Imagina que estoy contigo

Sobre Poemas de amor, de Carol Ann Duffy

María del Carmen Mestre

Poemas de amor
Carol Ann Duffy
Traducción de Juan José Vélez Otero.
Valparaíso Ediciones. Granada, 2019

 

Con el genérico título de Poemas de Amor, esta profesora de poesía de la Manchester Metropolitan University, ganadora de importantes certámenes literarios (“Poet Laureate” del Reino Unido, “National Poetry Competition”, T.S. Eliot” oCosta Book Awards”), reúne una colección de treinta y cuatro poemas seleccionados de sus libros anteriores. La mayoría de ellos tiene un hilo argumental, que fácilmente podrían convertirse en narrativa lírica, si su autora así lo hubiera deseado. Sus versos libres tienen la frescura de una musicalidad conseguida a base de repetición de palabras y a modo de pequeño estribillo, o de onomatopeyas que logran hacer la idea más sensible a la percepción. Estos versos descriptivos no están ambientados en idílicos paraísos, sino en situaciones cotidianas, como el hogar, la habitación, o la cocina, aunque en todos ellos aparece siempre el toque propicio que lo eleva por encima de lo puramente material.  La simple imagen de la cebolla le sirve como excusa para hacerla metáfora de dolor donde “el cortar unas simples cebollas te hacen llorar”, dice en el poema” Adulterio”; o de obsequio para el día de San Valentín: “Te regalo una cebolla”, y  su recuerdo llega hasta el papel: “Aparecía un modelo desnudo pintado en papel cebolla”, que nos remite a nuestro Miguel Hernández y sus Nanas, como muestra de que para llegar al simbolismo no es preciso recurrir a elementos extraordinarios.

Se dan cita en el libro diversos aspectos de este sentimiento universal que alguna veces trata como inconfesable, tal es el caso de “Correspondencia”, donde es preciso lanzar al fuego la carta comprometedora, porque comprometedor es su encabezamiento: “Amada mía, imagina que estoy contigo…”; o el lésbico, como cuando las perlas que calienta la criada enamorada de su señora son un pretexto para demostrar el amor; lo mismo que en “Novias”, donde ya no se oculta la pasión entre dos mujeres: “Aquella noche calurosa de septiembre en una cama pequeña,/ desnudas, y en nuestros frágiles cuerpos el sudor/ se enfriaba y volvía a aparecer…”. En otros, como en “Desgracia” y “Mal día”, refleja el lado más oscuro del dolor: “Pero un día nos despertamos en desgracia; la casa/ llena de habitaciones frías, cada gesto amable/ es un quiste creciente de penumbra y polvo,” escribe desde el abatimiento que se repite en su trayectoria versal. No faltan, como se ve, momentos eróticos, en los que de una forma explícita y sin ningún velo de rubor se manifiesta la pasión que comparten: “Extendí los brazos y tú me cogiste los pechos y me besaste”; “Bajo el vestido mis pechos se hinchan ansiando tus labios, mi vientre se agita esperando que lo calmen tus manos oscuras”.

En su nota introductoria, su traductor Juan José Vélez Otero recoge estas palabras de la autora escocesa: “Creo que lo que me interesaba al escribir estos poemas era encontrar un lenguaje e imágenes para lo erótico y lo oculto y secreto”. Y es que Carol Ann Duffy (1965), debido a su condición sexual, tenía que disfrazar sus sentimientos en una época en que el lesbianismo no era una opción aceptada; de ahí que sus poemas tengan un fondo de tristeza y de denuncia frente a la incomprensión social. “No se me permitirá adorar, besar o despreciar”, dice en “Nuevas Promesas”, que cierra el volumen.

Autora de poemarios notables (Standing Female Nude, 1985; Selling Manhattan, 1987; The Other country, 1990; Mean Time, 1993; The World`s Wife, 1999; Feminine Gospels, 2002; Rapture, 2005 o The Bess, 2011), se ha servido de ellos como función catártica, posibilitadora para mostrar sus sentimientos con encomiable naturalidad.