Un diccionario teatral Sui Generis


No es común en la cultura latinoamericana de hoy un libro como este sobre el que dedico mi columna En Primera Persona para la web OtroLunes.

Sí, publicar este artículo sobre el Diccionario Bio-Bibliográfico del Teatro en Cuba. Siglo XX, resulta una satisfacción peculiar, pues se trata del primer volumen de su tipo aparecido no en Cuba, sino en Miami —donde se editan más y mejores libros que en nuestra asolada patria— por Ediciones Unos & Otros, a cargo de su director Armando Nuviola, quien en 2018 lo editara con sumo cuidado y, en consonancia, los autores se lo dedicarían.

Ante todo, se trata de un riguroso esfuerzo de investigación, estudio y análisis sobre dramaturgos, obras y puestas presentadas en la Isla por autores cubanos y españoles, durante esa centuria.  


Del rigor y el esfuerzo

Si bien se publicarían no pocos empeños antecesores —de los que se nutre el presente título— este Diccionario complementa y sobrepasa tales desvelos, pues ninguno posee tal dimensión, ni rigor, ni la conjunta  labor de tres capacitados investigadores-autores que firman, confirman y conforman este volumen.Valga mencionar algunas de esas ediciones, de las que parte este nuevo título: Historia de la literatura dramática cubana (1944), e Historia del teatro hispanoamericano: época colonial (1956), de José Juan Arrom; Apuntes en torno al teatro colonial en Cuba (1790-1833) (1969) de Yolanda Aguirre; Biblografía del teatro cubano (Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, sep.-dic., 1971), de María Luisa Antuña y Josefina García Carranza; Origen y presencia del teatro en Nuestra América (1988), de Ileana Azor y, sobre todo: La Selva Oscura (en dos volúmenes: 1975 y 1982), del investigador, ensayista y crítico Rine Leal, quien, mi amigo y profesor de Historia del Teatro Cubano, me contagiaría el amor por esta manifestación, como el gusto por los rigurosos análisis.

Mas, aparte de los exhaustivos datos escénicos del siglo XIX cubano aportados por la obra, el lector se informa de otros aspectos de interés, como cuáles eran autores, poetas, narradores y críticos u otras profesiones, por lo que a pesar de no dedicarse por completo a la escena, escribirían piezas.


Algunos relevantes ejemplos

Emilio Bacardí Moreau (Cuba, 1844-1922)

Veamos algunos: uno de los hijos predilectos de Santiago de Cuba por su magnífica labor cultural en pro de su querida ciudad, Emilio Bacardí Moreau consagraría apenas una porción de su obra dedicada a las tablas, por lo que solo dejara cuatro piezas; el habanero Antonio Bachiller y Morales, esencial en el quehacer literario de la época, quien, por su atareada existencia, apenas pudo escribir dos comedias: En la confianza está el peligro y La venta del ingenio; José Victoriano Betancourt, fundador de la revista La Siempreviva, quien publicó una comedia: Las apariencias engañan, y el bosquejo dramático en dos cuadros: La fruta del cercado ajeno; Emilio Blanchet, fundador del prestigioso Liceo de Matanzas y autor del simpático Libro de epigramas e idiotismos franceses, que fue más fértil, pues sacó a la luz y estrenó numerosas piezas, como dramas y un juguete cómico.      


Otros destacados autores

Importantes poetas escribieron reconocidas piezas, entre los que descuellan: Gertrudis Gomez de Avellaneda, José María Heredia, José Martí, José Jacinto Milanés, Joaquín Lorenzo Luaces, Rafael María de Mendive, Mercedes Matamoros y Bonifacio, quienes, con sus aportes, enriquecieron las tablas cubanas del XIX.

Gertrudis Gómez de Avellaneda – José María Heredia – José Martí.

Actores

Como los mejores autores, directores y críticos, resultaron relevantes, asimismo, no pocos actores, entre los que figuran: Pablo Pildaín, uno de los más importantes intérpretes cubanos de entonces, pues a los 18 años ya era un consagrado, y poco después crea una compañía con la que se presenta en los más importantes escenarios de la Isla, como igualmente recorre con éxito varias ciudades europeas y latinoamericanas, y sienta plazas fijas en Santo Domingo y Venezuela, donde reside buen tiempo y establece una academia de actuación.

Otro notable fue Francisco Covarrubias, quien tras estudiar latín, filosofía, cirugía y anatomía, abandona la Medicina por la interpretación, cambio que le merece no solo ser uno de los actores más populares de entonces, sino además el comediógrafo más conocido y el creador del género chico cubano, al adaptar pasos, sainetes y entremeses españoles a lo cubano, intercalando canciones en décimas que aportaban mayor popularidad a sus gustadas piezas.       

