"¿Te imaginas que aburrida sería una literatura concebida como una ecuación matemática A+B = C?"

Entrevista con el escritor cubano Reynaldo Cañizares

Por Serguéi Cavalcanti

Reinaldo Cañizares (Calabazar de Sagua, Villa Clara, Cuba, 1963) Narrador, periodista y realizador de  Cine y Televisión. Es director del canal de TV Encvisión y  miembro de la Asociación Internacional de Escritores Policiacos. Ha publicado novelas y libros de cuentos en editoriales de Cuba, España, Estados Unidos y Argentina y formado parte de varias antologías internacionales de narrativa. Sus cuentos han sido traducidos al alemán. En su producción destaca los libros de cuentos: Espigas y Ángeles (Colección La Loma, Cuba, 1999); Alucinaciones del último sobreviviente (Ediciones Capiro, Cuba, 2001); Juana la loca (Ediciones La Piedra Lunar, Cuba, 2012); Locas y criminales (Ediciones Suburbano, EE.UU, 2013) y Morir todavía (Ediciones Capiro,Cuba, 2015), y las novelas: Never More (Ediciones Capiro, Cuba, 2004); Hasta que la muerte nos una (La Pereza Ediciones, EE.UU, 2013); Tierra negra, tierra roja (Alas de fuego Ediciones, Argentina, 2014) y Los Vándalos (Atmósfera Literaria, España, 2015 y Ediciones Capiro, Cuba, 2018). Ha obtenido diversos premios literarios nacionales entre los que se destacan el Raúl Gómez García, el Ciudad del Ché, el Primer Taller de Creación de Novela Carlos Loveira, el Amistad Cuba- China y el Fantoches 2012. Además fue segundo finalista en el Concurso Silverio Cañada de Semana negra, en Gijón, España; en el Premio de novela corta Katarsis, de la Universidad Complutense de Madrid y en el XECC de Marlex Editorial.

 

¿Qué parte del proceso creativo te resulta más difícil, el comienzo o el final?

Pienso que el escritor no hace su obra cuando se sienta a escribir. Lo hace primero como un proceso consciente, que él quiere y busca y después hasta  inconsciente, pues esa fábrica inteligente cuando echa a andar no se detiene, aunque él no lo sepa.

Después en determinados momentos el mismo creerá que por obra y gracia de la suerte le afloró una buena idea o la solución de una complejidad literaria que lo atormentaba, pero la realidad es que su cerebro ha estado trabajando incansable en el tema hasta llevarlo a feliz término.

Entonces para mí lo difícil es el principio, cuando tienes que oprimirte la materia gris, buscar nuevos conceptos, crear los personajes y definir el problema trascendental dentro del argumento.

Luego cuando ya toda esa parte inicial ha concluido, los personajes y la historia comienzan a moverse de manera lógica, animados por el ambiente, la sicología y el guión que tú has creado. Y en el trayecto surgen nuevas historias, nuevos conflictos y nuevos personajes.

Es también por eso que la literatura es tan rica y sorprendente hasta para el mismo autor; muchas veces lo que habías pensado y elaborado como la novela, o el cuento, se te viene abajo y todo cambia. ¿Te imaginas que aburrida sería una literatura concebida como una ecuación matemática A+B = C?

 

¿Dónde encuentras la inspiración para tus obras?

En la vida misma, esa que lucho cada día en mi pueblo, Calabazar de Sagua, como si fuese el primer día de la creación o el último. Me inspira lo que encuentro en mi trabajo de periodista, en las bodegas, los bares o en las colas donde los viejos esperan el pescado.

El escritor debe hablar de lo que conoce y no someterse a lanzar pedradas, pues el público no perdona eso. Nunca.

Me siento un autor de pueblo no un populista. Y por egoísta que pueda ser esto, también escribo para mí, para mi satisfacción personal.

Hablo con las personas, mucho más con las más humildes y desgraciadas, porque la experiencia dice que son ellas quienes tienen las mejores historias; me apropio de esas anécdotas. No temo preguntar nada e indago hasta el fondo.

