Iris Mónica Vargas es una escritora puertorriqueña. Sus ensayos y artículos han sido publicados en El Nuevo Día, Harvard Science, SEED Magazine, Science News, Bay State Banner, entre otros. Su poesía y cuentos han sido publicados en Letralia de Venezuela, Revista Fábula de España, Isla Negra de Italia, Letras Salvajes de Puerto Rico, El Post Antillano de Puerto Rico, Revista Poetas y Escritores Miami, entre otros. Terranova (2014) publicó su primer libro, La última caricia. Su segundo trabajo, El libro azul, será publicado por Snow Fountain Press (2018).
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Night Terror
Allí se abre la entrada que conduce
del claro a la espesura de la bruma. Un tramo
estrecho y denso. Y temo atravesar
su oscuridad inconsciente, que rompa el hilo
tenso que me guía, y que no pueda
nunca regresar.
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Historia del espejo
Fue culpa de Hefaistos, el griego dios
del fuego y el metal, que en solo una mirada,
con un grito terrible, aquella mujer frágil
perdiera algo esencial en el cristal.
Lucía desorientada. Me hincó el terror de su reflejo.
Fue fácil comprender dónde me hallaba entonces.
Éramos invisibles. Andábamos vagando
A nuestro derredor se había hinchado el olvido.
Desafié mi suerte. Sostuve la mirada de aquella mujer triste
que me deshabitaba. Noté cómo un racimo blanco
de locura, bajaba lentamente a sus mejillas.
La boca del espejo tragaba sin remedio
y nos quería asir
Logré al fin desprenderme de aquellos ojos negros
brillantes de vacío. Cubrí mi cara en pleno
desespero. Solté un grito en silencio.
Alguien llegó a buscarla.
Y comencé allí mismo, frente a los transeúntes,
en pleno aeropuerto,
a rezarle insistente a la cordura.
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Siendo precavida
Me vienen las ganas de gritarle al tiempo,
¡Vete! y decirle, ¡Déjame ya en paz!
Sabiendo que sería este mi último altercado,
sin embargo,
retrocedo. Reconsidero. Pienso
que es mejor hacer las paces.
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Anatomía de una digresión
Si escucharas al silencio lo sabrías,
dijéronme al oído, las voces
de la sangre. Yo casi no escuchaba,
porque hacerlo no es fácil.
(La digresión empieza.)
Tendrías que dar cantazos en el aire,
sucesiones. Llegar a la membrana
de las cosas, y ocasionar que vibren
huesecillos, y que abran las ventanas:
Asuntos que contraen
y que amortiguan lo que gritas
complicarán el paso de los nombres.
(Segunda digresión, y pausa a la primera.)
A veces no te escucho. Es cierto.
Parezco ya un murciélago cualquiera.
(Termina pausa. Sigue la digresión primera.)
Después, tendría uno que integrarlo todo
y luego producir grandes explicaciones.
Yo quiero simplemente poder captar la hoja
cuando vaya cayendo,
liviana sobre el aire en sus vaivenes.
Tal vez a eso se referían aquellas voces,
pero no se atrevieron a decírmelo directamente.
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Dos historias: tres arañas
En el setenta y tres, mil novecientos,
erraban en su cápsula pequeña
— vial con una esponja henchida en agua —
nadando confundidas dos arañas.
Primera en decidir que todo continúa,
Arabella, tejió una red rudimentaria
en una esquina de su celda.
¿Recuerdas la gotita en la ventana
que aquel tenaz invierno congeló
mientras caía?
Su pieza impresionó. Quisieron comprobarle
su tesón. Quitaron —implacables—
parte de aquella tela.
Ella ingirió la otra. La nueva fue mejor
que la anterior,
mas nunca igual a su trabajo
aquí en la Tierra.
¿Tú crees que vaya a terminar alguna vez
su recorrido aquella gota?
Parece estar pensando
pendida del cristal.
El ópalo de fuego
sopla insistentemente
el cuerpo de la esfera,
pero ella no se mueve.
Yo sé que va a caer. Lo sé. Lo saben todos.
Ella también lo sabe. Su paso debe
continuar y, sin embargo, espera.
Habrá algo necesario en ese limbo.
