"Tengo un empeño a lo largo de mi obra, el de explicarme la inmoralidad en cualquiera de sus plasmaciones"

Conversación con el escritor Juan Ramón Biedma

Por Amir Valle

La primera vez que oí hablar de Juan Ramón Biedma fue en una conversación entre los escritores cubanos Justo Vasco y José Latour, en la casa que habitó Latour en Gijón hasta que decidió irse con su familia a Canadá. Como siempre pasa entre cubanos, y más si son amigos, la conversación era cualquier cosa menos seria, y por esos rumbos llegamos a un tema en realidad simplón: el de los escritores que roncan. Y, como también pasa entre los cubanos, cada uno de nosotros intentaba contar una anécdota que superara a la ya hecha por quien había tenido antes el turno de la palabra. Yo hablé de los míticos ronquidos de mi hermano, el novelista Guillermo Vidal; Latour habló de alguien del gremio, un escritor búlgaro a quien yo no conocía, y ya al final, mientras se reía sin poder contenerse, con esa risa limpia que todavía extrañamos desde su muerte temprana en 2006, Justo Vasco dijo: «Que le pregunten a Biedma quien es el tipo que más ronca en el mundo». Y ahí nos lanzó una anécdota en la que, si mal no recuerdo, Biedma estuvo a punto de degollarlo como única salida para librarse de los ronquidos de Justo, en un evento en el cual estuvieron juntos en una habitación. Quizás Biedma pueda decir si esta anécdota es cierta o no. Pero luego, cuando pregunté quién era el tal Biedma, Justo me dijo que era uno de los mejores tipos que él había conocido: «de esos que conoces y se convierten en un hermano sin que ni cuenta te des».. Lo de buen tipo, debo aclarar, lo dijo con otras palabras, impublicables al menos en esta revista que pretende mantener cierto sentido del buen hablar.

Entrevistado y entrevistador en San Sebastián, 2007.

Entrevistado y entrevistador en San Sebastián, 2007.

Para quien lea esta entrevista será obvio que no equivocaba Justo Vasco, mi mayor promotor en España junto a nuestra amiga la editora Nicole Cantó: sólo así podrá explicarse el lector que mi amistad con Biedma haya durado ya por más de 10 años. A nuestros encuentros durante varias Semanas Negras, en Gijón, mi memoria suma una invitación que nos hicieron a un evento en San Sebastián en el año 2007. Y en todos esos momentos he podido comprobar que Biedma es de esos amigos que, aunque la distancia lo mantenga a uno alejado, siempre está ahí y cada reencuentro es como si hiciera sólo unos minutos desde la última vez. Para mayor suerte, es de esos escritores que te sorprende con cada nuevo libro. Por eso es un placer enorme que haya accedido a que le dediquemos este dossier y que nos haya concedido esta entrevista.

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A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Juan Ramón Biedma? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Juan Ramón Biedma, el ser humano y Juan Ramón Biedma, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

Juan Ramón Biedma, escritor.

Me piden una semblanza de mí mismo como escritor, al margen de mi condición humana, y creo que, a estas alturas de mi vida es de las más difíciles escisiones que me puedo plantear.

Hubo momentos, cuando yo era un escritor que aún no había publicado su primera novela y me ganaba la vida con trabajos, a veces muy absorbentes, en los que me plantee dejar de escribir para siembre, quitarme de las letras como quien se quita de la heroína… incluso me tracé mi propio plan de desintoxicación. No lo logré. Recaí siempre.

Como decía al principio, mi posición ya es otra -económicamente peor, claro-, pero he tenido la suerte de que poder incluir mi vocación dentro de mis parámetros de identidad; nunca he querido otra cosa.

 

Juan Ramón Biedma, ser humano.

O sea, el tipo que mira a su alter ego escritor, le sonríe con sarcasmo, le cuenta alguna anécdota desquiciada y le pide que siga escribiendo tranquilo, que ahí esta él para ocuparse de las necesidades menores como vivir y demás.

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Los inicios

Cuando se lee tu biografía se nota un grupo de transiciones curiosas: del Derecho a la escritura, de la locución radial a la ficción escrita, de la colaboración en prensa a la obsesión novelística… pero, parafraseando una conocida frase, «todos los caminos conducen»… a la literatura. ¿Cuándo comenzó tu interés por, como diría nuestro amigo Justo Vasco, «meterle mundos vivos a la página en blanco»?

No recuerdo una sola época de mi vida, por temprana que fuera, en la que no quisiera ser escritor -nuestro querido Justo sí que sabía definir bien ese oficio- y, por lo tanto, las transiciones hacia una ocupación tan demencial han sido múltiples y variadas.

