que Él sea glorificado y nosotros seamos bendecidos.
Por otro lado, creo que Dios nos permite el aprendizaje, especialmente el aprendizaje de conocerlo a Él, a través de pruebas, aflicciones e incluso de los frecuentes fallos de nuestro libre albedrío, entre ellos el ejercicio de la escritura. Creo que Dios me ha permitido escribir algunos libros malos para que pueda escribir otros mejores. Juzguen los lectores. Por cierto, que Dios permita muchas cosas no nos excusa ni de las motivaciones ni de los actos que hagamos: somos responsables no solo de nuestras acciones, sino también de sus consecuencias. No todo lo que hagamos expresa necesariamente Su aprobación moral.
¿Cuándo y en qué circunstancias el Alberto Garrido escritor descubrió que debía poner su talento también en escribir para Dios?
Cuando vi que no tenía en mi biblioteca personal ciertos libros que dijeran lo que yo quería leer. Desde que comencé a predicar en los montes de Cuba, en casas con piso de tierra y a la luz de una vela, al ver los milagros del Señor en respuesta a la glorificación de Su Hijo, me di cuenta de que había mucho error que quería introducirse en las iglesias históricas cubanas. Como una voz que clama en el desierto, denuncié esos errores. Y comprendí que debía escribir esa denuncia para que quedara como un testimonio que perdurase en el tiempo. Así salió el primer ensayo: La verdadera batalla del creyente.
Esta denuncia sigue en pie porque esas herejías continúan escuchándose de la boca de nuevos lobos, especialmente de falsos apóstoles del evangelio de la prosperidad. Así que he intentado exaltar a Cristo y denunciar el error.
Otra razón de mis ensayos son los lectores. Hay muy buenos libros que son muy difíciles de leer. He sido misionero, pastor y maestro bíblico al mismo tiempo que editor, corrector, profesor y director de un departamento universitario. He visto una sed de Dios que necesita ser alimentada con libros que no renuncien a su profundidad teológica y devocional, pero que sean comprensibles para cualquier lector. Es lo que he intentado en cada uno de mis ensayos.
En Ilíada Ediciones he tenido el privilegio de publicar tus cinco libros de temática cristiana. Cristo es el centro en todos ellos. ¿Para qué escribir sobre Cristo si ya tanto se ha escrito sobre un tema tan gastado?
El privilegio es mío por haber sido tú mi editor, sin duda. También agradezco el espacio que me ha dado la editorial Ilíada. En cuanto a la pregunta, ¿acaso los temas se gastan? Esto también podría decirse del amor, la guerra, el exilio, la vida o la muerte, que siguen siendo los grandes temas del hombre.
Si se sigue escribiendo sobre ellos es porque algunos logran una mirada inusual, de oscuro esplendor, o un texto original, y el poder de las palabras sigue subyugando al lector a vivir y morir esas vidas y esos mundos.
Así que le preguntaría a tu inquisidor: ¿por qué no escribir sobre Aquel que ha hecho las declaraciones más asombrosas lanzadas por boca de hombre alguno? ¿Por qué no hacerlo por quien realizó las señales más poderosas sobre el polvo del Medio Oriente y que las sigue haciendo por medio de Su Espíritu en Su iglesia? ¿Por qué no escribir con gratitud a Quien está tatuando ahora mismo su huella dentro de mí?
Cristo me salvó, me sacó del lugar más oscuro y terrible de mi vida y enderezó mis pasos. Me dio nueva vida y la esperanza de resurrección. Y no deja de ser extraordinario que se hayan escrito más libros sobre Él que sobre cualquier otra persona de la historia, aunque Él mismo no haya escrito ninguno. El apóstol Juan dijo que si se escribieran todos los actos y dichos de Jesús no alcanzarían todos los libros del mundo.
Y ahora, otro reto: definir en un párrafo qué perspectiva nueva podría encontrar un hipotético lector en tus libros cristianos.
La verdadera batalla del creyente: Una pelea cubana contra los demonios y herejías del apostolado moderno y el falso evangelio de la prosperidad. Excelente como Manual de discipulado y como vacuna antiherejías. Como dijo Chesterton: “Dios dijo que nos quitáramos el sombrero al entrar a la iglesia, no la cabeza”.
