Secuestrado / Levantado en Matamoros
Dr. Adán Echeverría.
Dr. I:
Hola. Espero se encuentre bien de salud. Por ahora no tengo teléfono celular, no sé qué está pasando y estoy terriblemente golpeado. Te cuento: A las 8.00 de la mañana, del jueves 25 de octubre de 2018, mientras estaba esperando, para abordar la pesera (camión), con mi esposa, mi hijo de 1 año, y la perra, en la esquina de la Avenida Lauro Villar, justo en la escarpa de la clínica del Seguro Social sucedió,
Abordé el camión y, de inmediato, me percaté de que mi esposa me llamaba para que me bajara. Detuve al camionero y me bajé inmediatamente de la pesera, mientras mi esposa me gritaba que habían atropellado a mi perrita. Corrí entre los autos que se habían detenido, tomé a la perra en los brazos, de en medio de la calle, y una joven mujer, muy amable, nos ofreció ayuda para llevar a la perra con un veterinario. Abordamos la camioneta, la mujer, mi familia y yo con la perra en brazos. Avanzamos unas cinco cuadras sobre la misma Avenida Lauro Villas y justo en la esquina donde se encuentra una gasolinera, doblamos a la izquierda para llegar a la clínica. El médico atendió a la perrita y luego nos regresamos caminando. Cruzamos la avenida Lauro Villas, y caminamos por la entrada de la Plaza, en la puerta de la tienda Coppel, Soriana, y luego las salas de Cinépolis. Cruzamos la avenida, pues como la perra estaba lastimada decidí acompañar a mi esposa e hijo, junto con la perra lastimada y asustada. Atravesamos la avenida División del Norte, para entrar en una calle del fraccionamiento Fresnos, y caminar hacia nuestra casa en el fraccionamiento Las Arboledas.
Como tenía que alcanzar a llegar a la Universidad porque tenía que acudir a impartir una conferencia, los encaminé, y regresé a tomar de nuevo la pesera para ir hacia la Universidad donde laboro, que se encuentra al otro lado de la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. Caminé por el estacionamiento de Soriana de la Lauro Villas, y en la puerta de la tienda Coppel (de Lauro Villar) me abordaron dos sujetos: uno cargaba un bate de beisbol, y otro un arma.
Me subieron a un carro, me pasearon por varias calles, me quitaron el celular, la computadora, mis memorias usb, mi cédula profesional (¡qué ladrón se lleva tu cédula profesional!). Mi cartera y mis tarjetas me fueron devueltas. Yo no tenía ni un solo peso, y justo antes de que me atraparan estaba hablando por el teléfono con una maestra, quien es mi alumna de literatura, para que me depositara 1200 pesos por concepto de un libro que le estoy haciendo.
Los sujetos me quitaron el celular. Sus comentarios, al abordarme y durante todo el trayecto, fueron que yo me había metido con una mujer y le había faltado al respeto, y ella pidió que me presentaran ante ella, para matarme o para hacer que, de manera inmediata, me fuera de Matamoros.
Huelga decir que yo llegué a Matamoros invitado por una mujer para trabajar en un centro de investigación, financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT); que esta mujer me pidió dejar Ensenada y venir a Matamoros, porque yo ocuparía una plaza de Investigador. Justo eso fue lo que me ofreció. Llegué a Matamoros en el mes de julio. Y, desde mi llegada, ella decidió que yo me integrara al Núcleo Académico Básico de la Maestría que comienza a desarrollarse en el centro de investigación. Desde ese mismo mes comenzaron a ocurrir sucesos que me parecían extraños respecto del comportamiento y liderazgo de dicha mujer: En primer lugar, no me ofreció una plaza, sino un contrato por 3 meses. Yo había dejado todo en Ensenada para trabajar en la plaza que me ofreciera, pero no había tal plaza.
Luego ella, en reuniones, hablaba de las golpizas que habían sufrido algunos doctores antes de que yo llegara a Matamoros. Y de que los doctores la habían acusado de pertenecer al grupo delincuencial de la ciudad. Pero esta mujer, lo contaba en reuniones y se reía.
Los sujetos me estuvieron paseando por la ciudad. Yo no sabía dónde estaba, me sacaron de la ciudad, escuchaba y me daba cuenta de que dejamos atrás la ciudad, se metieron en brechas fuera del camino, me llevaron a una bodega, donde me bajaron a golpes, me pusieron un sweter en los ojos para que yo no viera donde estaba, me llevaron atrás del automóvil, y de pie, me hicieron poner mi frente en la cajuela del auto, extender las manos, y me golpearon salvajemente con un bate, y a golpes y patadas, la espalda, la nuca, los glúteos, las piernas, los muslos, y las costillas. Me desmayé del dolor, y caí al suelo. Siguieron golpeándome, y me sacudieron para despertarme. Uno de ellos a cada rato decía que tenían que matarme, y me puso una pistola en la cabeza; hablaron por el teléfono móvil con una mujer, le enviaron fotos de mí antes de golpearme y después de golpearme. Se tomaron fotos abrazándome, como si yo, golpeado, fuera motivo de orgullo para ellos. Así estuve amarrado, mientras ellos estuvieron golpeándome. Me tomaron videos, y se los enviaban a su contacto. Sacaron mi celular, estuvieron revisando mis contactos, revisando mis fotos, donde tenía imágenes de mis hijos. Me pidieron la clave de mi computadora, se llevaron mis memorias usb. Dijeron que si quien los había enviado encontraba algo que fuera comprometedor, me matarían y estaban esperando órdenes. Volvimos al auto y seguimos andando por la carretera, me di cuenta por el ruido del tráfico y las personas de que volvimos a la ciudad, me llevaron a casa de alguien, entramos en un garaje, uno de ellos se bajó con mis cosas y las entregó.
