Uno de los deberes del autor que aborde el género negro es el de vestir la piel del personaje que trata de retratar

ENTREVISTA CON DAVID MARTÍNEZ BALSA

POR ROLY ÁVALOS DÍAZ

¿Por qué tanto hincapié en abordar el género negro en tu obra? ¿Qué otras temáticas te obsesionan, además, como narrador?

El género negro siempre me ha llamado la atención, primero como lector y luego como escritor. Creo que es el género por excelencia que permite abrir mucho más el diapasón y profundizar en el aspecto psicológico de los personajes, especialmente los villanos, a quienes trato de retratar con la mayor autenticidad posible, en lugar de recurrir a la salida fácil y básica de catalogarlos de «malos» y punto, sin ir más allá. Muchos autores se resisten de mostrar las facetas más intrínsecas de una mente retorcida por temor a ser tachados ellos mismos de retorcidos, lo que a mi juicio, afecta muchísimo la verosimilitud del personaje y en consecuencia, de la historia en la que el mismo habita. Si vamos a la historia, no todos los criminales nacen ya con el instinto, a veces la vida y las circunstancias por las que transitan los dirigen a esos caminos; otros, en cambio, vienen ya con el potencial de llevar un camino torcido y tampoco reciben la ayuda o una serie de eventos los dirigen al camino oscuro. Y claro, también existen quienes nacen literalmente criminales y es muy difícil salvarlos. No obstante, considero que uno de los deberes del autor que aborde el género negro —y cualquier otro— es el de vestir la piel del personaje que trata de retratar, ser él o ella y vivir su vida, mostrarla, explicarla, sin miedo ni autocensuras por miedo a «ser mal visto».


En la novela Zil 131, publicada por Iliada Ediciones en 2024, has explorado con hondura el mismo género, con mayor profundidad. Tus personajes suelen tomar decisiones cuestionables y drásticas, a veces porque se sienten obligados. ¿Cuánto de ficción hay en tus libros y cuánto de realidad?

Aunque la ficción rige en mis escritos, siempre trato de buscar acercar mis historias al lector de forma tal que se le antojen lo más verosímiles posibles. En el caso de Zil 131, es una historia que versa esencialmente sobre la venganza y cuan lejos es capaz de llegar una persona para castigar a alguien que la dañó a un extremo irremediable. Creo que es una situación en la que podría hallarse cualquier ser humano, cuyas elecciones varían de persona en persona, pero tal vez algunos se puedan sentir identificados con el personaje y acompañarlo en su viaje junto a un asesino serial. Ahí entra en juego, una vez más, el trabajo exhaustivo en la historia y en los personajes, sin filtros, sin censuras y sin permitir que nuestros propios prejuicios atenten contra la autenticidad de la historia que llevamos al lector. El personaje obra de una manera que tal vez nos guste y tal vez no, pero debemos dejarlo desarrollarse solo, sin entorpecer su camino; contemplar e incentivar que eso suceda creo que es uno de los mayores placeres del proceso creativo.


Tanto en el cuento como la novela indagas en los rincones más sórdidos del ser humano. ¿Un escritor siempre debe poner los dedos en la llaga para hacer más creíble el relato?

Exacto. No debe reprimirse, como decía anteriormente. El autor debe consentir, dejar fluir, quitar del camino cualquier prejuicio, tanto de otros como el suyo propio y permitir desarrollarse, evolucionar o involucionar al personaje que ha creado, alcanzando así la coherencia y consistencia que aleja la historia del plano literario y la acerca más a la realidad, un detalle que el lector agradece.


Aunque el género negro tiene una larga tradición, ha hecho recorrido en ámbitos nacionales e internacionales, ¿crees que todavía precisa de mayor atención por parte de la crítica especializada?

