La escena argentina en Miami:

Cirko Teatro en Teatro Ocho

Waldo González López

Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”

                                                Jorge Luis Borges

El teatro argentino nace con el estreno de Juan Moreira, a partir de la clásica novela gauchesca de Eduardo Gutiérrez, publicada como folletín entre 1879 y 1880 en el diario La Patria Argentina. Mas, en 1884, Gutiérrez reescribió la obra como ‘mimodrama’ para representarse en el circo, con lo que surgió el teatro rioplantense.

Tan importante fue y es el humor en el país, que el seis de octubre de 1921 fue instituido como el Día del Circo, en homenaje a Pepe Podestá, quien nacido esa fecha en el Montevideo de 1858, desarrollaría una labor pionera, pues creó el circo criollo y ‘Pepino el 88’, payaso que fue modelo del cómico rioplatense.

Por ello, con el circo, nacería el humor que, en la tierra de Jorge Luis Borges [del que muchos ignoran su aguda veta humorística], posee una intensa y extensa trayectoria y una larga tradición surgida entre canónicos comediantes que se darían a conocer en el propio circo, como luego en el teatro y la cinematografia rioplantenses, la que, por su rigor, calidad y profesionalismo, crearía una industria reconocida en Latinoamérica y Europa, cuyos dramaturgos influirían en sus colegas y guionistas, como en los directores y actores del país. De tal suerte, no pocas cintas filmadas en los ‘40s y ‘50s aun se pasan en gustados espacios de  canales latinos de Miami y otras ciudades latinoamericanas.

Gracias a ello, muchos abuelos de hoy recuerdan gratos momentos de su infancia, adolescencia y juventud frente al televisor disfrutando los filmes con actores de la talla de los también míticos cantantes Carlos Gardel y Libertad Lamarque, tales los notables intérpretes-humoristas que descollaron en programas de cine y TV: Niní Marshall, Luis Sandrini, Enrique Pinti, Alfredo y Carmen Barbieri, Tato Bores, Gogó Andreu, Pepe Iglesias, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Antonio Gasalla, Juan Carlos Calabró, Juan Carlos Altavista, Pepe Arias, Juan Carlos Mesa, Cacho Garay y tantos otros que prevalecieron por su talento sin nunca emplear la vulgaridad, el mal gusto, la procacidad, sino apenas las ‘segundas intenciones’ alusivas a situaciones referentes al sexo.

Si buscamos otro ejemplo en Latinoamérica, tenemos en Cuba al clásico actor y humorista Leopoldo Fernández, quien tras décadas de preferencia entre los nacidos en la Isla, durante su última presentación en La Habana aludió al sangriento tirano Fidel Castro, osadía que le valdría prisión, donde enfermaría por las torturas padecidas en la carcel, hasta que por fin  pudo exiliarse en Miami, donde continuaría su exitosa carrera, la más importante entre los humoristas latinos de la época, al punto de que aún se pasan en numerosas radios y televisoras latinas sus programas y filmes con sus gustados personajes Tres Patines, Pototo y otros, en los que jamás mostrara la más mínima nota de grosería, ni empleara un lenguaje soez.

 

Descubrir Cirko Teatro

Casi desde que arribé a Miami con mi esposa, la también escritora, Mayra del Carmen Hernández el primero de Julio de 2011, conocí varias salas escénicas, entre ellas, dos latinoamericanas muy concurridas que coinciden en que son dirigidas por sendas duplas integradas por Teatro Trail y el Café Cantante Catarsis, a cargo de los colombianos: la actriz y humorista Marisol Correa y el administrador Jorge Angulo, y Teatro Ocho, dirigida por los actores y directores argentinos Jessica Diéguez y Alejandro Vales, a cuya valiosa labor dedico mi columna de hoy, con la siguiente entrevista.

 

Jessica y Alejandro:¿estudiaron artes escénicas en Argentina; cuándo, cómo y dónde surgió la idea de fusionarse en el tándem de valía Cirko Teatro y luego Teatro Ocho? ¿El proyecto comenzó en Argentina cuando iniciaban su vida en pareja o luego en La Florida, donde llegaron cuándo?                                      

Bien, Waldo, sí estudiamos actuación, con Agustín Alesso, Franklin Caicedo y Cora Roca entre otros profesores. Jessica proviene de una familia de titiriteros, el Grupo Marionet, fundado por su padre Alberto Joaquín Álvarez Diéguez, de quien heredó la pasión por la escena. En nuestro país, laboramos como clowns en shows callejeros ‘a la gorra’ como Enriqueta y Agapito, entre otras obras. Pero te digo más sobre Jessy: Igualmente desde chica formó parte de producciones, como La niña boba en el histórico Teatro San Martín.