En otras ocasiones la gente viene a mí y me cuentan sus vivencias o algo interesante que conocen. A veces lo aprovecho para el trabajo periodístico, o para realizar algún género televisivo, otras como narrador.

También me ha sucedido que aunque no pueda utilizar totalmente el material,  si aprovecho un pedazo o alguno de sus ricos caminos derivados, por lo que un cuento o una novela mía están conformados por fragmentos de muchas vidas, sintetizadas en uno o más personajes.

 

Tus obras anteriores influyen en el desarrollo de las siguientes ¿Si es así,  de qué forma lo hacen?

Esta hubiese sido mi respuesta hace varios días:

No lo creo. Aunque algunos personajes del mismo nombre se mueven en un momento determinado en una novela, luego en un cuento o viceversa, pero las situaciones son diferentes. Ni siquiera los rasgos sicológicos de esos personajes son los mismos en dichas obras. Por ejemplo, Constante Mesa, protagonista del libro de cuentos: “Morir Todavía” ( Editorial cubana Capiro) y Constante Mesa, personaje secundario de la Novela “Los Vándalos” ( Editorial madrileña Atmósfera Literaria). Pero como te dije, no depende para nada una obra de otra, son contextos diferentes, tramas diferentes, figuras que no coinciden ni siquiera en un espacio temporal y entre los que no existe ningún punto de enlace, ninguna dependencia.

Pero hace varios días recibí una propuesta de la Editorial sevillana Wanceulen, por cierto una editora muy seria, que tuvo a bien publicar dos de mis novelas: “El Sindrome del Arca” y “Never More” y dónde el editor, por la aceptación que tuvo entre los lectores un personaje, “El Fide Stevenson, un peleador callejero que es secundario en la novela “El Síndrome del arca”, me pedía escribir otra narración dónde él fuese el protagonista;  sucedió en este caso que fue la opinión y el gusto de los lectores lo que me llevó a comenzar a escribir esa nueva obra.

Entonces no soy absolutista en mi respuesta: A veces los personajes no influyen en el desarrollo de la siguiente obra, pero a veces sí, porque son los lectores, para quienes está destinada la historia, quienes tienen la última palabra.

 

Muchas veces tenemos una relación ambigua con nuestros padres. ¿A quienes consideras tu padre literario y cuál es tu relación real o imaginaria con él?

Me considero un escritor con mucha suerte, pues de mis cuatro padres literarios conocí a tres, y aún conservo uno, lo cual es un buen averaje.

En mi pueblo, Calabazar de Sagua, en la provincia de Villa Clara, siempre se ha venerado a Onelio Jorge Cardoso, nació aquí y es toda una celebridad, imagínate, el cuentero mayor de Cuba. Los aniversarios de su natalicio y muerte se celebran acá con una gran fiesta donde acuden escritores de todo el país.

Mi abuelo materno y él fueron amigos de la infancia, mis primos son primos de él, llevan su mismo apellido, aunque Onelio y yo no somos familia.

Cuando siendo niño comencé a escribir mis padres esperaban que siguiera sus pasos. Incluso Onelio ¨revisó¨ algunas de aquellas creaciones.

Esas fueron mis primeras aventuras literarias, imitaciones de fábulas onelianas cuyos protagonistas eran los hombres y animales de los campos.

La figura cercana y la personalidad idílica de Onelio fueron fundamentales para que naciese mi vocación literaria

Al final, como él, también hablo de mi tiempo, escribo sobre personas que viven en los mismos lugares que algunos de sus personajes, pero lo hago con un estilo propio; ahora son otros momentos históricos, otras las condiciones sociales.

Conservo de Onelio Jorge Cardoso un recuerdo romántico, las brumas de una infancia un poco triste y solitaria.

