El objetivo de este trabajo no es otro que hacer hincapié en uno de los aspectos casi olvidados de la obra martiana: su prosa narrativa, en especial su única novela, Amistad funesta, más tarde reeditada con el título de Lucía Jerez, en alusión a uno de sus personajes.
Esta fue escrita por encargo de su amiga, la Srta. Adelaida Baralt, para ser publicada en el rotativo bimensual El Latino Americano, en 1885. *
Martí ni siquiera firmó su propio nombre, sino que utilizó el pseudónimo de «Adelaida Ral.» Es en realidad un hecho fortuito el que Gonzalo de Quesada y Aróstegui la encontrara en unas páginas sueltas de El Latino Americano, corregidas a mano por el Apóstol.1
La mayoría de los críticos no asocia el género con Martí, y simplemente mencionan que escribió Amistad funesta. Pues bien, Martí tiene sus propias ideas de la novela, y si bien no escribió más novelas, tiene diseminada por toda su obra una serie de comentarios e ideas de lo que es una buena novela. Baste citar lo que dice en el prólogo a la traducción que hiciera de Ramona, de Helen Hunt Jackson, en 1887, «se disfruta de un libro que sin ofender la razón, calienta el alma,… Todos hallarán en Ramona un placer exquisito: mérito el literato, color el artista, ánimo el generoso, lección el político, ejemplo los amantes, y los cansados entretenimiento.»2
Con respecto a Amistad funesta, las circunstancias en torno a su gestación, parecen indicar el disgusto del autor al escribirla. En el prólogo la califica de «noveluca» y hasta se excusa de haberla escrito.3 Tal parece que la novela fue escrita de acuerdo con el gusto ajeno, simple y sencillamente por razones comerciales. En el siguiente fragmento se pone de manifiesto esta idea claramente, «… novelas como ésta, de puro cuento en las que no es dado tender a nada serio, porque esto, a juicio de los editores, aburre a la gente lectora; ni siquiera es lícito, por lo llano de los tiempos, levantar el espíritu del público con hazañas de caballeros y héroes…4
La alusión al juicio de los editores es significativa del estado de ánimo del autor. Refiriéndose al personaje central masculino, Juan Jerez, el propio Martí nos dice que éste empezó con mejores destinos de los que al fin tiene, ya que una «prudente observación» tronchó su carrera, convirtiéndolo en un simple galán de amores.
Toda esta amargura interior de Martí a causa de la interferencia externa, se pone de manifiesto en una de las notas más sarcásticas e irónicas que encontramos en la obra martiana, «en la novela había de haber mucho amor; alguna muerte; muchas muchachas, ninguna pasión pecaminosa; y nada que no fuese del mayor agrado de los padres de familia y de los Sres. sacerdotes.»5
El resultado es una «noveluca,» como la llama su autor, llena de un romanticismo fácil, cursi y falso. No obstante esto, la novela tiene valores indudables, que trataremos de destacar.
La trama de la novela es bien simple, es la historia amorosa de Juan Jerez y su prima Lucía. Además de esta trama principal, hay varias, que van a convergir a la principal: los amoríos de Adela y Pedro Real, la historia de Sol del Valle y la enfermedad de Ana. El punto de contacto es la visita del pianista húngaro llamado Kellefy. Hay una fiesta, en ella seguimos el desarrollo de las relaciones entre Adela y Pedro; también vemos cómo se le pide a Lucía que ampare a Sol, y aquélla, a pesar de sus celos, accede; y finalmente la enfermedad de Ana, matizando todo el conjunto.
A partir de este momento, la acción cobrará bríos para culminar en la finca, en el campo, la vuelta a la naturaleza recetada por el médico para la salud de Ana: alegría y aire puro. En efecto, todo marcha a pedir de boca, Ana se siente mejor, y aparentemente reina la armonía y la alegría. Martí nos lleva al ambiente de fiesta, donde todos están en el mejor estado de ánimo para celebrar su alegre estancia en el campo. De pronto una criada viene con la noticia de que Lucía no quiere abrir la puerta de su cuarto. Lucía ha sido víctima de un ataque de rabia y de celos ante la hermosura de Sol, pero al fin se decide a bajar. Lo hace en los precisos instantes en que Juan, llevando del brazo a Sol, se dispone a subir. Lucia, fuera de si, toma una pistola de una cesta en manos de un criado que pasaba, y descarga un mortal pistoletazo en el pecho de Sol.
