Un árbol que abre y cierra heridas

Sobre Un árbol en otros, de Alberto Chessa

Jorge de Arco

Un árbol en otros
Alberto Chessa
La Estética del Fracaso, 2019

 

En Siete árboles contra el atardecer, Pablo Antonio Cuadra dejó escrito: “Porque este es el árbol que cierra y abre heridas:/ Las cierra con su corteza cuando son heridas de guerra./ Las abre con sus frutos cuando son heridas de amor.” Y aquellos versos vuelven a mi memoria, tras la lectura de Un árbol en otros, de Alberto Chessa (1976).

El poeta murciano ha articulado un poemario de largo aliento donde no se deja llevar por la tentación de lo ficticio, sino que asimila con empeño una realidad ajena a cualquier falacia. Su voz es reveladora en cuánto gradúa una verdad palpable y cuasi geométrica: “… la vida crece y se hace un hueco entre la vida, entre palabras llenas de sangre y tierra”.

Lo pretérito se aparece como un territorio de incertidumbres donde las cicatrices no borran lo acontecido. Frente a un universo de clarooscuros, donde el ser humano respira la música de las sombras, el sujeto lírico se afana en buscar la imagen de sí mismo para saberse héroe cotidiano ante la adversidad: “No sé si quiero o no aprenderme el camino que conozco,/ visitar otra vez las celdas de la noche (…) Un nombre está esperando que lo invente./ En cada herida de mi cuerpo hay un amor dispuesto a ser nombrado”.

El verso de Alberto Chessa resuena firme y sin máscaras, armado, en ocasiones, de una necesaria ironía, que quiere conquistar la dignidad de un destino mejor. Porque, al cabo, bien sabe el poeta que la palabra es bálsamo, “como al alba la luna”, silabario de luces y bondades donde posar los paisajes del desolvido.