Festival Vista Miami:

Proeza cultural de la diáspora cubana

Amir Valle

Mi vida como escritor me ha permitido vivir privilegios enormes. Y el fin de semana de diciembre, sábado 14 y domingo 15, fui uno de los invitados al Festival Vista Miami, proyecto cultural liderado por el escritor Armando Añel y la presidenta de Vista Larga Foundation, Idabell Rosales; evento que acaba de cerrar su oncena edición, marcando ya con esta y las anteriores ediciones un hito en la historia cultural de la diáspora cubana.

Idabell Rosales durante la entrega de los premios que cada año otorga el Festival Vista de Miami.

No exagero. Quienes me conocen, saben bien que no suelo hacerlo y, cuando he sido hiperbólico al valorar a un autor nuevo o una obra reciente, la historia ha demostrado que tenía razón. Pero si no bastara, he aquí algunas cifras: protagonismo en diferentes actividades del programa de cerca de 40 autores cubanos de la diaspora; lanzamiento de 28 nuevas obras de 9 editoriales (incluidos dos títulos especiales: Cubazuela, crónica de una intervención cubana, de la Foundation for Human Rights in Cuba y La intervención de Cuba en Venezuela, de Archivo Cuba); cuatro paneles temáticos («Poesía en Miami», «La obra y sus circunstancias», «Narrativa exiliada» y «La cultura independiente y el Decreto 349»); una rifa caricativa cuyos ingresos serán destinados al escritor y periodista Roberto de Jesús Quiñones Haces, encarcelado actualmente en Cuba tras un proceso amañado y lleno de irregularidades legales; y la entrega de tres premios literarios: el Premio Nacional de Literatura Independiente Cubana «Gastón Baquero», concedido en esta ocasión al reconocido escritor Félix Luis Viera; el Premio de Poesía «Dulce María Loynaz», otorgado al poeta residente en la isla José Alberto Velázquez por su libro Pop rural, y la primera edición del Premio de Ensayo «Carlos Alberto Montaner», que me fue otorgado por mi libro La estrategia del verdugo.

A todo esto se suma la numerosa asistencia, integrada mayormente por otros escritores, intelectuales, activistas de la cultura y la política, así como público en general que llenó en las dos jornadas todas las actividades del teatro del American Museum of the Cuban Diaspora, de Coral Gables. Y todo ello apenas con un pequeñísimo equipo, cuya fuerza mayor es su entusiasmo, y el patrocinio de algunas de esas poquísimas instituciones que todavía creen en el valor de la cultura: el Instituto La Rosa Blanca, Foundation for Human Rights in Cuba, American Museum of the Cuban Diaspora, Fundación Rescate Jurídico, El Dorado Furniture y Vista Larga Foundation. Una fiesta del intelecto y la libertad, en resumen, contundente y representativa de la diversidad de las actuales letras cubanas y el pensamiento en la diáspora.

Panel «La cultura independiente y el Decreto 349».

Por si quedara alguna duda, existe otra razón del prestigio y poder de comunicación que ha obtenido este evento, hecho casi sin recursos (pues no es un secreto para nadie que en muchas ocasiones los organizadores han tenido que pagar de sus bolsillos algunos gastos): el miedo que le tienen las autoridades culturales del gobierno de la isla. Y escribo aquí «gobierno» con todo propósito, para ver si esos tontos útiles que no quieren que llamemos dictadura  y dictadores a quienes manejan el timón político de Cuba escuchan nuestros reclamos y se animan a explicarnos algo: si es verdaderamente el de Raúl Castro / Díaz Canel ese «gobierno progresista, humanista, y defensor de las libertades y derechos humanos» que tanto defiende la mal llamada «izquierda intelectual internacional», ¿por qué impidieron la salida de la isla del escritor y periodista Jorge Olivera, Presidente del opositor Club de Escritores y Artistas de Cuba; del escritor José Gabriel Barrenechea (que debía presentar su libro de cuentos Tubular Bells) y del rapero contestatario Osvaldo Navarro, «NavyPro», encargado de cerrar el Festival con sus canciones contestatarias? La burda estrategia de llevarse presos a Olivera y NavyPro horas antes de su viaje, y de hacerle saber a Barrenechea, en el mismo aeropuerto, que no podía viajar a Miami por una supuesta investigación criminal en su contra, como dijo el propio rapero: «Son muestras del desespero político que sufre el Gobierno; quieren llevar a bajo cero el accionar del cubano socialmente activo y garantizar su jerarquía».

Panel «Poesía en Miami».

Pero eso, hay que decirlo, es el día a día en las dictaduras: los individuos son sólo fichas que los dictadores manejan a su antojo. Todavía más preocupantes, sin embargo, son las sospechas que existen sobre la infiltración de la inteligencia cubana en algunos estamentos del gobierno norteamericano. Me resisto a ser paranoico, pero a mí, como a otros muchos nos resultó demasiado extraño que, pese a cumplir con todos los requerimientos que el gobierno de Estados Unidos impone a los ciudadanos y residentes en Alemania, y pese a haber sido solicitado con tres meses de anticipación, sólo supuestamente por el hecho de ser cubano, el visado que me permitiría participar en el evento jamás llegó, de modo que únicamente logré aterrizar en Miami el mismo primer día del evento y gracias a las gestiones que a través del Departamento de Estado hizo el congresista Mario Díaz Balart.

Algunos títulos presentados durante el Festival.