Como puede apreciarse, la novela es esencialmente romántica, llena de una serie de coincidencias y hechos fortuitos que contribuyen a este efecto. La sensación de penumbra y misterio que envuelve la obra, también es un factor importante en esta dirección. Martí ni siquiera nos dice dónde tiene lugar la acción y a través de todo el relato juega con las combinaciones y efectos de luz y color, marcando una serie de contrastes y aires misteriosos típicos del Romanticismo.
Amistad funesta consta de tres capítulos. En el primero, sólo conocemos el pequeño mundo en que se des envuelven todos los protagonistas excepto Sol. Aquí los conocemos, y se nos esbozan las líneas argumentales antes mencionadas. En el segundo, Martí nos relata la historia de la familia del Valle desde su salida de España hasta el momento en que se desarrolla la acción. Este capítulo por entero es ejemplo excelente de una de las técnicas usadas, la de la retrospección. Martí deja la acción presente para remontarse al pasado y de esta forma darnos una serie de datos necesarios para comprender a sus personajes en el momento actual. El tercer capítulo es el más largo y es donde la acción avanza más rápidamente; a partir del momento en que marchan al campo, se concentra y precipita en vertiginosa carrera a su trágico fin. También en este capítulo encontramos la técnica retrospectiva, usada de manera acertadísima por el autor para ponernos al corriente de lo sucedido a Sol desde su salida del colegio.
Consecuencia directa de esta técnica retrospectiva es la suspensión dramática. Lógicamente, cuando Martí tienen que retrotraerse para contarnos algo, deja interrumpido lo que estaba ocurriendo. Otro de sus recursos para intensificar la suspensión dramática es irnos anunciando algo desde el primer capítulo que nos contará en el tercero. Pedro, en el primero, menciona, al final del mismo, que Sol está próxima a salir del colegio; a finales del segundo, se vuelve a mencionar que Sol va a salir del colegio, pero no es hasta el tercero en que nos enteramos de lo sucedido.
Para regresar a una acción que ha tenido que dejar, Martí escoge a una magnolia del jardín corno punto de referencia, y así desde el principio hasta el fin de la obra entra en acciones interrumpidas por medio de la «frondosa magnolia.»
Otro detalle técnico, digno de mencionar, es la sintaxis. Martí, como buen orador que era, lleva a la prosa narrativa varias de las características de la oratoria. Diseminada por toda la obra, podemos encontrar una serie de pequeños discursos. Merece la pena citarse el siguiente fragmento como ejemplo de esto:
Los estudiantes, no, esos estaban por las calles, aunque en los balcones tenían a sus hermanas y a sus novias; los estudiantes estaban en la procesión vestidos de negro, y entre admirados y envidiosos de los muertos a quienes iban a visitar, porque éstos, al fin, ya habían muerto en defensa de su patria, pero ellos todavía no; y saludaban a sus hermanas y novias en los balcones, como si se despidieran de ellas. Los estudiantes fueron en masa a honrar a los muertos. Los estudiantes, que son el baluarte de la libertad y su ejército más firme…6
Si nos fijamos bien en esta selección, veremos otra nota importante: la repetición de un mismo elemento. Esta repetición es uno de los factores que contribuyen a darle a la prosa martiana una cierta musicalidad. El propio Unamuno en un artículo sobre Martí, prestó atención a este detalle al decir, «hay que leer con los oídos y no con los ojos.»7
Otro rasgo estilístico a señalar es la prosa poética. Dice Anderson Imbert que la prosa poética tiene la forma interior de la poesía .y que además equivale a rechazar la realidad común por parte del autor para crear una realidad propia a base de bellas imágenes.8 Martí, efectivamente. crea una realidad personalísima, llena no sólo de bellas imágenes, sino también de ideales. No puede prescindir de la realidad, pero tampoco la puede aceptar tal y como es, y por tanto nos la da como él la ve o quisiera verla. Para lograr esto embellece esta realidad común a base de bellas imágenes y de los más altos ideales de acuerdo con sus vivencias básicas. Embellece la naturaleza: la magnolia, el viaje al campo, la antesala de la casa, en fin, todas las cosas que rodean a los personajes. Tampoco olvida a éstos, tanto los principales como los secundarios reciben esta dosis de embellecimiento poético con lo que nos quedan grabados con una impresión fija. Kellefy, el pianista, se distingue «por la suavidad de su mirada, y el ardor de su discurso…»9 Sol deja de ser de carne y hueso para elevarse a un plano superior, olímpico, «y al verla andar, la concurrencia aplaudía, como si la música no hubiera cesado, como si se sintiese favorecida por la visita de un ser de esferas superiores.»10
Finalmente, veamos a los personajes de la novela. Creados a la manera romántica, se nos presentan generalmente simples y llegando a los extremos en sus rasgos característicos. Juan es el idealista en grado sumo; Sol es bondad; Ana, la enferma; Adela, la vivaz, hasta la misma Lucía llega al extremo en sus celos. Estos rasgos están entrelazados en marcados contrastes acertadamente logrados por el autor. Lucía es mala, pero Sol es buena; Ana está enferma, pero Adela está llena de vida; Juan es el idealista, y Pedro, el calavera. Ana, que es la artista, la fuerza creadora, se muere, y Pedro, que es el mujeriego, se siente desarmado ante la pureza y bondad de Sol.