Pero cuando fui creciendo y tuve ya visión propia me sentí fascinado por  Hemingway, por sus cuentos magníficos y sus novelas perdurables. Amo su estilo de frases cortas y precisas y la teoría del iceberg. Mi predilección por Hemingway constituyó para mis padres una decepción que me marcó y me hizo madurar prematuramente como persona decidida a mantener mis concepciones, aún cuando como escritor me faltaban conocimientos, experiencias vivenciales y técnicas creativas.

Otros dos escritores cuya obra ha sido determinante en mi formación son Agustín de Rojas Anido y Lorenzo Lunar Cardedo.

Me encanta como escribía Agustín, la forma elegante con que narraba, toda esa poesía de la lengua que uno ni siquiera imagina que pueda ser llevada al papel.

Me unió a Agustín una amistad entrañable. No tenía piedad en sus críticas para con mis obras. Me destrozaba los cuentos y las novelas, todo lo que le llevara. Luego hacía café, me obligaba a fumar un cigarro aunque yo no fumaba y después me sonreía. Era sorprendente. Nadie ha sido tan acertado en sus juicios para conmigo. A veces cuando yo al fin le llevaba la obra ya corregida a fuerza de palos ni la miraba, como si tal cosa. Conmigo aplicaba aquello de que la letra entra con sangre, pero confiaba en mí como escritor, y yo lo sabía. No he podido recuperarme todavía de su muerte.

Lorenzo Lunar elabora sus narraciones y conforma el desenlace de sus cuentos y novelas negras de forma dura, directa; cuando lees puedes percibir en ti mismo todas las sensaciones que sienten sus personajes. De todos los escritores, él ha sido quien más cerca ha estado de mi todo este tiempo. Ha compartido mis éxitos y mis fracasos, no solo artísticos, también los personales. Es mi tutor, mi hermano.

Puedo decirte que mi ideal es lograr una literatura imperecedera como la de Onelio, tan sugerente como la de Hemingway, con la poesía interior de Agustín y tan expresiva como la de Lorenzo Lunar.

 

¿Cuál de tus premios consideras el más importante?

No me gustaría que me acusaran de falsa humildad o de romántico. Me considero un artista que ha obtenido suficientes premios, menciones, reconocimientos y distinciones culturales, como escritor, periodista y realizador de cine y televisión; tanto nacionales como internacionales, entre ellos algunos que la gente considera muy importantes. Guardo más de sesenta de ellos, y otros se me han perdido o la humedad de mi casa los ha deteriorado.

Pero los premios que más he disfrutado en mi vida son aquellos que he compartido con la gente sencilla que han estado día a día a mi lado; en todos los otros hay un sabor a pompa y compostura que no me deja sentirme libre y manifestarme como soy ni expresar lo que verdaderamente siento.

En el año 2001 me dedicaron la Jornada de Cultura del batey del ingenio “Perucho Figueredo”, donde nací y donde aún vive mi madre, posteriormente en el año 2005 la Biblioteca pública de ese mismo batey me eligió como el escritor más leído en esa comunidad, también obtuve como personalidad más destacada del año en mi provincia el Premio de Cultura Comunitaria 2014 y por último fur un momento muy especial cuando se me dedicó la jornada de Cultura de este año en el poblado de Calabazar de Sagua, donde resido actualmente

 

¿Cómo influye el lugar en que vives en tu literatura actual?

A través de los años la vida me ha demostrado que en materia de arte el tiempo todo lo pone en su lugar y que el supuesto “poder” de alguien es tan efímero como una pompa de jabón.

Yo soy un escritor, un periodista, un intelectual,  dirijo un Canal de Televisión y la Casa del escritor de un territorio, acato la política editorial que está regida por el Gobierno, no tengo problemas con eso, porque soy parte de un proceso social que evoluciona para bien y me considero también un revolucionario en todo el sentido que esta palabra encarna. Pero sobre todo acá en el interior del país ocurre un fenómeno muy complejo, hay algunos directivos culturales, y te hablo por ejemplo de personas que dirigen un organismo cultural, que nuclea y decide el destino de un grupo grande de artistas con su sensibilidad  propia, que nunca han escuchado siquiera el sonido de una trompeta y como es lógico esos estados diferentes en momentos determinados chocan y el ambiente se vuelve tenso. Esos rectores quieren y creen que pueden decidir o imponer lo que se crea artísticamente. En la literatura, y he tenido muchísimos ejemplos que me han lacerado, esas personas no pueden decidir los temas que tu escribes, pero desgraciadamente si disponen y toman decisiones importantes en determinados momentos, y lo más dañino es que ese fenómeno va más allá de la calidad literaria del  producto que tu le ofreces a determinada editorial.

