Clara Lecuona. Poeta, narradora y crítica literaria. Santa Clara, Villa Clara, 1971. Ha sido premiada en poesía, narrativa, décima y crítica literaria. Ha publicado De la remota esperanza (Mecenas, 2000, poesía), Antología de poemas cósmicos y líricos de Clara Lecuona (FAH, México, 2002), PreTextos (Mecenas, 2003), Estancias (Mecenas, 2007), Fragmentaciones (Sed de Belleza, 2007), Lattes Capuccino (Editorial Oriente, 2011) Su obra ha sido antologada en: Los parques, Jóvenes poetas cubanos (Mecenas – Reina del Mar editores, 2001) Antología de la poesía cósmica cubana, (FAH, México, 2002). Antología de la poesía de nueve potas hispanoamericanas (FAH, México, 2004). Antología cósmica de la poesía femenina en Cuba, (FAH, México, 2007), Queredlas cual las hacéis. XXI jóvenes poetisas cubanas del siglo XXI, (Editorial Abril, La Habana, 2007). Pertenece al movimiento internacional Poetas del Mundo, cuya sede principal se encuentra en Santiago, Chile.
–***–
Declaración de principios
He vivido muchas vidas
y en cada una de ellas he sido feliz.
Ello no me exonera de haberme equivocado
e insistir.
Las tentaciones son abalorios,
simbología de lo que en algún momento fui repetidas veces.
Al final solo he conservado una flor,
una pequeña flor que brilla
cuando en el cielo se abren las estrellas.
Ya lo he dicho:
lo diminuto se vuelve trascendente.
He declarado mi libertad de ser libre,
resguardo mi memoria en las raíces,
en el verde y leve color de los pétalos.
Miro hacia el cielo y burbujea,
acaso también soy yo una burbuja
y doy vida a todo lo que me conforta y salva.
Al final nada quedará
salvo esa flor, sobre la que detendré el camino.
Para morir de pie.
Única
Invencible
Maravillosa
¡Sola!
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Sobre mi vestido blanco
Tengo un oso de peluche.
el peluche resulta dañino a mi salud.
Aun así duermo con él algunas noches.
En la mañana estornudo.
Un estornudo puede ser un recuerdo.
A veces regalo mis recuerdos.
Nada varía solo el hecho irrefutable
de las hojas que se dispersan sobre mí,
mientras atravieso el parque.
El parque donde Martí
indica con gesto admonitorio
Siento pena de las estatuas.
tan solas.
tan llenas de palomas y mierda.
La mierda también resulta dañina a mi salud.
Digamos entonces que soy alérgica
regalo estornudos
y recuerdos.
Excepto para Martí
para su dedo que indica,
que todo me dice.
Como nada dicen estas palabras.
Ni las calles de Santa María de los Buenos Aires,
por donde transita algún conocido.
Ni Vancouver de los santos y fríos recuerdos
Ni los aires de Bajamar en invierno.
Esos mismos aires
que hacen un remolino mientras transito
escuchando música,
atravesando el parque
entre hojas que caen de los árboles.
Las hojas me rozan el rostro.
Se enredan entre mis piernas.
Sobre el cabello se extienden.
Caen sobre mi vestido blanco
como en esas películas románticas
que todos adoran
y buscan con ilusión.
Porque saben no son ciertas.
Aunque lo parezcan.
–***–
Los muertos salen de día
Jim Morrison murió un mes antes de yo nacer.
Le cantó a una mujer llamada Clara.
Quiero pensar lo hacía para mí.
El Papa se voló la cabeza.
Al final fue sólo un hombre destrozado.
Colgó los guantes,
dijo Adiós a las Armas.
Excepto a la única que necesitó.
Quiero pensar estoy junto a él.
para decirle:
Es mentira, Ernesto.
Es mentira.
Guarda el arma.
En cualquier caso separa muchas balas
no sea toquen a la puerta.
Silvia Platt decidió introducir su cabeza en el horno.
El mismo donde se deleitó
haciendo confituras de manzana.
El viejo Tolstoy también nos visita
y sonríe
mientras
Edgar se despide sobre un charco.
Un pequeño charco de agua
Un día comprendí que estaba sola.
midiendo hacia atrás las horas.
Como un laberinto.
No sé si al final alcanzaré a ver algo más.
Por el momento.
Jim Morrison y yo coleccionamos muertos.
Cierro los ojos
Él acaricia mi pelo, lo cubre
con unas extrañas flores que se me antojan violetas.
y canta: Clara.
Un mes antes de yo nacer.