Aunque seguro que la primera que citas, la de abandonar mis estudios de Derecho para dedicarme a escribir fue la más traumática, no para mí, que era, como ahora, un jovenzuelo con una energía inagotable para las empresas absurdas, sino para mi entorno, en los que ya vi para siempre esa triste mirada de los que siguen la trayectoria de quien se dirige irremisiblemente hacia el abismo.

 

Me gustaría hablar de las transiciones que mencioné antes, aunque te propongo hacerlo en un único sentido: pensándolo con la mayor frialdad científica posible, ¿cómo crees que han contribuido el estudio de Derecho, trabajar en la radio, escribir guiones de cine o artículos para la prensa, en el escritor que eres?

La universidad te enseña, sobre todo, que cualquier afán de conocimiento es, en última instancia, autodidacta; si no pasas por sus aulas y tratas con el personal académico, corres el peligro de mitificarlos y de desechar proyectos por la necesidad de afrontarlos en solitario, que es al final, el destino de todo escritor.

En cuanto a guionizar historias para que sean interpretadas en otros medios (radio, televisión o cómics) me han servido como el mejor campo de entrenamiento para afinar diálogos y desde luego para condensar las tramas, sobre todo en un mundo tan inexplicablemente indulgente con las historias estúpidamente hipertróficas.

Y en la prensa, me espera la realidad, claro. De ahí mi progresiva tendencia a mentir, tergiversar, sustraer, sustituir y, en definitiva, inventar informaciones.

 

Con el escritor cubano Justo Vasco (La Habana, 1943 - Gijón, 2006)

Con el escritor cubano Justo Vasco (La Habana, 1943 – Gijón, 2006)

Una de tus virtudes, lo sabemos quienes te conocemos, es tu respeto por la fidelidad a los amigos. Eso me anima a preguntarte por esos nombres que, en tus inicios como escritor, fueron imprescindibles como apoyos en momentos usualmente tan difíciles. ¿Cuándo piensas en esos momentos antes de El manuscrito de Dios, qué rostros, qué nombres te vienen a la mente?

Verás, tengo como orgullosa credencial, ser el único escritor inédito invitado a la Semana Negra de Gijón, cuando ya había ganado el concurso que llevaría a la imprenta El manuscrito de Dios pero aún no estaba publicada. Allí me esperaban veteranos autores como Franco Mimmi y Pedro Gálvez, que me recibieron con el respeto y el afecto que dedicarían a cualquier compañero de toda la vida.

Con Paco Ignacio Taibo II, en Semana Negra de Gijón.

Con Paco Ignacio Taibo II, en Semana Negra de Gijón.

También estaban allí nuestro añorado Justo Vasco, a quien sigo echando de menos, y a Cristina Macía, que ahora es parte de mi familia; ambos me acogieron con un cariño y una generosidad debidas exclusivamente a mi buena suerte.

Y por último, a Paco Ignacio Taibo II. A ninguna otra persona he llamado mentor en toda mi vida. No creo que haya conocido a nadie a su altura -a todas sus alturas-. Sólo siento que vivamos en el margen equivocado del océano.

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La obra

Llegado a este punto, como hacemos con nuestros autores, te propongo un paseo memorioso por tu obra. Yo mencionaré un título y tú, como pie forzado, debes imaginar que quieres meterle ese libro por los ojos a un posible lector, así que debes resumir de qué trata en no más de un párrafo.

 

El manuscrito de Dios:

Una novela milenarista que desarrolla la idea de un Santo Oficio que ha sobrevivido hasta nuestros días, contada con personajes, escenarios y configuración de novela negra.

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El espejo del monstruo:

Un thriller realista con la intrascendente particularidad de que casi todos los personajes sufren alguna clase de malformación: son siameses, tienen tres brazos, dos cabezas… Lectura obligatoria en la facultad de medicina de ciudad de México.

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El imán y la brújula:

España, 1926. Un desertor de la guerra de Marruecos es contratado para encontrar en el Madrid de la época tres snuff movie rodadas por un grupo de aristócratas. Premio Hammett. Premio Novelpol. Premio Crucedecables.

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El efecto Transilvania:

Esta novela se puede leer como una novela de aventuras protagonizadas por chicos de catorce años en una extraña Sevilla (están construyendo una pirámide en el centro de la ciudad, hay una niña condenada a muerte cuya pena se ejecutará públicamente…) o como el primer brote esquizofrénico de un adolescente.

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El humo en la botella:

Aunque es una novela independiente de El efecto Transilvania, esta historia está protagonizada por los mismos chicos que la anterior pero retomados catorce años después, tras haber pasado por toda la aplastante maquinaria asistencial para enfermos psiquiátricos del país. Premio Novelpol. Premio especial del director de la Semana Negra de Gijón. Premio la Gangsterera…

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Antiresurrección:

Una novela genuinamente negra que transcurre en una Sevilla plagada de zombis. Una ciudad  que ya ha experimentado el fin del mundo e intenta seguir adelante. Finalista Premio Celsius. Finalista Premio Novelpol.

