Hiremio García «Santa Olaya». Dossier

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Hiremio García, «Santa Olaya» asegura que «La pintura me ha envuelto, me enajena, me eleva, y en cada combinación de tonos y formas puedo transformarme en el tiempo y en el espacio. He crecido sin apenas darme cuenta, reinventándome y caminando seguro en este andar de colores. Soy autodidacta, y aunque en mi infancia no me imaginaba pintor, ahora no me veo a mi mismo fuera de este mágico mundo.

Soy cubano y, quizás por eso, dicen que mi pintura tiene color y movimiento… Quizás por eso «Siluetas» me define, aunque sigo buscando…

No me gustan las ataduras, me gusta ser libre, auténtico. Soy simplemente yo, desnudo ante un lienzo. Eso significa el arte para mi, hacer lo que me plazca, con total desenfado  y amor a la vez. No tengo un esquema fijo para crear, a veces es el color el que me impulsa, a veces es la línea,a veces la forma, a veces el movimiento, a veces el medio, a veces el tema.

He viajado del óleo al acrílico. 

He viajado de los paisajes, bodegones ,etc…….. a mi propio estilo.

He cambiado mi vida.

He cambiado hasta el nombre!

He creado el «Despresionismo«!.(en broma)»

Sobre su obra, entre tanto, el escritor, periodista y crítico Alex Fleites dice:

 

Hiremio García, quien ahora aparece firmando Santa Olaya, se ha formado a sí mismo con el sencillo pero inusual expediente de ver mucho, hablar poco y, sobre todo, volver una y otra vez sobre la superficie –lienzo, papel– que constantemente lo interroga.

Huérfano de academia, se constituyó él mismo en profesor y alumno. Y como se trataba de aprehender un oficio asaz esquivo, decidió comenzar si no por los orígenes del género, al menos por aquellas zonas codificadas de antiguo: bodegones, retratos y paisajes, a los cuales llegó a imprimir la deleitosa precisión del artesano y ese inefable signo, a veces inquietante, sin explicación lógica alguna, que roza los dominios de lo que, a falta de mejor término, llamamos arte.

La inquietud vital del hombre, su extrema curiosidad, encontraba sosiego momentáneo en la obra que, casi sin saberlo él, iba tomando mayores dimensiones formales, más complejas soluciones plásticas y la consabida densidad de concepto que sucede al inicial goce lúdico. Pero he aquí que un día se encontró conque ya lo sabía “todo”. Los paisajes y los bodegones comenzaron a salir con más o menos facilidad, sin exigir ese desgarramiento, esa duda constante que jalona el camino del crecimiento humano y artístico. Era momento de parar. Era el justo instante de someter a crítica lo alcanzado hasta ahí y, libre de preconceptos, volver a hacer de cada jornada de trabajo el comienzo del comienzo. Entonces se lanzó al abismo y sin redes. Cambió radicalmente la estrategia representacional, amplió el diapasón del color y, lo más importante, apeló a su primera vocación, la música, para explorarla como campo temático.

Así fue como “halló” a esos músicos apenas sugeridos, despojados de todo rasgo superfluo, cercanos a la difuminación, entregados al goce supremo de convertir el tiempo en armónicos sonidos.

(…) Santa Olaya (que es ahora quien pinta (…) no busca representar a los ejecutantes de este o de aquel instrumento, tampoco a los bailadores, ni a los voyeuristas de salón, que se deleitan adivinando debajo de la ropa de ocasión las sinuosidades de los cuerpos. No, Santa Olaya persigue, como aquel personaje de Cortázar ese instante cuando todo se amalgama y la música somos, simplemente, todos.

OtroLunes agradece a Hiremio García, «Santa Olaya» su gentileza para que podamos mostrar en este número nuestros lectores esta breve mirada sobre su obra y agradecemos nuevamente al crítico español Gregorio Vigil-Escalera, quien ha estado a cargo de este dossier.