Soy un escritor que piensa que lo mejor aún está por escribir. Muchos de los protagonistas y los conflictos de mis cuentos y novelas son sacados de la vida real de mi pueblo. Ello me ha traído muchas satisfacciones, pero también muchísimos disgustos y sinsabores.

Cuando hablo de crítica me refiero a opinión, sea cual sea esta, y aclaro esto porque acá en Cuba la mayoría de las personas entienden la palabra crítica como opinión negativa en contra de alguna cosa o tema.

El batey del ingenio donde nací y el poblado rural donde vivo están socialmente muy atrasados respecto a otros pueblos, a la cabecera municipal y a las ciudades de la provincia y el país. En muchos lugares del municipio existen instituciones culturales en mal estado, o derruidas, patrimonio histórico y cultural perdido por descuidos y negligencias. Eso me toca defenderlo como periodista y a la hora de decidir sobre una obra tuya o dar una opinión literaria o periodística relacionada contigo o tu obra todo se ve mesclado. Además, la literatura negra que escribo, que protagoniza a los barrios marginales y a los anti héroes de los bajos fondos, siempre ha sido mirada a través de una lupa.

Mis personajes piensan como gente real, hablan como gente real, se mueven como gente real, con independencia de que en mi narrativa siempre hay un espacio para la ficción literaria.

No quiero ser absolutista, pero he arribado a la conclusión de que a esas personas totalitarias, para llamarlas de alguna forma, no les gusta que las cosas se expongan como en un espejo, donde ellos mismos se ven reflejados.

Existe un equilibrio, al menos yo lo veo así. Los escritores no somos especiales, aunque algunos de nosotros lo creemos y olvidando nuestros orígenes exijamos de regalo cosas y bienes materiales que la gente común no posee. Como un ser humano cualquiera he recibido golpes altos y bajos, zancadillas, olvidos malévolos y en ocasiones, que no son pocas, ha sido mi familia quien ha cargado el saco; en otras me han dado satisfacciones y premios que no creo merecer y en esos momentos he compartido la alegría y los recursos que he recibido con esa misma familia.

 

¿Hasta dónde influyen las críticas negativas en tu obra?  

Siempre las críticas son buenas y ellas me hacen crecer cómo escritor;  a nadie le gusta que lo critiquen negativamente en público o que ese público lea, escuche u observe que se hable mal de tu obra, aunque tengan razón, y es por eso que trato de recibir las críticas negativas en su momento, cuando el libro aún no ha sido publicado y puedo servirme de ellas para hacer crecer mi literatura. Después de publicada la obra ya es demasiado tarde para corregir nada y entonces esas opiniones desfavorables se vuelven virales. Me encantan los dichos populares y refranes porque están construidos con la sabiduría de cientos de años de muchísimas personas, ellos dicen: “La palabra dicha nunca cae en el suelo” y “Si solo miras hacia arriba dónde no puedes ir, perderás las riquezas que se ocultan debajo”. He arrastrado denominaciones como: “que no soy universal”, “mi literatura es confusa”, “está bien escrito pero hay temas más interesantes” o “que se aleja de problemas verdaderamente cardinales para la sociedad cubana actual”. Pero el arte y la obra escrita son más grandes que cualquier persona o cualquier opinión, y mi literatura está en las librerías, en las bibliotecas, en el Internet y en las casas de la gente. El pueblo cubano es culto, el mundo marcha hacia esa dirección y cuando yo ya no exista, mis historias y mis personajes seguirán habitando en el, con sus alegrías, sus tristezas y sus esperanzas.