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Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado (Londres, 1891):

En el Londres de finales del XIX, cinco niñas -herederas de los cinco hombres más poderosos del imperio- han sido secuestradas; un individuo que vive del negocio del desentierro es uno de los encargados de buscarlas. Al mismo tiempo, Sherlock Holmes y el profesor Moriarty despliegan su batalla final. Premio Valencia a la mejor Novela Negra. Premio al “Mejor villano de novela” concedido por el JAR.

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La lluvia en la mazmorra:

España, 1930. Durante los tres últimos días del mandato del dictador Primo de Rivera, desaparece una de las divas más reconocidas del teatro nacional y una joven dramaturga, un sereno con un oscuro pasado y Enrique Jardiel Poncela (sí, Enrique Jardiel Poncela) intentan dar con su paradero.

 

En tus novelas hay un curioso entramado que se aparta de las modalidades. Son, en simples palabras, la conjunción de miradas hacia «lo negro», trátese de la novela negra, el thriller histórico, el horror apocalíptico o eso que algunos críticos han llamado neogótico criminal. Como vemos, etiquetas que al final intentan definirnos, y muy pocas veces lo consiguen. Pero, ¿cómo se define a sí mismo Biedma como escritor?  
Con la escritora española Nerea Riesco.

Con la escritora española Nerea Riesco.

Las etiquetas nos llegan desde observadores publicitarios -y debe entenderse aquí el término publicitario en toda su amplitud, incluyendo las opiniones que los lectores y críticos nos transmiten a todos-, pero es lógico que esos epígrafes que a veces nos acompañan para siempre no profundicen en cuestiones estilísticas y de contenido, por otra parte tan vinculadas entre sí.

Por lo que puedo entrever, yo tengo un empeño a lo largo de mi obra, el de explicarme la inmoralidad en cualquiera de sus plasmaciones y hacerlo con una ausencia tal de reconvención que a veces me sorprendo alineado en el lado incorrecto -siempre que pueda recordar a qué bando se debe aplicar ese adjetivo.

Y ese propósito lo llevo a cabo a través de una mirada en la que se mezclan lo irreal con el naturalismo, dos herramientas de las que me sirvo también para intentar enriquecer mis escritos desde un punto de vista formal.

En fin, que es mucho mejor seguir sin asignarme una categoría exacta o conformarme con las de siempre.

 

En todos los casos, al menos desde mi perspectiva, focalizas tu mirada en búsqueda de esa bestia que todo ser humano es. Escuché en una presentación en Semana Negra a otro querido amigo, Paco Ignacio Taibo II, decir que tu poética era la de desnudar las miserias humanas que llevan a nuestra especie a ser los más dignos representantes del Ángel Caído aquí en la tierra, algo así, decía él, como que los demonios del infierno se quedan pequeños ante nuestra infernalidad. ¿Qué te impulsa a hurgar en esos terribles y oscuros submundos?

Cuando era joven y volvía a casa por la mañana tan borracho que empezaba a despejarme, más de una vez me decía algún amigo o alguna chica -recordando algún infame episodio de la noche anterior-, Juan Ramón, tienes imán para la gente más arrastrada, para lo peor.

Esto siempre ha sido así, hasta el punto de que, para contestar a tu pregunta, es muy posible que en mis historias sea esta gente la que me busca a mí en mis escritos y no al contrario.

 

En la presentación de "Antiresurrección" junto a Celia Santos y Alejandro Colucci.

En la presentación de «Antiresurrección» junto a Celia Santos y Alejandro Colucci.

Muchos coincidimos en que pocos escritores españoles del género negro logran conformar atmósferas tan compactas en su sordidez como las tuyas. Justo Vasco llamaba a tus atmósferas «un terror que se respira». No hay que mirar muy lejos para descubrir que tus fuentes pueden estar en esas zonas de la realidad moderna que, en esencia, son así, pero, ¿de qué otras fuentes has bebido, qué otras influencias has tenido específicamente en ese aspecto que, siempre, permite que tus escenarios «se vean», como si estuviéramos leyendo un comic o viendo un filme gore?

Los maestros de la atmósfera, tú bien lo sabes, están a nuestro alrededor en las bibliotecas, desgraciadamente más intactos de la cuenta en la actualidad. Zola, Dostoyevsky o Sábato nos enseñaron que se podía decir más de alguien o de algo haciendo estallar su entorno inmediato en llamas o aguaceros que intentando dirigirnos directamente a su esencia.

