La radio enorme, de John Cheever

Carlos Enrique Cabrera

John Cheever (Quincy, 27 de mayo de 1912- Ossining, 18 de junio de 1982).

John Cheever (Quincy, 27 de mayo de 1912- Ossining, 18 de junio de 1982).

«esa voz de Cheever para escribir cantando»
JOHN GARDNER

 

1.- Introducción

En estas breves páginas me propongo hacer un análisis somero de tres aspectos relevantes del cuento del escritor norteamericano  John Cheever (Quincy, Massachusetts, 1912 — Ossining, Nueva York, 1982)
“La radio enorme” (“The Enormous Radio”), publicado en 1947 en The New Yorker y recogido en  volumen en The Enormous Radio, and Other Stories (1953). Los tres aspectos que analizaré  son  el cómo se inicia la historia con la descripción de los protagonistas y las ventajas e inconvenientes de este procedimiento y  su pertinencia en el desarrollo de la trama de este relato concreto,  el ritmo de la narración y, en tercer lugar, la forma de describir a  los personajes. Concluyo destacando la enorme adecuación de todos los recursos narrativos empleados por el autor a la historia que  cuenta, sin duda una muestra  espléndida de maestría y sabiduría narrativas.

 

1.- El inicio de la narración

La historia inicia con la descripción de los protagonistas lo que conlleva siempre una serie de ventajas e inconvenientes.

Inconvenientes.  Cuando se inicia la historia con la descripción (física/psicologica) del  personaje, se postergan la trama y la presentación del “conflicto”, que es lo  más relevante en un cuento. Lo que espera el lector –y lo que logra captar su atención– es ver qué le sucede al personaje. Mientras no lo conoce,  poco le importa si este es alto o bajo o gordo o calvo. Estos datos se pueden ir  suministrando a lo largo de la narración, cuando el personaje lo hayamos visto vivir  y hayamos establecido con él un vínculo afectivo, un cierto nivel de empatía. Lo mismo  vale decir de los datos biográficos: fecha, lugar de nacimiento, estudios, etc.  Esta información  puede de igual modo proporcionarse  en el momento oportuno  para explicar aspectos del carácter y la idiosincrasia del o los personajes.

Las ventajas.  “La radio enorme” ocurre en realidad en el interior de dos almas,  resulta sumamente acertado, pues, a mi entender,  describir a sus propietarios y situarlos en su preciso entorno humano:   gente común y corriente, gris, mediocre. El hecho poético y “diferenciador” (amor por el arte–teatro-música, escuchar “música seria” por la radio y su brusca interrupción o pérdida,  la radio misma que se impone sutil y grácilmente como un personaje más, vivísimo) es  lo que abre la brecha por la que se cuela lo fantástico o lo extraordinario en el cuento. Y esto sólo es entendible y creíble (y “degustable”) en ese preciso y bien logrado marco  emocional.

De manera que –insisto– Cheever  tomó aquí una acertada decisión al iniciar su relato con la descripción de los personajes. Estos son el tema mismo, lo central de la historia. No lo es (aunque podría parecerlo  por el título del cuento)  el llamativo acontecimiento  –una radio que adopta características singulares que no les son de ningún modo ni propias ni habituales–, lo relevante y trascendente en el cuento, sino lo que este hecho insólito revela y pone dramáticamente al descubierto: cómo son en realidad los otros (los vecinos) y, lo que es peor y más  terrible aun, cómo son ellos mismos (la lamentable pareja protagonista), que en última instancia en nada se diferencian de sus vecinos a pesar de su afición al teatro y a la música, único elemento diferencial, marcado como su singularidad, desde el inicio…

Pero además Cheever maneja todo  con una soltura, una gracia y una habilidad y sabiduría narrativa tales (“como si cantara”)  que parece demostrar que no hay otra forma mejor de iniciar la historia.

 

2.- El ritmo de la narración 

“Una página de buena prosa es aquella donde uno puede oír la lluvia”.
JOHN CHEEVER

Lo sabemos de siempre. El ritmo es esencial en una narración.  Cortázar lo expresó con un certero símil: “Un cuento es como andar en bicicleta. Mientras se mantiene la velocidad, el equilibrio está asegurado”. Consciente de ello  –como narrador de raza– Cheever nos brinda aquí una prosa animada, viva, dinámica,   ligera y rápida “en la que se puede oír la lluvia”. En ella predominan las  oraciones simples y cortas; el nexo más usado  es la conjunción “y”; los signos de puntuación predominantes son  la coma y el punto: no hay  paréntesis que ralenticen el ritmo –apena  dos y bien cortos–. Es igualmente notorio  el uso masivo de verbos y perífrasis verbales (alrededor de 43) que  generan movimiento y dinamismo y la escasa presencia de adjetivos, así como el sabio y controlado manejo  de los detalles: no se dan más que  los indispensables.

Es todo lo señalado lo que  contribuye a hacer viva y ágil la prosa del relato “La radio enorme”, a la par que contribuye (y esto de forma decisiva y eficacísima) a crear el mágico  flujo hipnótico de  fascinación y poder encantatorio que  atrapa  al lector. Y aún  apoya y refuerza la verosimilitud.