“Llegados aquí hemos hecho varias cosas, como nuestro show teatral El Circo de Enriqueta y Agapito en el Archst Center y Teatro Abanico entre otros espacios. Luego abrimos una pequeña sala en Hialeah Gardens: la Sala Cirko Teatro (de ahí el nombre de nuestro colectivo), donde hicimos el primer Ciclo de Teatro Argentino en Miami, cuando presentamos El acompañamiento [Carlos Gorostiza] y Destino de dos cosas o de tres [Rafael Spregelburd], un día lo dedicamos a monólogos, en el participaron artistas del patio y tuvo un gran éxito. Luego este espacio se inundó, nos aumentaron la renta y decidimos alejarnos. Volvimos a la actividad teatral con “Plástico” y “Pasional” de mi autoría en Microteatro cuando se hacía en el Koubek Center, después llegaría el éxito de Esperando la carroza [Jacobo Langsner], con un amplio elenco en el Teatro Bellas Artes, al que seguiría el ofrecimiento de hacernos cargo del Teatro Ocho, nuestra casa hasta el día de hoy, donde nos conociste tiempo atrás.

“Tú que la has apreciado en numerosas obras, sabes que Jessica es una actriz que se caracteriza por su garra e interpretación, su naturalidad, el manejo de las transiciones y una gran capacidad para hacer reír, haciendo del humor su arma predilecta. Por ello, en 2013 decidió producir y formar parte de Esperando la carroza, también participó del TEMFest 2013 con Todos los televisores van al cielo con dirección mía; Cien veces no debo [de Ricardo Talesnik], TOC TOC [Laurent Baffie], Las novias de Travolta [Andrés Tulipano], Bajo terapia y Casados sin hijos, ambas con mucho éxito [Matías Del Federico], Busco al hombre de mi vida [Daniela di Segni y Andrés Tulipano [en esta Jessica fue directora], El Test [Jordi Vallejo], Histeriotipas Histeriotipos [Claudia Morales, tambien dirigida por ella], Por el placer de volver a verla [del canadiense Michel Tremblay, donde actúa y dirige, traducida por Pablo Rey y adaptada por Manuel González Gil, actualmente en cartel] y nuestro inmediato estreno Para normales [asimismo de Matías Del Federico, en la que actúa y dirige. Por su pasión y por tanto que ha hecho y hace a diario en favor del teatro, el ex Alcalde, Tomás Regalado, le entregó La Llave de la Ciudad.

 

Desde los inicios de la compañía en la sede de Miami, han propuesto piezas del  ámbito escénico argentino, por la intensa y extensa tradición de la comedia en el cine y el teatro rioplatenses, algunos de cuyos grandes actores homenajean en el foyer del teatro, tales el recordado Pepe Biondi —quien vivió y trabajó en La Habana [previo al desastre de 1959], donde el 23 de febrero de 1958 fue secuestrado por un comando ‘rebelde’, que buscaba empañar una fecha festiva del régimen del anterior dictador Fulgencio Batista [quien nunca fue tan asesino como el por fin muerto Fidel Castro] con el lema “Esta noche no debe reír”—, como asimismo los grandes Alberto Olmedo y Jorge Porcel, entre otros. Pero en ocasiones, han puesto otras hispanas e, incluso, canadienses, como la excelente pieza de Michel Tremblay: Por el placer de volver a verla, uno de los títulos de mayoría de edad de Cirko Teatro. Pienso que tal idea le ha provisto a la compañía un loable ejemplo: dar a conocer en nuestra ciudad piezas desconocidas de Argentina de gran calidad en puestasmuydignas. ¿Qué piensan al respecto?

Sí, creo que desarrollamos una actividad que necesita reconocimiento. Trabajamos desde una honestidad brutal, verdad y humildad, poniendo nuestra innegable identidad y creemos que es fundamental que todos lo hagamos desde ese lugar: sería inútil tratar de representar algún trabajo desde un lugar que no nos pertenzca, o que carezca de nobleza, pues perderíamos organicidad y verdad. El neutro lo dejamos para la televisión, nuestro lenguaje en el teatro debe ser lo mas real y alejarlo de lo que somos haría inútil nuestra labor.

“En cuanto a la elección de dramaturgos argentinos en su mayoría es por una cuestion de dar a conocer un poco de las historias que se cuentan y ponen en la tierra de donde venimos. En su mayoría hemos representado obras de autores argentinos, entre ellas tuvimos piezas de dramaturgos de Uruguay, España y Canada.”

 

Justamente la decisión de ofrecer a los latinos comedias argentinas de calidad, les ha aportado un público fijo y variopinto, no solo rioplatense, que asiste a sus aplaudidas puestas, interpretadas por un elenco de actores casi siempre argentinos. ¿Esta rigurosa selección de intérpretes se debe a la reconocida calidad de los actores de vuestro país, sin duda, los mejores de Latinoamérica, porque han bebido de la escuela europea?

