Luz Cassino (Buenos Aires, 1957) Reside en Vilanova i la Geltrú (Barcelona). Escritora. Psicóloga Social. Coach Literaria. Coordina la Plataforma Informativa y Cultural Mézclate Conmigo, premiada en varias ocasiones. Imparte talleres de Escritura Terapéutica y de Escritura Creativa. Organiza eventos culturales. Es parte de Festivales y encuentros de poesía a nivel nacional e internacional. Como poeta ha recibido premios y distinciones. Ha sido traducida al árabe y al catalán y su obra ha sido publicada en diversas revistas literarias. Participa en más de una veintena de antologías. Ha publicado dos poemarios en solitario, Insight (Lastura, 2015) y Domicilio Equivocado (Huerga & Fierro, 2018). Es mamá de Matías y de Guadalupe.
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(De Domicilio equivocado, Huerga & Fierro editores, 2018)
Pido una tregua
Pido una tregua
me cito frente al mar
el bosque huele a encinas
mi piel a nuevo
pido una tregua
en la arena mi nombre
es el principio.
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Ajena
Caníbal es el recuerdo
aguacero tu sombra.
Ondea un embrujo amargo que lo empaña todo
y un espejo vacío
desde donde me mira una mujer ajena.
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Tuvimos un papá
tuvimos un papá
un papá casa
un papá seda
árbol y rama para andar la vida
raíz donde enredarnos
el mío era de espuma
hilvanaba sus sueños en el aire
y se los regalaba
algo conquistador
atracador de verbos y promesas
un señor de vastas ambiciones
un niño grande un duende
un mago estrafalario
Alberto se llamaba
aquel hombre especial que fue mi padre
atada a su mano cada domingo
como a su corazón la vida entera
caminaba los barrios luminosos
del candor y la infancia
me hice mayor y en otros
los padres de los frutos del amor
reconocí su marca
ahora que me acerco a ser abuela
que llaman a mi puerta churumbeles
me agitan como nunca los recuerdos
añoro tanto su figura enjuta
sus besos su sonrisa
su mirada
ojalá él supiera que
hoy me acompaña más
que cuando niña
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En la estación de la nada
Como el agua entre los dedos
como la gota que carcome la piedra
como el final de un orgasmo
como la marea que viene y va
como la lluvia derramándose
como este poema
el tiempo pasa
huyen las horas
cesa la vida
mientras tú en la estación de la nada
esperas la imposible eternidad.
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El poema
Hay poemas que de tan poemas te desgarran
y te abren como una flor de nácar por la noche.
Son corales al filo de la penumbra,
hipocampos en llamas huyendo hacia lo eterno.
Y tú, tan veterana, te conviertes
en una geoda recién nacida.
Estalla en tu centro un arco iris,
giras sobre tu eje
y te elevas sin despegar de la tierra.
No es el Diablo ni es Dios,
es el poema alado
y es su voz secreta y su misterio
su determinación a la deriva
una interfaz lunar o cibernética
la barca del remero solitario.
Cuando te alcanza ese poema
los lobos aúllan en tu interior
y las lobas destripan las entrañas del verbo
que son también las tuyas.
Como una daga te atraviesa
un rap susurrado
que se convierte en
el grito de las niñas robadas
en las miles de mujeres
donde machos gentiles
clavan sus banderillas una vez
y otra vez.
Todo lo dicen los poemas de amor y de guerra
que vocean las comadres en las plazas
y trasnochan en bares las gargantas jóvenes.
Tú los recoges
y doblas con cuidado sus esquinas
los proteges del olvido.
Los proteges con tus arterias si hace falta,
poemas minerales que atracan en tus costas
y amarran tus sentidos sin bitácora
y te salvan
y te salvan
y te salvan.
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Escondida
Estar aquí escondida
sin acertar el rumbo.
Huir de la nada hacia la nada
cuando es real el plato y el abismo.
La casa te interroga
y en cada rincón acecha un monigote.
La ciudad te interroga
y tus palabras pájaros en fuga
hacia otras cavernas.
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Éxodo
Ahí va la tristeza arrastrándose.
Caminos de hormigas tristes
resbalan sus lágrimas en cristales ajenos
que las ocultan para no sentir
ni acomodar los tantos porque
-como es sabido-
ya fueron repartidos los privilegios
en este mundo.
Ya hubo los que dibujaron
una gruesa y refulgente línea:
de un lado la vida -que es decir la risa-
y del otro todo lo demás.
Los ríos de hormigas tristes
caminan su suerte
y no están solos
familias de cuervos de picos
afilados les acompañan.