La mejor comparación que se me ocurre (sin duda de igual modo muy del gusto de Cortázar) es la  del swing en el jazz. En  ausencia de este esencial elemento rítmico  que no todos los interpretes e instrumentistas logran o alcanzan,  la estructura musical (melodía, ritmo, armonía) queda alicaída, anclada a   tierra, sin que consiga alzar el vuelo, porque es  en el swing lo que dota de su magnetismo, de poder de encantamiento  y seducción a la pieza jazzística y la hace volar.

 

3.- La forma de descripción de los personajes

La descripción de los personajes  conforma un todo indisoluble con los  aspectos anteriormente señalados. Cheever describe a los personajes de su cuento de forma directa. Vemos a estos  a través de las palabras del narrador, no a través de sus acciones o interacciones con otros personajes o sus diálogos y reflexiones.  Cheever  hace  un retrato (pensando en los cuatro tipos que conforman la clasificación académica de la descripción de personas:  prosopografía, etopeya, caricatura) de Jim e Irene Westcott, es decir, nos muestra la totalidad de aspectos (físicos,  morales, psicológicos) que conforman el ser de los mismos. Como nos dice Josep Elias Galvez (s.f.) en un material didáctico sobre el escritor y sus recursos:

 “Pero una regla que sirve para todas las descripciones es que hay que describir con exactitud y vivacidad los detalles. Pero no todos los detalles tienen el mismo valor, sólo importan aquellos que son característicos del individuo retratado. Esto quiere decir que la simple acumulación de detalles no constituye un buen retrato; por el contrario, puede hacerlo prolijo y molesto. Hay que seleccionar, pues, los rasgos definidores. La minuciosidad de querer decirlo todo suele producir malos resultados.“

Y en el mismo sentido argumenta  Victor Sellés (2014) en Creación de personajes literarios: La descripción:

En mi opinión, la descripción de un personaje ha de ser mínima pero significativa. Debe decirse mucho con muy poco y hay que centrar al lector en lo relevante o en lo insólito. Dos o tres pinceladas han de ser suficientes para ese primer encuentro entre el personaje y el lector.

 Cheever elige muy hábil y sabiamente los detalles reveladores de la idiosincrasia y la personalidad de la pareja protagonista y nos la sitúa con absoluta precisión, con apenas  algunas leves pinceladas, en un entorno sociocultural/económico/geográfico y temporal específicos. Destaco  ese “quiero y no puedo” de la clase media norteamericana reflejado así de penosamente en esta breve frase descriptiva: “cuando hacía frío llevaba un abrigo de piel de mofeta teñida para que pareciera de visón”.  Frase que al  leerla no puede uno dejar de evocar (además) casi sensorialmente el proverbial mal olor de las mofetas. (Tenía esto ya escrito cuando se me ocurrió releer el cuento en el original inglés, lo que invalidó el comentario que quería ser agudo y sagaz, puesto que allí se lee: “in the cold weather she wore a coat of fitch skins dyed to resemble mink”. Es decir, exactamente turón y no “mofeta”, a veces ocurren errores de interpretación si no nos molestamos en acudir al texto en su idioma original).

 

4.- Conclusión

Vuelvo al inicio como recapitulación y cierre.

En un modesto libro que recomiendo, Cómo escribir relatos, Silvia Adela Kohan (2000)  habla de cómo un cuento puede  lograr atrapar al lector si su inicio (de la variada tipología de la que el cuentista puede echar mano en cada caso concreto)  se acoge a una serie de requisitos que este de John Cheever –añado yo– cumple a la perfección: El inicio  nunca debe ser un anexo o añadido artificial del resto del relato, como ocurre cuando se limita a introducir detalles accesorios y superfluos que ninguna función cumplirán en la estructura total. La descripción de los personajes (si se decide empezar así la narración, lo que en principio  no supone problema alguno),  nunca debería ser larga y cargada de detalles: lo eficaz es señalar ágilmente algunos pocos relevantes y significativos. De igual modo es recomendable introducir el tono emocional de la historia ya en  el inicio, que   el inicio logre condensar la totalidad del cuento.

En  la ejecución de “La radio enorme” de John Cheever  vienen claramente plasmadas estas acertadas recomendaciones que se modelan además con  un ritmo vivo y swingueante que envuelve y atrapa al lector. Todo ello hace de ”La radio enorme” una muestra  espléndida de maestría y sabiduría narrativas.

 

Del Autor

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Carlos Enrique Cabrera
(La Vega, República Dominicana). Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid (España) y realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en instituciones educativas de esa capital europea. Durante años se desempeñó como funcionario de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad Autónoma de Madrid y como colaborador externo de importantes editoriales españolas (Editora Nacional, Plaza y Janés, Alfaguara, Playor). En 2001 fundó la revista de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección dio a la luz, de forma ininterrumpida, 29 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría los libros Reflexiones de bolsillo (2002), Tiempos difíciles (2010) –recopilación de ensayos– y el conjunto de microrrelatos: Conjuros y otros microcuentos (INTEC, 2013). Es también coautor de la obra didáctica Español Universitario (Santillana Universitaria, 2006) y el de información turística Ciudad Colonial Santo Domingo (Tando Editora, 2011). Asimismo, mantiene en la Red varios blogs: Conjuros en “La Comunidad” del diario madrileño El País, y en Blogger el personal Carlos Enrique Cabrera (CEC) y el promocional de la revista Caudal, así como el educativo: Español CEC. Desde 1994 es profesor a tiempo completo del Área de Ciencias Sociales y Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).