Inestimable figura actoral sería igualmente Miguel Salas, quien, hijo de francesa y español, ejemplifica la rica fusión cultural de los cubanos. Dedicado desde joven a la escena como relevante intérprete, laboraría en varias compañías de Cuba y México. Viaja a Cayo Hueso y Madrid, crea los célebres Bufos de Salas de La Habana, labora en todos sus teatros y, tras especializarse en dos clásicos personajes: «el negrito catedrático» y «el borrachito», este sería retomado y llevado a su máximo  esplendor por Guillermo Álvarez Guedes, comediante cubano de la segunda mitad del siglo XX, fallecido en el exilio de Miami. Por su popularidad, a Salas se le compara con Francisco Covarrubias, por lo que cuando muere, su grupo mantiene el nombre Bufos de Salas. Asimismo, escribiría zarzuelas bufo-catedráticas, juguetes bufo-líricos y obras en un acto.

Manuel Mellado y Montaña además de actor y director, fundaría en 1879 los populares Caricatos Cubanos. Como autor, quizás por la enorme profusión de los disparates vernáculos de la época, optó por el melodrama de acento crítico contra la pequeña burguesía, para alejarse del ambiente marginal. Dejó cuantiosas piezas, de las que solo se salvaron ocho manuscritas.     

Una larga familia que descollaría en la escena del XIX, fue la de los hermanos Robreño Puente: desde el padre Joaquín, nacido en Puerto Rico, hasta el último, dramaturgo, historiador y comentarista Eduardo, fallecido en La Habana del XX, todos se dedicaron a las tablas, en las que brillaron y la mayoría fueron intérpretes y autores.

Otra figura decisiva de la escena, Federico Villoch, dejaría la carrera de Derecho para dedicarse a la novela y el cuento, pero en 1896, se inicia con gran éxito con la zarzuela La mulata María, tras la que continúa con otras piezas en teatros capitalinos y del interior, dejando una extensa e intensa producción dramatúrgica, que incluye la clásica La isla de las cotorras, El peligro chino, Son siete colores, El lobo segundo y muchas más, y legando a la posteridad cuatrocientas zarzuelas y sainetes, como igualmente el monólogo Los grandes de Cuba.     

Quizás una de la más destacadas figuras que evidencia la riqueza de nuestra escena en el XIX, la representa Augusto E. Madam, quien fanático del teatro, no solo reuniría quince mil volumenes de teatro e intentaría publicar una Biblioteca Matancera con obras de autores de su provincia, sino que fue uno de los comediógrafos más prolíficos, pues escribiría y estrenaría comedias, bufonadas, zarzuelas cómicas, sátiras bufo-lírico-bailables y una pieza original para la época: ¡El Can-Can!, disparate cancanesco en un acto, cancano bailable, cancaneado en verso, dedicado a todos los cancanómanos, cancanófilos, cancanistas y cancaneadores, como asimismo otra muy cercana al humor contemporáneo de los cubanos: ¡¡¡Es pariente de..!!! Extravagancia comico-bufosemicatedrática, escrita en pocas horas y en versos macarrónicos.


Otro rasgo de valía

Como hemos visto, amplio era el variopinto panorama de la escena en la  centuria XIX; mas, ahora añado otro tópico de sumo interés para las tablas no solo cubanas de la época.

Sí, porque el nuevo Diccionario, precisa quiénes escribían en la Cuba del XIX un subgénero para algunos «descubierto» en la Francia del primer cuarto del siglo XX, con La voz humana, del también poeta Jean Cocteau, cuando en realidad ignoran u olvidan que el monólogo surgiría mucho antes, como género lirico-dramático, pues germinaría en el teatro clásico griego y, en especial, en el inglés, en particular con Shakespeare y su clásico «Ser o no ser», de su tragedia Hamlet, traducida al español por los también poetas cubanos Francisco de Abarzuza y Federico Milanés, quien también vertiera al español Macbeth.

Sin duda, asombra la cantidad de autores de monólogos que hubo en la Cuba del XIX, a diferencia de otros países europeos de entonces. Entre muchos más intérpretes, destacan: Francisco Javier Balmaseda, Carlos Alberto Boissier, Juan Francisco Calcagno, Mariano Corona, Ildefonso Estrada y Zenea, Eliseo Giberga, Pablo Hernández, Eulogio Horta, Emilio Pérez de Morales, Martín Pizarro, Rafael Pullés, Julián Sanz y García, Antonio Sierra y Francisco Valdés Ramírez.   

Otro rasgo no menos singular es que, de acuerdo con la idiosincrasia de los habitantes de la Isla —en cuyos genes se fusionarían las tres culturas esenciales de nuestra identidad: lo español, lo negro y lo chino—, es su carácter alegre, pero agudo, sonriente, e irónico, que se atempera con la comedia y sus variantes, por lo que ya en el XIX, aparecen autores que se adelantaron a los de otros países, incluso europeos, gracias a la comedia y otros subgéneros abordados.