Volvieron al auto y seguimos dando vueltas. Les pregunté si iban a matarme, me pegaban e insultaban. Dijeron que ellos harían lo que les ordenaran a hacer. Que yo ya estaba viejo y que ya había vivido demasiado para andar preocupándome. “Con alguien te metiste, a alguien le faltaste al respeto, y por eso te agarramos, así que tú sabes bien lo que hiciste. Esa persona no quiere verte en Matamoros, así que pide dinero, consigue dinero, y yo te recomiendo que te vayas de Matamoros, pero hoy mismo.”
Me dijeron que tenían a una de mis compañeras. Me mostraron la foto de una mujer que estaba golpeadísima, y me decían: “Es tu amiga, tú sabes quien es, mira como la han puesto; en cambio, a ti, apenas te dimos una paliza”. Me dijeron luego: “Ya la libraste. Te vamos a llevar a la puerta de tu casa. Sabemos todo de ti –y me describieron el accidente de mi perrita, la ropa de mi esposa, el color de la ropa de mi hijo, la carriola; dijeron qué carros había estacionados cerca de mi casa-, si no te vas hoy, mañana volveremos por ti. Si vemos a la policía o al ejército rondando tu casa, vendremos por ti. No tienes escapatoria, porque te conocemos muy bien”.
Yo ya estaba enterado, como tú y todos en el centro de investigación, y enterados por la misma mujer-jefa, que algunos decían que ella pertenecía a la maña, al crimen, y ella solo se reía, mientras lo contaba como si se tratara de un chiste. Ahora comprendo que era una forma velada de amenazar
Es sabido, y por ella misma que no para de decirlo, así como por otros trabajadores del centro, que dos doctores, Ehsan, Baltierra, e incluso tú, Ildelfonso, que estaban en este centro de investigación antes que yo, acá en Matamoros, igual fueron asaltados y golpeados en su momento. Los que me atacaron sabían dónde yo vivía, me dijeron exactamente todo lo que hice en la mañana, cómo estaba vestida mi esposa, que atropellaron a mi perra, que una enfermera nos llevó a un veterinario, que regresamos, que dejé a mi esposa, que en mi casa estaban otros compañeros de ellos esperándome, y que si encontraban cualquier rastro comprometedor en mi celular y en mi laptop, entonces volverían por mí.
Tengo mucho miedo, no sé qué hacer, y hago responsable a quien dio esta orden (y a todos los que estén involucrados) de cualquier cosa que me pase a mí o a mi familia. (He pasado los nombres de todos los que trabajan en el centro, a mis familiares y amistades en la prensa nacional y en otras universidades, para que los contacten a ustedes para exigir una explicación que permita llegar a la justicia, si algo me pasara).
Estimado Dr, esto me pasó a mí, y ya le ha pasado a otros tres doctores más del centro de investigación; a dos doctoras que esta mujer ha corrido, las ha intentado desacreditar: diciendo que se robaron cosas, equipos, cables de los equipos científicos. Esta mujer incluso ha enviado a sus sirvientes para que construyan historias respecto de mí, con tal de desacreditarme.
¿Acaso esperan que los que dieron la orden de golpearme hagan que les pase a otros doctores igual, para reaccionar? Sé que la misma mujer que me ofreció trabajo es responsable de estas golpizas, pero no hay forma de probarlo aún. Ayúdame, quien hizo esto es un sicópata, porque nada, ninguna razon hay para lo que hizo. Tiene que ir a la cárcel.
El jueves 25 de octubre era la auditoria de la maestría donde trabajo y solo no quisieron que yo llegara a la reunión. He hablado con personal de la Comision de Derechos Humanos, porque necesito protección para mí y mi familia. Enviaron a golpearme y a amenazarme con matar a mi familia.
Ahora, pregúntate doctor: ¿si lo que me hicieron es algo que deseas les ocurra a otros doctores o a tu propia familia? ¿Acaso por una cuestión de diferencias en el trabajo, o porque te niegas a hacerle bullyng a otros doctores, es justo que una persona te mande a golpear? ¿o porque te das cuenta de que los alumnos de la maestría no cumplen ni con el perfil para estudiar la maestría, y se les está dando becas y aprobando las materias sin que tengan los méritos, porque la jefa así lo dispone, y tú te niegas a servir de comparsa, es motivo para que sufras un atentado? ¿Acaso alguna de estas ideas es motivo de que se dé orden para que te asalten, golpeen o amenacen de muerte?