Amir Valle
Director General

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Entrevista

Galería

Julián Ibáñez. Dossier

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Julián Ibáñez, como bien aseguran los conocedores de la novela negra, es una de las voces más originales del género en lengua española y, me atrevería a afirmar, el más «negro» de los autores europeos contemporáneos. Digo esto porque la calidad de su narrativa, la profundidad social de sus propuestas, sus miradas corrosivas sobre fenómenos sociales cada vez más extendidos, hacen palidecer las obras supuestamente trasgresoras y críticas de otros muchos autores que la publicidad editorial ha inflado, pese a que sus aportaciones al género se quedan en lo superficial y lo impactante de algunos temas de moda. Sin embargo, la «negritud» de Ibáñez viene del buceo que hace, novela tras novela, en mundos que permanecen bastante ajenos a los escenarios tradicionales de la novelística española y europea: esos mundos que muchos pretenden ignorar, esconder, o dulcificar tras etiquetas falsamente humanistas, precisamente porque muestran la cara más horrenda, sucia, podrida y deshumanizada de unas sociedades que el discurso políticamente correcto denomina » modernas y democráticas».

En el supuesto auge de la novela negra, que ha llenado los estantes de las librerias de poquísimos autores serios y cientos de diletantes oportunistas, cada libro de Julián Ibáñez resalta por la fuerza con la que rasca bajo la cobertura hermosa del mundo desarrollado, en busca de esa mugre que, como decía Hemingway, era el material perfecto en las manos de un escritor para convertirse en una obra de arte. Resalta también por la profundidad psicológica de sus personajes, por la amplísima animalia humana que muestra en cada trama novelada, como si pretendiera recordarnos que esos ámbitos son también parte de nuestra existencia y que somos tan culpables de que esa mugre exista, tanto como los delincuentes que se lucran de esos siniestros mundos.

Los estudios de la novela española (y nótese que no escribo solo «novela negra») deben hace mucho tiempo un espacio a la novelística de Julián Ibáñez. Sería un acto de justicia. Es triste ver cómo otros farsantes de la literatura son estudiados, promovidos, aupados por sus mediocres actos escriturales, cuando mucho existen, casi olvidados, otros autores más importantes para la literatura española y europea: Julián Ibáñez, es uno de esos imprescindibles. Es un honor, por eso, presentar a nuestros lectores este pequeño pero sentido Dossier, que ha sido coordinado desde España por el también escritor José Ramón Gómez Cabezas.

Amir Valle
Director General

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La Dama de América

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El 23 de abril de 1992, al entregarle el Premio Miguel de Cervantes Saavedra a la cubana Dulce María Loynaz Muñoz en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el Rey de España Juan Carlos I se dirigió a ella con un título ennoblecedor: después de obsequiarle la Medalla y Diploma del galardón, la nombró como “La Dama de América”. Desde su silla de ruedas, la frágil viejecilla caribeña sonrió suave y enigmáticamente. A su lado, empujando la silla, enfundado en elegante chaqué y rebosante de vanidad, se encontraba Lisandro Otero, quien unos pocos años antes le había negado a Dulce María el Premio Nacional de Literatura y la llamó “vieja batistiana, gusana y contrarrevolucionaria”. Leer más…

La jodida carga de la culpa

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No sabía quién era Lezama. Y durante mucho tiempo creyó que Lezama era el viejo negro que siempre encontraban sentado en las escaleras de la entrada del edificio. Luego le tomó gusto a la lectura y profe de literatura siempre decía que era El Maestro, que había que leerlo, y confiesa que lo intentó pero, qué va, no podía avanzar, y llegó a convencerse de que Lezama, como muchos escritores, se metía unos cuantos pitos de marihuana para escribir o estaba loco, porque una gente normal no escribe así, tan enredado. Leer más…

Sueño en la caverna: Miguel de Cervantes y Saavedra (1616-2016)

De la serie "Sueños cervantinos" del pintor cubano Felipe Alarcón Echenique.

De la serie «Sueños cervantinos» del pintor cubano Felipe Alarcón Echenique.

 

Estamos hechos de la misma madera que nuestros sueños.
Shakespeare.

El alma, sin el cuerpo, juega.
Petronio.

 

Creían firmemente los antiguos que el sueño era el viaje de las almas fuera de su prisión corporal. Cuando el intrépido Don Quijote desciende a la cueva de Montesinos, no hace otra cosa que iniciar un viaje que se continuará en el sueño, su necesaria prolongación. ¿Dónde se encuentra la realidad y dónde la fantasía? Leer más…

El proceso electoral cubano

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El Proceso Electoral Cubano se encuentra regido por la Ley no. 72, Ley Electoral, aprobada por la Asamblea Nacional en su sesión del 29 de octubre de 1992.