No obstante, hay más, muchas más informaciones que nos ofrecen las páginas de este inestimable Diccionario que disfruté y guardo con celo entre mi no breve biblioteca teatral por lo que agradezco públicamente a Armando Nuviola, director y editor de Ediciones Unos&Otros, cuyo vasto catálogo de libros sobre diversos aspectos de la cultura cubana, sobre todo, literatura y música, es quizás el de mayor amplitud entre las editoriales floridanas.


¿Quiénes son los autores del diccionario?

Los integrantes conforman una talentosa tríada, integrada por los investigadores cubanos: Virginia B. Suárez Piña, José Servera Baño y Graciela Durán Rodríguez. Leamos  si no todos, algo de sus curriculum vitae:

Virginia B. Suárez Piña.

Doctora en Ciencias Literarias. Profesora Titular Universidad de Oriente. Otros títulos obtenidos: Diploma de Estudios Fundamentales de Lengua y Literatura Española, Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid, España. Tiene varias investigaciones sobre el tema:

  • «Apuntes para una historia del teatro en Santiago de Cuba, desde sus orígenes hasta finales del siglo XIX», en Anejo, no. XLII de la Revista de la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia, pp. 193-204, 2001.
  • «El personaje femenino en dos obras de teatro cubano del siglo XIX: dos caras de una misma moneda», en Actas del Congreso del VI Taller de Africanía en el Caribe «Ortiz Lachatañaré».  
  • «Los espectáculos teatrales en Santiago de Cuba desde 1850 hasta 1898», en Memorias de la XI Conferencia Internacional Lingüístico Literaria, 2002.
  • «Mujer y Sociedad en dos obras dramáticas de Santiago de Cuba en el siglo XIX», Revista Santiago, no. 98, 2002.
  • «El personaje del negro en dos obras de teatro en Santiago de Cuba en el siglo XIX», en Revista Santiago, sep.-dic., 2001.
  • «Obras y autores en el  espacio teatral de Santiago de Cuba colonial durante el siglo XIX», en La esencia social del teatro, Ediciones Santiago, 2006.
  • Obras y autoras dramáticas cubanas del siglo XIX, Acercamiento al drama La mulata, de Eva Canel, XI Conferencia Internacional de Cultura Africana y Afroamericana (coautora, 2010).
  • «Teatro colonial en Santiago de Cuba (1803-1898), Región y Nacionalidad», Revista La Siempreviva, s/f.
  • Apéndice en Dramaturgas cubanas del siglo XIX, de Ramón Muñiz y Roxana Mena, Ediciones  Unos&Otros, 2016.

Graciela Durán Rodríguez.

MSc Español y Literatura, Universidad de Oriente, Literatura Latinoamericana, Cubana y Caribeña, y Latinoamerica Espanol como Segunda Lengua. Idioma Francés,  

  • Apuntes para una historia del teatro en Santiago de Cuba, desde sus orígenes hasta finales del siglo XIX, en Anejo, no. XLII de la Revista de la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia, pp. 193-204, 2001.
  • El personaje del negro en dos obras de teatro en Santiago de Cuba en el siglo XIX, Revista Santiago, sep.-dic., 2001, p. 123.
  • El teatro bufo y las Relaciones en Santiago de Cuba en la segunda mitad del siglo XIX, Taller Internacional de Africanía en el Caribe, «Ortiz Lachatañeré» (2005). 
  • Obras y autoras dramáticas cubanas del siglo XIX, Acercamiento al drama La mulata, de Eva Canel, XI Conferencia Internacional de Cultura Africana y Afroamericana (coautora, 2010).
  • Apuntes para un Diccionario del teatro: Obras y autores del siglo XIX (coautora, 2011).

José Servera Baño.

Licenciado en Filología por la Universidad de Barcelona (1975), Doctor en Filología Hispánica por la Universitat de les Illes Balers (1979), Premio Extraordinario de doctorado. Catedrático de Universidad (1998), Profesor en la Universidad Islas Baleares desde 1975. Ha formado parte de diversos proyectos, como actualmente de «La obra y el legado manuscrito de Valle-Inclán: ediciones y estudios», Universidad de Compostela, vinculado a la Cátedra   Valle-Inclán. Ha desempeñado numerosos cargos académicos: Secretario de la Facultad de Filosofía y Letras, Director del Departamento (con varias denominaciones), Vicerrector de Profesorado y Vicerrector de Ordenación Académica. Además, entre otras, es autor, de investigaciones sobre ediciones de Ramón de Valle-Inclán, de la novela Sab, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, estudios de literatura española contemporánea e hispanoamericana.


Final

Si bien podría continuar reseñando este necesario Diccionario Bio-Biblográfico del Teatro en Cuba. Siglo XIX, de Ediciones Unos&Otros, creo que con lo apuntado hasta aquí basta, pues cuando un libro posee la suficiente validez, los excesos sobran. En consecuencia, concluyo mi comentario de hoy. Hasta el próximo encuentro, estimados ciberlectores de mi columna En Primera Persona.