Que trabajamos solo con actores argentinos, es un mito, y no es así, como sabes. En Cien veces no debo, de Ricardo Talesnik estuvo el actor colombiano Amilkar Barros; en una de las puestas de Destino de dos cosas o de tres, del dramaturgo, director, actor y traductor Rafael Spregelburd, participó el cubano Yesler de la Cruz. En una temporada de Esperando la carroza, de Jacobo Langsner, estuvo la uruguaya Verónica Pereyra, en Busco al hombre de mi vida, marido ya tuve, de Andrés Tulipano, participaron el colombiano Danly Arango y la mexicana Anna Sobero.

Pero hay más: en Bajo Terapia, de Matías Del Federico, actuaron los venezolanos Gabriela González y Fran Medina, este también colaboró con Histeriotipas Histeriotipos, de Claudia Morales, y para nuestro inmediato estreno Para Normales, de Matías Del Federico y Daniel Veronesse, está ensayando la actriz española Elena.

“Vamos trabajando y buscamos actores que esten cerca a nuestra forma de contar las historias, que no quiere decir que sea la mejor, es nuestra forma, para nosotros es muy importante que la organicidad y la contradicción humanas estén en escena mientras contamos nuestras historias, y si tú, Waldo, afirmas que son los mejores, por algo será”.

 

Como otros colegas, he disfrutado y, por supuesto, comentado en mi columna de teatroenmiami.com como en el blog Gaspar. El Lugareño no pocas puestas en Teatro Ocho, desde que ustedes asumieron esta importante sala de la Calle Ocho, donde han continuado la magnífica labor del actor y director cubano Marcos Casanova. En tal sentido, ¿qué piensan al respecto de la labor realizada por ustedes durante los años que llevan en este espacio; se sienten satisfechos del trabajo realizado?

Estamos muy contentos, orgullosos y buscando todo el tiempo, comedias (es lo que el público quiere ver) con un contenido de interés para contárselas a nuestros espectadores, como también empezar a trabajar con obras más difíles de aceptar por parte nuestro público, pero que a nosotros como actores nos enamoran. Nosotros dejamos el corazón en cada trabajo que hacemos con un auténtico amor a cada historia que contamos, Cabe recordar que en nuestra sala imparten clases de actuación las también actrices Carolina Laursen y Victoria Murtagh (egresada del IUNA), quienes tienen tres grupos con los que presentan con mucho éxito y aceptación las obras que montan con los actores de los talleres”.

 

Sin duda, la modestia, el rigor y la entrega de este breve pero intenso colectivo familiar [sus hijos adolescentes colaboran en la taquilla y, en ocasiones, actuando, como en otras tareas] le han ganado el favor de los espectadores más exigentes como de los críticos y profesores universitarios que asistimos a sus estrenos y reposiciones. Felicidades, pues, a Cirko Teatro que, en la sala Teatro Ocho han creado uno de los más prestigiosos espacios escénicos de Miami.

Fotos: Cortesía de Teatro Ocho

Del Autor

Waldo González López

Waldo González López
(Puerto Padre, Las Tunas, Cuba. 1946) Poeta cubano, ensayista, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural. Graduado de Teatro en la Escuela Nacional de Arte (1971) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana, Universidad de La Habana (1979). Hasta el 2011, cuando abandonó la Isla para venir a residir a Miami, integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en sus Asociaciones de Poesía, Literatura para Niños y Teatro.

Laboró en la Escuela Nacional de Arte (donde impartió clases de Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, en la Cátedra de Teatro para niños fundada por él y la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, y de Historia del Teatro Universal y del Teatro Cubano, también creó el Archivo de Dramaturgia).

Entre 1990 y 2010, fue periodista cultural de las revistas Bohemia, Mujeres y Muchacha y colaboró con las especializadas Casa de las Américas, Unión, La Gaceta de Cuba, Universidad de La Habana y Biblioteca Nacional José Martí. Recibió importantes reconocimientos por su labor escrituraria y periodística, como, entre otros: Mención del Concurso Plural (México, 1990) por su poemario Salvaje nostalgia; Premio “13 de Marzo” (1976), de la Universidad de La Habana, por su poemario para niños Poemas y canciones y varias Menciones en los Concursos «Ismaelillo», de la UNEAC y «La Edad de Oro», de la Editorial Gente Nueva. En la Isla, publicó una quincena de poemarios, un volumen de ensayo, dos de crítica literaria y otro de crónicas, así como diversas antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro. Colaboró con publicaciones extranjeras con ensayos, artículos, crónicas y poemas. Sus versos han sido traducidos al inglés y francés y publicados en revistas de EUA y Francia, así como ha publicado poemarios en México y Colombia, y un volumen de ensayos sobre lectura y literatura en Ecuador.