La gloria de la cruz: ¿Qué somos, para que Él nos haya amado de tal modo que vino a morir? Una inmersión en el hecho más extraordinario de la historia, la muerte de Cristo en lugar de los pecadores. Un estudio de los pasajes que expresan su significado y beneficios para el creyente, desde Génesis hasta Apocalipsis. Un libro que nos recuerda por qué debemos amar a Cristo y, sobre todo, que Él nos amó primero.
La gloria de la resurrección: La doctrina más esperanzadora para el creyente está anclada en la resurrección del Hijo de Dios. Nuestra unión con Él garantiza el cumplimiento de esta promesa en Su regreso. Una demostración de por qué estamos bajo un mejor pacto, con mejores promesas.
¡Llenos del Espíritu!: en un mundo donde las experiencias emocionales y los testimonios privados se han convertido en doctrina y, lo peor, en traspié, conviene huir de las cisternas rotas del emocionalismo y el misticismo y regresar a las fuentes de la salvación de la palabra profética más segura. Se denuncia el pecado más frecuente de la iglesia (la falta de llenura espiritual) y somos animados con las palabras de Pablo: ¡sed llenos del Espíritu! Libro desafiante y de gracia abundante para volvernos al primer amor.
Evidencias de nuestra salvación: un examen que responde, con 14 evidencias de 1 de Juan, a la pregunta más importante que debe hacerse todo creyente: ¿soy un verdadero hijo de Dios.
Los escritores sabemos en carne propia que, además de sacerdocio, la carrera de escritor es aprendizaje en muchos ámbitos de la vida. Escribir para Dios, ¿ha cambiado la visión que como escritor impones a tu literatura no cristiana?
Vivir para la gloria de Dios, experimentar Su amor y Su gracia y mirar el mundo con lentes bíblicos ha cambiado mi forma de verlo todo. Escribir para Dios ha profundizado algunos elementos de este cambio, sin duda. Antes yo era muy, muy irónico y muy vanidoso. Son perros que intento matar de hambre cada día. No debo olvidar nunca que soy un pecador salvado por gracia y que Dios extiende esa gracia a todos los pecadores que, como yo, se acercan en busca de su oportuno socorro en Cristo.
Hay muchas aristas interesantes en tus libros cristianos que defines como “temas para otras reflexiones”. ¿Podrías darnos un adelanto de lo que escribes?
En los cinco ensayos publicados por Ilíada he intentado tratar temas esenciales para todo el pueblo de Dios, sin importar su denominación. Tal vez en el futuro pueda escribir otro ensayo titulado “La gloria de la iglesia”. Esta idea se me hace más importante cada día ante el peligro creciente de millones de cristianos “virtuales”, personas que ven cultos por Internet y dicen que aman a Cristo, pero que no necesitan a la iglesia.
¿Símbolo de la egolatría exagerada de estos tiempos o del fracaso de una iglesia que ha dejado el primer amor? ¿De ambas?
No se puede amar a Cristo y despreciar al objeto de Su amor. La Biblia dice: “Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). No se puede amar a Cristo y despreciar a la esposa del Cordero al mismo tiempo.
Tengo aún en mente un libro que quise escribir a cuatro manos con mi madre espiritual en República Dominicana, Doña Liliana de Bobea, y que no pudimos concretar porque el Señor la llamó a Su presencia. Se titularía “Misterios y paradojas”. También me ha dado vueltas, al ver a mi alrededor cómo la fe en las sanidades ha decrecido tanto, otro ensayo que titularé “Palabras de sanidad”. Como misionero y pastor, estos ojos dan fe de sanidades y milagros extraordinarios, aunque sin duda el mayor es ver a alguien, que estaba muerto en sus pecados, ser regenerado.
Por otro lado, tengo como proyecto más ambicioso para los próximos años escribir una novela sobre uno de mis héroes de la fe: Casiodoro de Reina, a quien la Inquisición persiguió y Ginebra miró con recelo, y que nos entregó una de las mayores joyas literarias de todos los tiempos: la traducción de las Escrituras.
Dime, editor mío: ¿por dónde debería comenzar?