Todavía queda mucho camino por recorrer en ese sentido. Sí, la literatura negra, que siempre ha estado ahí —muy importante esto y si vamos a la historia de la literatura, encontraremos ejemplos que datan de siglos atrás— está experimentando un auge, sobre todo en Latinoamérica, España y Estados Unidos. En Cuba también tenemos autores fenomenales del género negro, algunos radicados en el extranjero y otros todavía en la Isla, como Rafael Grillo y el recientemente fallecido Álex Padrón. Sin embargo, todavía hay editoriales o concursos, a nivel nacional e internacional, que menosprecian al género o le temen por la osadía de sus autores de tocar temas espinosos o abordar personajes polémicos. Triste que se pase por alto el nivel de oficio y destreza narrativa que se precisa para construir estos personajes e historias con la debida verosimilitud. Esperemos que eso cambie. No se puede dejar de reconocer que muchas editoriales sí dan cauce a las obras del género y mediante festivales, conferencias y eventos se le ha dado bastante promoción a la literatura negra, pero sin perder de vista tampoco que queda un largo tramo por recorrer y alcanzar una mayor visibilidad literaria, especialmente en los tiempos que vivimos, es una tarea titánica.


En tus redes sociales abundan las promociones sobre tus procesos creativos y sobre tu constante producción. Con «De ángeles está vacío el cielo» regresas al sello Ilíada Ediciones. Parece ser un libro de cuentos donde te asomas en otras zonas oscuras. ¿Cómo lo escribiste, hubo un proceso documentación? ¿Qué podremos encontrar los lectores?

«De ángeles está vacío el cielo» nació sin intención, o sea, no fue un libro planificado, al menos no en un principio. En aquel tiempo, había escrito dos novelas juveniles y pretendía tomar un reposo del proceso creativo. Sin embargo, cayó la idea de una oncóloga que va por un hospital asesinando a los pacientes terminales. Me gustó la premisa y escribí el cuento. Lo bauticé con el título que más adelante acabaría siendo el mismo del libro. Pensé que con ese primer cuento, acabaría la cosa, pero no, llegó una segunda idea, luego y otra y en aquel punto ya supe que no habría reposo de ningún tipo. Los cuentos pedían salir y debía darles cauce. Meses después, el libro estaría terminado, con diez relatos. Tampoco pude descansar mucho, tocaba la revisión y preparación del volumen para enviarlo a Iliada Ediciones, editorial a la que siempre tuve en mente proponérselo. Felizmente, aceptaron el libro y lo trabajaron con la excelencia que ya distingue a esta editorial.

El libro se mueve entre el género negro y lo cruel, con relatos que van desde lo carcelario, lo bélico, el noir, también su poco de humor negro y algo de realismo. Ya había incursionado en el género negro con mi libro de cuentos «Deambulantes» y más adelante fui un poco más lejos con la novela «Zil 131» (también publicada por Iliada Ediciones). Con este nuevo libro se imponía el reto de subir la parada, variar las temáticas y tratar de ofrecer al público lector un texto con la mayor variedad y calidad posibles. El veredicto de si lo logré o no queda en manos de quienes lean el cuaderno.

Varios de los cuentos del libro están dedicados a autores cuya obra admiro y a quienes considero amigos y maravillosas personas, como lo son Milho Montenegro, Ángel Santiesteban, Eric Flores Taylor y en especial, Rafael Grillo, a quien dedico el libro en su totalidad, por ser una figura clave del género negro, no solo como autor, sino como un auténtico erudito de la temática.

En «De ángeles está vacío el cielo», los lectores podrán encontrar de todo un poco, desde ángeles de la muerte, motines en una prisión, caníbales, la narración del hallazgo de un cadáver y su repercusión en el vecindario en el cual es encontrado, también hay duelos entre sicarios con un toque humorístico, tatuadores retorcidos y hasta un relato protagonizado por un ave de rapiña que se vuelve el aliado involuntario de un asesino en serie. Los cuentos son retorcidos, bastante oscuros e inquietantes, tal vez no aptos para ciertos lectores, pero sí algo lleva cada texto es la intención de entregar a quien lo lea, un conjunto de historias escritas con la mayor verosimilitud posible.