Hace ya varios años que todos los eventos literarios celebrados en Alemania insisten en mostrar una preocupación: la edición de autores latinoamericanos por editoriales alemanas no refleja la enorme creatividad literaria de ese continente. Al interés casi absoluto que se evidenció hasta fines de la década del 80 siguió un período de transformación hacia el predominio de los intereses comerciales a la hora de seleccionar lo que se publicaba y que ha terminado en la actualidad en un verdadero declive editorial.
Sobre ese tema, a partir de una entrevista realizada para la agencia alemana Deustche Welle, conversamos con la editora y ensayis Michi Strausfeld, con la agente literaria Nicole Witt y con la editora Corinna Santa Cruz, tres nombres vinculados muy directamente a la promoción, edición y estudios de la literatura en lengua española en Alemania.
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Michi Strausfeld
Estudió literatura hispánica y lenguas romances en Colonia. Es una reconocida editora y antóloga. Desde los años 60 vive entre Berlín y Barcelona. Los medios alemanes suelen referirse a ella como “la gran dama de la literatura latinoamericana”, por su larga y sólida labor de puente entre las culturas germana e iberoamericana.
Desde que en 1974 comenzara a trabajar en la más importante editorial alemana de la época, Suhrkamp, convenció al mítico editor alemán Siegfried Unseld para incluir en el plan editorial traducciones de Cortázar, Onetti, Cabrera Infante, Rulfo, Vargas Llosa, y otros, aún entonces desconocidos en Alemania. Entre 1977 y 1989 dirigió en España la colección infantil y juvenil de Alfaguara, período en el cual se editaron grandes obras literarias para niños y jóvenes. Tiempo después, en 1990, junto al fundador de la hoy prestigiosa editorial Siruela, Jacobo Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, creó la colección Las tres edades. Durante varios años continuó trabajando para Siruela y como scout y editora en Suhrkamp, hasta que esta casa editora focalizó su trabajo en literatura netamente comercial, razón por la cual Strausfeld comenzó a trabajar también como scout para otra gran editorial alemana Fischer, que mantenía su interés en la literatura de calidad. En su trabajo como editora destacan las siguientes recopilaciones: 25 Cuentos populares de Europa; Nuevos narradores cubanos; Los cuentos de la esfinge: una antología de autores de todo el mundo; Schiffe aus Feuer (Barcos de fuego), antología de 36 jóvenes escritores latinoamericanos.
¿Cuál ha sido históricamente la relación del mundo editorial alemán con la literatura latinoamericana? Sabiendo ya que todos coinciden en un retroceso, ¿en qué sentido se puede que se ha retrocedido y a qué razones podría deberse?
Fue una relación tardía. Durante los 50s y 60s, aparecieron algunos títulos, sobre todo gracias a la labor de traductores-mediadores como Curt Meyer-Clason o Karl-Augut Horst, entre otros. Se dieron a conocer autores y obras importantes ─Rulfo, Roa Bastos, Carpentier─, pero no tuvieron mucho eco en la vida literaria alemana, aunque hubo críticas favorables. Triunfaron Jorge Amado o Érico Veríssimo, y Borges fue muy apreciado por recibir conjuntamente con Samuel Beckett el Premio Formentor en 1959. Pero su lectura era para los happy few. Otros acontecimientos literarios fueron la publicación de J. Guimaraes Rosa, Grande Sertão: Veredas (1964) y Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas (1967). En 1969 fue celebrada la publicación de Miguel Barnet, Cimarrón.
Los autores del boom entraron tardía y lentamente ─ni siquiera triunfó G. García Márquez con Cien años de soledad (1970) ─; su reconocimiento fue paulatino. Rayuela de Julio Cortázar recién salió publicado en 1981, para nombrar las dos novelas paradigmáticas de los años 60. Paradiso y Tres tristes tigres también tardaron mucho hasta llegar al mercado alemán. Se hicieron esfuerzos, pera faltaba una repercusión mayor.
Esta llegó con la Feria de Frankfurt en 1976, cuando su director Peter Weidhaas ideó destacar países o continentes como “Guest of Honor”. El primer invitado de honor fue América Latina y tuvo un enorme eco mediático. Además, la editorial Suhrkamp ─en su momento, la mejor editorial literaria de Alemania─ había comenzado a publicar un programa latinoamericano desde 1974 y acumuló sus esfuerzos para publicar simultáneamente 19 títulos para esa Feria de Frankfurt. Un éxito abrumador.
