Aviso para navegantes y otros poemas

Poesía

Aleisa Ribalta Guzmán

Aleisa Ribalta Guzmán (La Habana, 1971). Reside en Suecia desde 1998. Es poeta y coordinadora cultural . Ingeniera de profesión, se desempeña como docente de asignaturas técnicas y no directamente relacionadas con la literatura. Ha publicado los poemarios Talud (2018) y Tablero (2019). Tiene en preparación el poemario Cuaderna, bao y regala. Colabora asiduamente en revistas como Animal sospechoso (España), Conexos (USA) y Verbo (des)nudo (Chile), con artículos y traducciones. Poemas suyos han aparecido en revistas impresas y digitales de México, Argentina y Estados Unidos.

–***–

Aviso para navegantes

Mírame bien, ¿soy lo que buscas?
te advierto, marinero:
A veces soy la más fiera tormenta,
y otras un aguacero tibio de verano.
Hay días en que ni yo misma me aguanto
y otros, soy mar en calma,
me rondan las gaviotas,
me meto dentro de una caracola,
y canto para ti.

Tengo peces de colores,
soy plateada y la luz del sol
se me filtra por toda el alma,
cuando luminosamente te deseo.
Otras veces me vuelvo tan lunática,
que la loba que llevo fuera,
marca con unas garras terribles
la hermosura y la sangre,
visiblemente dentro.
Navegarme es osado,
pero también febril,
como estar vivos.

No hay líneas definidas,
mi rumbo es delirante.
Puedo perderme y reencontrarte,
o dejarte tan náufrago de mí,
que no nos sobreviva nada.

Después, seguramente,
habrás pagado con el vértigo,
la moneda de cambio del nauta que se arriesga.
Todo o nada, eso tendrás,
tendremos, al tocar puerto

–***–

Llamadme Ismael

Llamadme Ismael
en esta playa escogí
enterrar la raíz bien honda
a tenor de sol y pleamar
soy y no soy un milagro

Tanta sal he bebido
a la intemperie
he soportado intacto
los vientos las mareas
con la corteza de un cetáceo

Supe desde hace siglos
mi sino de elegido
soy huérfano del bosque
por mi propia voluntad
más la de un niño derrotado

En esta orilla donde las olas
me abaten y acarician
sépase que escogí
ser un plantado_libre
rajar una lanza por nosotros

Sé que la soledad no existe
no soy un perdedor
llamadme Ismael
que soy fuerte contra este
y todos los destinos

Tengo el tronco ancho
las ramas que cobijan
los frutos agridulces
como todos uno más de tantos
dirán los que no saben

La suerte de un niño
enterrando en el mar
su espada de la derrota
su duelo de regreso
me ha hecho único

El mar es todo lo que sé
he visto lo que ninguno
de los algarrobos
podría imaginar
soy el que siempre regresa

Contra todo dolor de niño
ha de nacer un árbol
después de tantos años
sigo esperando que regrese
debo contarle cómo cuánto
los dos hemos vencido

–***–

Hic sunt dracones

«El país está arruinado: aún
aún permanecen las montañas y los ríos.
Es primavera en la ciudad amurallada
la hierba crece salvaje».

Tu Fu

Aquí hay dragones, dice, mientras dibuja una criatura
rara, más bien deforme, en lugar de la isla.
En aquel globo de dos mitades de huevos de avestruz,
al otro lado del Atlántico,
planta lo mitológico sin oír razones,
allí donde la llave del Caribe no saldrá,
hic sunt dracones, repite, carajo,
que la cartografía no pueda con la ley.
a fuerza de no querer o no poder verla
nos condena a reconocer que es tierra incógnita,
la que buscaron otros, la jamás encontrada,
se nos escurrirá una y mil veces,
es un enigma, una suerte de aparición,
no digamos un mito, un vulgar espejismo.
No ves que aquí hay dragones,
dice Hunt-Lenox en 1503 a su ayudante
aunque ya el genovés (¿por qué creerle si
nada sabía de italiano ni era de Génova
ni de Oporto, Ourense o Barcelona.
si nunca sabremos de dónde es
como tampoco dónde están sus huesos?)
había dicho que era la más fermosa,
pero Hunt-Lenox está ciego ante la evidencia.
1492 qué importa, dragones para el que se empeñe
en ver cocodrilos verdes, no, señor,
que no llegue nadie a descubrirla,
que se pierdan mil veces y mil veces
retrocedan, que el camino se les convierta
en rueca que no cesa, sísifos de la mar
buscando en vano, sobre su mapa
lava para sembrar la incertidumbre,
será o no será, hic sunt dracones
y que hasta los que le nazcan allí, entre sueños,
se pregunten si alguna vez la vieron