 

Pregunta en dos partes: primero, define qué es Sevilla para ti, la real, esa que habitas ahora mismo y, segundo, ¿por qué convertir una ciudad míticamente identificada con lo bello, lo turístico-histórico, lo «andaluz», lo sensual ibérico, en un antro apocalíptico, infernal, donde el horror y la podredumbre humana adquiere un protagonismo tan presente y sonoro como una sevillana?

Si por una vez quiero ser honesto al expresar mi opinión, no tengo más alternativa que darte una respuesta unitaria. Es cierto que Sevilla es una ciudad maravillosa, con una características físicas, ambientales y arquitectónicas que la ponen a la cabeza de cualquier ranking de modelo urbanístico, pero a un paso de esta superficie, a sólo unos centímetros, se encuentran un enorme núcleo de población asolada por el paro, la falta de tejido industrial, la insuficiencia del sistema sanitario, las carencias culturales y educativas que han dado lugar, por ejemplo, a algunos de los ghettos más longevos, peligrosos y míseros de Europa. Y esta desigualdad no es nueva. Ya se podía apreciar en el Siglo de Oro. Lo malo no es que esta situación se manifieste en mis novelas, lo malo es que nada parece indicar que vayamos a experimentar ningún cambio.

 

En uno de tus más recientes libros: Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado, rindes un claro homenaje a un ícono de la literatura del género negro: el eterno enfrentamiento de inteligencias entre Sherlock Holmes y James Moriarty, pero en este caso la zambullida ya el escenario no es esa Sevilla que siempre ha sido casi un personaje de todas tus novelas. Ahora son los bajos fondos de la marginalidad victoriana en Londres. ¿Por qué ese cambio de escenario?

En realidad fue una concatenación de circunstancias.

La idea central era construir una novela alrededor de un villano, un villano con un cometido y una personalidad tan atractivas en su implacable crueldad que fuera  lo suficientemente poderoso como para propulsar una historia hasta su final.

El contexto victoriano vino de la mano de Moriarty, el malvado de los malvados, probablemente el personaje de la historia de la literatura que ha alcanzado mayor trascendencia tras el tratamiento más breve por parte de su autor.

Y de ahí a invitar al lector a sumergirse en la miseria extrema del Londres de la época, sólo quedaba un paso, el del compromiso social de siempre.

 

Estación de metro de Alcázar del Genil: Juan Ramón Biedma con Javier Márquez en la presentación de Autofobia.

Estación de metro de Alcázar del Genil: Juan Ramón Biedma con Javier Márquez en la presentación de Autofobia.

Y, más recientemente, Autofobia, esta vez en otro género: el cuento. Sé que estamos aún en tiempo de promoción así que ahora te impongo el reto de hablar extensamente de ese libro: ¿se apartan de «tu usual mirada»?, ¿cómo surge la idea de este libro?

Todo lo contrario, para bien o para mal, los relatos tal y como yo los concibo, recogen sustancialmente las intenciones y el estilo sin las posibilidades de camuflaje que proporcionan las obras de mayor extensión.

Autofobia es la reunión de todos los relatos que he publicado hasta ahora en un solo corpus, una antigua solicitud de mis lectores, ya que muchas de las antologías donde fueron publicados originalmente ya no son accesibles. Supone, por lo tanto, una revisión a los últimos quince años de trabajo y de la mayoría de los temas, épocas y géneros por los que me he interesado en este tiempo. De manera que en sus páginas nos encontraremos con un thriller protagonizado por una funambulista, el monstruo de Frankenstein en la Guerra Civil española, un sacerdote que facilita el camino al purgatorio, la descripción de la noche de Reyes para un pederasta, lo que nos deja un objeto volador no identificable en la España de 1834, un relato pornográfico conducido por una detective de doce años…

 

 Quienes te conocemos, sabemos bien que no paras de escribir. Así que se impone una última pregunta: ¿qué escribes actualmente y, en el actual panorama editorial español, qué perspectivas ves de que no se queden apolilladas en una gaveta?

Espero que no, amigo mío, lucharemos con todas las armas, incluyendo las más atroces, para seguir publicando.

Tengo un policíaco, quizás lo más rigurosamente de género negro que haya escrito, situado en las Tres mil viviendas, donde conecto el feminicidio y la vida en el ghetto entre Sevilla y Ciudad Juárez. Es también mi obra más romántica -que era la única asignatura que nos quedaba por mencionar en esta magnífica entrevista.

Y estoy trabajando en una obra a cuatro manos donde una compañera y yo damos una vuelta al llamado falso periodismo. Por cierto, hermano, que estoy deseando saber tu afinadísima opinión sobre ella.