El siguiente evento multitudinario fue el Festival Horizonte ’82 de Berlín en junio, donde se ofreció una amplia panorámica cultural: literatura, cine, teatro, música, exposiciones. Creo que se puede afirmar que fue un punto culminante en la recepción de la literatura latinoamericana, aumentado y fortalecido todavía más por el Premio Nobel a García Márquez en diciembre, también ese año.
Los años 80 fueron una verdadera Jauja en la recepción de la literatura latinoamericana. Los autores cosecharon éxitos de crítica y venta ─Isabel Allende fue publicada con La casa de los espíritus en 1984, un éxito millonario nunca visto antes─ y había un gran interés por el continente, también por la Revolución Sandinista, que ocupó mucho espacio en los medios.
En los años 90 comenzaron a entrar los «autores de la democracia española», y su estrella fue Javier Marías. En la primera década del nuevo siglo siguió Carlos Ruiz Zafón ─es decir, el interés por el mundo latino tuvo ahora dos partes. Hubo ferias con Invitados de Honor como México 1992 y Brasil 1993 que alcanzaron una buena repercusión, pero en su conjunto el interés comenzó a menguar ─también el interés de los medios de prensa por el continente. Hubo menos corresponsales de TV, radio y prensa, menos reportajes políticos y también faltaron los éxitos literarios que pudieran sorprender. La crítica literario echó de menos las “sorpresas” y constató: «el realismo mágico ya lo conocemos». ¿Dónde está lo nuevo? Existía, pero llegó con dificultades y sin ayuda mediática; es decir, la literatura latinoamericana poquito a poco se redujo a un ghetto de amantes ─y se publica ahora sobre todo en editoriales medianas o pequeñas, mientras en las universidades el interés no ha menguado para nada.
Los medios de prensa, entre tanto, habían descubierto otras regiones: primero, los países del ex-este después de la caída del Muro, algo lógico por la cercanía con Alemania; India con grandes autores (Rushdie, Vikram Seth, Arundhati Roy, etc.), y siempre siguió dominando la literatura anglosajona, sobre todo de los Estados Unidos. La curiosidad se desvió a muchas otras regiones…., y ni la Feria de Frankfurt de 2010 con Argentina como Invitado de Honor, ni la de Brasil en 2013, lograron más que un eco mediático muy pasajero.
Ahora es obvio: El interés por el continente ha caído en picado y la situación política en la mayoría de sus países tampoco es estimulante. Dictaduras en Cuba, Nicaragua y Venezuela ─los países con “revolución” a cuesta─; el problema humanitario y de violencia abrumadora en América Central; el giro a la derecha en Argentina y sobre todo ahora en Brasil con Bolsonaro: nada de esto invita. El proceso de paz en Colombia fue un logro inmenso que ojalá se pueda fortalecer, pero ya corre serios peligros … Erich Kästner diría: «¿Dónde queda lo positivo?».
En tal contexto la literatura lo tiene muy complicado para defender su parcela de interés conquistada con grandes esfuerzos durante varias décadas. Un panorama bastante deprimente.
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Nicole Witt
Desde 2015 dirige la Agencia Mertin Witt, fundada en 1982 para la literatura en portugués y español por la más renombrada agente literaria alemana: Ray Güde Mertin (1943-2007).
En 1982, Ray Güde Mertin, considerada por la prensa alemana como otra de las grandes damas promotoras de la literatura extranjera en Alemania, fundó la Agencia Literaria Mertin dedicada a la divulgación de la literatura en portugués y español, haciendo especial hincapié en la narrativa para adultos. Representando a autores de primera línea como el premio Nobel José Saramago, el chileno Luis Sepúlveda y la española Almudena Grandes, entre otros, esta agencia se convirtió en una de las más respetadas a nivel internacional. En 2007, tras la muerte de Güde Mertin, Nicole Witt asume el mando hasta que en 2015 la agencia comienza a funcionar bajo un nuevo nombre: Agencia Literaria Mertin Witt. En 2015, recibió el premio al mejor agente del año, entregado por la Feria del libro de Londres y la asociación de editores británicos.
Creo que el descubrimiento de la literatura latinoamericana para el público de masas se produjo con el boom de los años 80. Y creo importante resaltar lo de «público de masas», porque en décadas anteriores ya se traducían autores latinoamericanos al alemán, pero eran tiradas más bajas, que no llegaban a todos los lectores. El boom de los 80, la concesión del premio Nobel a García Márquez, el éxito de Cien años de soledad, los grandes nombres de las literaturas latinoamericanas (Borges, Vargas Llosa, Paz, Allende, etc.) abrió un mundo al lector alemán que era muy desconocido. Creo que hay algunos elementos que ayudaron a popularizar estas literaturas. Los elementos del realismo mágico, por ejemplo, creo que contribuyeron a que el público alemán se interesara más por aquellos países, con formas de vida y de pensamiento diferentes a las alemanas. Creo que también en aquellos tiempos los movimientos políticos, revoluciones, fin de dictaduras convirtieron a Latinoamérica en una zona del mundo muy interesante para el público alemán. La literatura, las formas de escribir, las historias contadas, por supuesto, que también eran de gran calidad.