En Cuba se elige por votación de la ciudadanía a los Delegados a las Asambleas Municipales, especie de concejales, y se plebiscita de manera harto sesgada a los Delegados a las Asambleas Provinciales y a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular[1]. También se llevan a cabo plebiscitos, dentro de estos tres organismos legislativos, para aprobar o no los cargos electivos de cada uno de ellos, y en el caso de la Asamblea Nacional, se plebiscita además el Consejo de Estado. Leer más…

Joaquín Blez: el fotógrafo del mundo elegante cubano

 

Joaquín Blez retrató este 'Desnudo' en 1920. Fue el gran pionero de la fotografía del cuerpo en Cuba.

Joaquín Blez retrató este ‘Desnudo’ en 1920. Fue el gran pionero de la fotografía del cuerpo en Cuba.

 

Para Muñeca y Pepito, donde estén.

 

Entre los más gratos e imborrables recuerdos de mi remota infancia y temprana adolescencia, está la estampa de Joaquín Blez y Marcé (Santiago de Cuba, 5 de diciembre, 1886 – La Habana, 7 de abril, 1974), el famoso Fotógrafo de la Sociedad Cubana, o El Artista de la Lente de Oro. Leer más…

Cine Latino de Humor Negro (III): No habrá más penas ni olvido

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El filme No habrá más penas ni olvido -que bien pudiera llevar por subtítulo ¿Qué viene después del Caudillo?”-, se estrenó en 1983, en las postrimerías del gobierno dictatorial de la Junta de Reorganización Nacional Argentina y nueve años después (1974) del fallecimiento de la figura política cumbre del siglo XX en Argentina: el inefable general y presidente Juan Domingo Perón1. Leer más…

De la cazuela cubana

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“Sigamos la metáfora. Ante todo una cazuela abierta. Esa es Cuba”.

Fernando Ortiz (1881-1969)

 

El título de este trabajofue tomado de una conferencia leída el día 28 de Noviembre de 1939 por Don Fernando Ortiz a un grupo de estudiantes de la fraternidad Iota-Eta de la Universidad de la Habana. Luego apareció publicada con el título «Los factores humanos de la cubanidad”. Creo que fue allí una de las primeras oportunidades donde expresó: «Cuba es un ajiaco”. Como toda metáfora feliz, el éxito del que ha venido disfrutando desde entonces es incuestionable. Para ampliarla añadió: «Ante todo una cazuela abierta. Esa es Cuba, la isla, la olla puesta al fuego de los trópicos…» (155)1. Leer más…

De Barcelona a Quito: Recuerdo y melancolía en La carta inconclusa de Javier Vásconez

Javier Vásconez - Escritor ecuatoriano. Foto: Patricio Burbano.

Javier Vásconez – Escritor ecuatoriano. Foto: Patricio Burbano.

 

En su cuento “La carta inconclusa”1, publicado en 1989 en El hombre de la mirada oblicua y en 2009 en la antología Estación de lluvia, Javier Vásconez (Quito, 1946), uno de los mayores representantes de las letras ecuatorianas contemporáneas, retrata a Anita “la Torera”, un personaje famoso en la Quito de la década del cincuenta por su extravagancia, que solía deambular por la ciudad vestida con prendas colorinches. Después de enterarse de que la encerraron en un manicomio, el narrador homodiegético desde Barcelona le dirige una larga carta que, según un juego de abismación, resulta ser el cuento que el lector lee. La figura errática y caprichosa de Anita surge de una manera proustiana que invita a un viaje en el tiempo hacia la infancia quiteña del narrador, borrando la distancia entre Barcelona y el Ecuador. Con melancolía, desde el otro lado del océano, los recuerdos procuran “retrouver le temps perdu”, recuperar el tiempo perdido y con él una ciudad desaparecida, poblada de fantasmales casas señoriales, bañada en una niebla lluviosa, de la que emerge, por su vitalidad, la figura de “la Torera”. Leer más…