La mano del hijo pródigo
León de la Hoz
Betania. Madrid, 2019
Nacido en Santiago de Cuba en 1957, León de la Hoz lleva más de cuatro décadas dedicado al ámbito de las letras. Con una decena de libros publicados, su obra ha sido incluida en numerosas antologías y, en su país, ha recibido distintos galardones, entre los que destacan el “David” (1984) y “Julián del Casal” (1987).
La reciente aparición de La mano del hijo pródigo acerca el singular y sugerente universo del poeta cubano. Sostenido por una dicción latidora, de constante tensión lingüística, su verso se derrama sobre una línea temporal que conlleva una acentuada subjetividad. Presente y futuro se convierten en una clara apertura al universo exterior, desde donde otros sujetos mueven las piezas de lo aprendido en el pretérito. De ese modo, el sujeto poético sale de sí para sí mismo, es decir, delimita su frontera junto al advemimiento de su palabra y de su dicha: “Abro mi ventana/ con ganas de sentir en la mejilla/ la felicidad que dicen/ irradia por todas partes/ como en el día de la creación”.
Identificados los elementos comunes y separados aquellos que ya no son sino pecado y diluvio, León de la Hoz reescribe con las yemas de sus dedos todo aquello que no puede decir. Lo pasado se convertirá entonces en necesidad y lo vigente pasará a ser posibilidad palpable. Y, entre tanto, el amor terrenal tendrá su espejo en el ámbito celestial, donde Dios ocupa un parte importante de este diálogo lírico con las dudas vitales: “Hazme saber, señor,/
si es un juego y eres un niño/ que no teme la sangre ni la muerte/, y reinicia mi vida cada vez peor”.
Un espléndido libro que invita, al cabo, a sumergirse entre sus estancias y sus sueños, entre su enlunada realidad y su eterno horizonte y en el que el lector hallará “…todo aquello que no pude contar,/ el discurso de las rosas bajo los geranios,/ el ancla que sobrevive oculta del cielo”.