Hay una serie de elementos que explican el retroceso actual. Diría que existe un declive general en el mercado de los libros. En la actualidad se venden menos libros y las ventas se concentran en menos títulos. Las editoriales pretenden publicar best-sellers «garantizados», siguiendo tendencias desde ya exitosas, una política que deja menos espacio a la diversidad cultural. La literatura en lengua española hoy en día es casi una literatura exótica, ocupando alrededor de 3% de las traducciones, cuando se traduce alrededor de un 62% del inglés. Tal vez también falten grandes nombres que dominaron el boom de los 80. Diría que existen, pero son más difíciles de promocionar. También me parece que a nivel político-social Latinoamérica, en general, ya no es tan interesante como zona del mundo en la que pasan cosas, o los acontecimientos y desarrollos son demasiado frustrantes. Países como India o China tienen más influencia en el mundo; África, los países musulmanes, entran más a menudo en los titulares que Latinoamérica y se sienten más cercanos en el contexto de la migración.
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Corinna Santacruz
Latinoamericanista, editora y filóloga. Durante diez años fue editora de literatura latinoamericana en la editorial Suhrkamp Verlag, y desde 2015, trabaja en S. Fischer Verlag, primero como editora en el departamento de literatura internacional y luego, en el de literatura juvenil. A lo largo de su carrera ha estado a cargo de varias antologías y de textos de autores latinoamericanos como Fernando Vallejo, Sergio Álvarez, Antonio Ungar, Roberto Bolaño, Yuri Herrera, Élmer Mendoza, Horacio Castellanos Moya y Ángel Santiesteban. En 2018, cuando Fischer cierra su redacción latinoamericana, se traslada a otra casa editora: Büchergilde Gutenberg.
En los años 1970 y 1980 los lectores alemanes descubrieron el continente latinoamericano por su literatura. El boom llegó como un huracán: había hasta entonces desconocidas, “exóticas” voces, nuevas formas de contar. El realismo mágico conquistó los corazones de los lectores alemanes. Era como sentir de pronto el sol tropical en los días grises en tiempos de la Guerra Fría. La editorial Suhrkamp era la que más destacaba, con autores como Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Isabel Allende, y muchos más.
En los años 70 y 80 Latinoamérica estuvo muy presente sobre todo en círculos intelectuales en Alemania, en la generación de los 68. Se apoyaba a los sandinistas en Nicaragua, se manifestaba contra las dictaduras en el subcontinente. Y se leía a los autores latinoamericanos. Entonces cayó el muro, cambiaron las perspectivas en Alemania y en Europa. Desde entonces sí está retrocediendo el número de los lectores de literatura latinoamericana y, por lo tanto, la producción de libros de autores latinoamericanos en Alemania. Pero eso también es parte de una “normalización”: Un boom no dura para siempre.
Pero también es verdad que Latinoamérica parece estar otra vez muy lejos de Europa. ¿Será por qué, visto desde acá, no entendemos las realidades de este subcontinente que cambia muy rápidamente? ¿O hay tantos cambios que, al final, parece no cambiar nada? Siempre las mismas noticias sobre narcotráfico y violencia, crisis económicas y refugiados, gobiernos de izquierda y ultra-derecha ─aunque sí, también se escucha de algo de apertura en Cuba, de una paz frágil en Colombia.
Tampoco hay que olvidar que “gracias” a los medios sociales hay un cambio radical a nivel internacional: cada vez hay menos lectores de libros. Las listas de los bestseller se parecen en casi todos los países: hay pocos libros que realmente venden ─y raras veces entre ellos es literatura latinoamericana, ni en los propios países.
Sin embargo, sigue habiendo bastantes traducciones de autoras y autores latinoamericanos: podemos leer en alemán a Claudia Piñeiro, a María Sonia Cristoff, a Nona Fernández, a Samanta Schweblin, a Eduardo Halfon, a Guillermo Arriaga, a Guadalupe Nettel, a Piedad Bonnett, a Arnoldo Gálvez Suárez, a Antonio Ruiz-Camacho, a Mariana Enriguez, a Antonio Ortuño, a Rodrigo Hasbún, y al cubano Ángel Santiesteban (¡y eso antes de que se pueda leer en castellano, porque la primera edición de su libro es en alemán!).