Martí utiliza colores para caracterizar a sus personales. Ana el azul (la gloria, la excelsitud y el idealismo), Sol, el oro; Lucía, el rojo (pasión).
Juan Jerez es la réplica de Martí. Es piadoso, quiere hacer el bien, incorruptible, y se goza al hacer algo en pos de un gran bien, como el propio Apóstol cuando trabajaba por la independencia patria. Otro rasgo autobiográfico es la contraposición entre Juan y Lucia, muy semejante a la propia situación del autor en relación con su esposa Carmen Zayas-Bazán, que pretendía poseerlo totalmente, sin tomar en cuenta la dedicación tanto física como espiritual de Martí en la libertad de Cuba.
Tanto Juan, como Sol, como Lucía, como todos los personajes en la obra, son simples y de una sola faceta. Sabemos cómo van a actuar, ya que su destino está marcado desde el comienzo de la novela.
En los personajes accesorios, como los que encontramos en el segundo capítulo, donde se nos relata la historia de la familia del Valle, encontramos algunos de marcado interés. Uno de los que muestra un rasgo puramente autobiográfico y que nos impresionó favorablemente fue Manuelillo, el hermano de Sol. Este no es otro que Martí de joven, y cuando se le destierra nos deja una de las más conmovedoras impresiones de toda la novela, la de aquel que deja su Patria sabiendo que no ha de volverla a ver, «… sentadito en la popa del barco, fijaba en la costa de su patria los ojos anegados de tan triste manera, que a pesar del águila, nueva que llevaba en el alma, le parecía que iba todo muerto y sin capacidad de resurrección y que era como un árbol prendido a aquella costa por las raíces…»11
Conclusiones
La novela, como se ha visto, no es una gran novela, ni puede comparársele con las grandes creaciones novelísticas, pero indudablemente posee méritos indiscutibles.
Ante todo expresa, fija y cabalmente, el temperamento del autor; sus postulados y virtudes básicas dentro de su escala de valores.
Literariamente, se crea un cosmos aparte, una sociedad en miniatura, a base de cultura, donde se mueven los seis personajes. En un ambiente «preciosista,» típico del «Modernismo,» cargado de símbolos, alegorías y metáforas.
Espero que este trabajo haya servido para un mejor entendimiento de la obra martiana y, sobre todo, para que no se descarte el género novelístico en Martí y se haga una justa revaloración de Amistad funesta.
* El texto de Amistad funesta no responde a un impulso auténtico de Martí, sino a una obligación asumida, con mucha probabilidad, por razones de carácter económico. Este antecedente se ve corroborado al leer las redondillas que Martí escribió en el momento de enviar a Adelaida la quinta parte del dinero que le habían pagado por la novela:
De una novela sin arte
la comisión ahí le envío:
¡Bien haya el pecado mío,
ya que a Ud. le deja parte!
Cincuenta y cinco fue el precio:
la quinta es de Ud.: la quinta
de cincuenta y cinco, pinta
once, si yo no soy necio.
Para alivio de desgracias
¡Sea!: de lo que yo no quiero
aliviarme es del sincero
deber de darle las gracias.
La actitud de Martí en estas estrofas es inequívocamente peyorativa hacia el texto novelesco. Además de que comienza llamando a su relato «novela sin arte», insiste después en la conciencia culpable de haberla escrito.