Curioso me resultó que, como me lo hicieron saber en el momento en que estampaban la visa en mi pasaporte, ni siquiera los funcionarios del Consulado norteamericano en Berlín lograban entender a qué se debía el lento procesamiento de mi visado en las oficinas encargadas de ello en Estados Unidos. Mientras me abrazaba después de más de 20 años desde nuestro último encuentro en Cuba, uno de mis más fieles lectores nos dijo a todos allí, sin el menor titubeo: «Esa es la mano del castrismo. Miami está llena de agentes castristas, eso lo sabe todo el mundo. Y si hasta la jefa de América del Pentágono era una espía del castrismo, ¿alguien se atreve a dudar que esto sea otra de las jugadas sucias de aquellos cabrones para boicotear este tipo de eventos?». Otro de mis lectores, un desertor de la policía política cubana que ha hecho mucho por denunciar las estrategias cubanas de penetración e infiltración en Estados Unidos, me dijo: «cualquiera podrá decirte que la paranoia está servida, pero yo te puedo asegurar que, en el caso de Cuba, el 99,99 por ciento de las veces la paranoia está justificada».

Panel «Narrativa exiliada».

Sea cual sea la verdad, lo innegable es que, nacido en el año 2014, el Festival Vista muy pronto se transformó en una filosa espina bien difícil de tragar para quienes han impuesto en la isla ese proceso manipulador de la conciencia del creador conocido como «Programa Cultural de la Revolución» y que, utilizando tácticas realmente desleales y sucias (como el aprovechamiento del mal llamado «intercambio cultural» de la era Obama) se han propuesto contaminar el escenario cultural en los Estados Unidos y, específicamente, torpedear la poderosa plataforma de denuncia intelectual y cultural en que se ha convertido la ciudad de Miami. Ni siquiera se molestan en ocultarlo.

En muchas de sus reuniones y encuentros con escritores, artistas e intelectuales cubanos, los comisarios culturales de la dictadura han apuntado abiertamente sus ataques al desarrollo artístico y cultural que en las últimas décadas han protagonizado los cubanos desde Miami. Consideran que en Miami se hace «arte enemigo», «literatura anticubana», y otras etiquetas por el estilo. Es una lógica reacción, el mordisco rabioso de aquella serpiente, molesta porque cada vez se les hace más difícil engañar al mundo con la tesis de que «la cultura cubana es solo la que se hace en la isla» y que «Miami es un desierto cultural».

El autor de este artículo, Amir Valle, entrevistado por TV Martí Noticias.

Porque, como ya está bien probado, cubanos de Miami, Madrid, Barcelona y otras ciudades del mundo, han protagonizado (y protagonizan aún) la mayor proeza de resistencia cultural en las diásporas del mundo de los últimos dos siglos. Y es que ninguna de las diásporas que han existido en el siglo XX y lo que va de XXI han tenido que sobreponerse y existir luchando contra dos poderosos enemigos: aquellos que en Cuba ya no los consideran «cultura cubana» porque crean «fuera de la isla» y esos otros que en «el extranjero» los menosprecian o ningunean porque creen que «han perdido sus raíces culturales y, por ello, no es cultura cubana». Ninguna diáspora cultural ha tenido que enfrentarse, como la cubana, por un lado, al odio de quienes en Cuba los obligaron a emigrar a otros países y, por otro, a esa inconmensurable y venenosa tela de araña de los nostálgicos de izquierda (casualmente dueños casi monopólicos de gran parte del mundo editorial, los estudios académicos y los medios de prensa culturales en los países democráticos») que ven como «traidores y mediocres» a los artistas, escritores e intelectuales cubanos de la diáspora.

Proyección del documental "Amir Valle: Vida y coherencia".

Proyección del documental «Amir Valle: Vida y coherencia».

En lo personal, es motivo de orgullo que mi visado haya sido concedido por el mismísimo Departamento de Estado norteamericano gracias a la gestión de un congresista cubanoamericano; que mi libro de ensayos sobre la censura en Cuba haya ganado el premio de ensayo «Carlos Alberto Montaner» (alguien por quien, coincidentemente, siento una profunda admiración y con quien mantengo ya una larga amistad, además de nuestras relaciones profesionales); que la proyección del documental «Amir Valle: Vida y Coherencia», del cineasta y documentalista cubano Ricardo Bacallao sobre mi vida y obra haya tenido una excelente acogida de público y crítica; y que mi libro Habana Babilonia o Prostitutas en Cuba haya sido el bestseller del evento.

Un público numeroso e interesado participó siempre en todas las actividades del Festival.

Sólo eso me hace olvidar el cansancio de esta visita de apenas 48 horas a Miami, sumadas las largas horas de viaje de ida y vuelta. Pero si no bastara, ahí están los abrazos con amigos, maestros, hermanos, lectores, a quienes hacía años que sólo veía en las redes sociales. Y me siento muy honrado de que, luego de tantos años intentándolo, hayamos podido concretar mi deseo de aportar aunque sea un grano de sudor a todo ese esfuerzo que hacen Idabell Rosales, Armando Añel y su equipo para que esta hermosa locura siga siendo, tanto en la isla como en la diáspora, una referencia para la cultura cubana, que es una sola, sin dejar de ser plural, diferente, inclusiva, aunque algunos miserables pretendan atomizarla con la también miserable intención de amordazarla y utilizarla para aviesos fines disfrazados de humanismo ante el mundo.

Finalmente, siente uno la satisfacción de decir que el Festival Vista Miami, el único festival literario de la cultura diaspórica cubana que, además, intenta promocionar fuera de la isla aquellos sectores libres, no contaminados ni comprados por la política cultural de la «Revolución», además de ser por sí mismo una proeza de quienes desde Miami aman y creen en la cultura cubana en libertad, tiene el valor añadido de ser un escenario muy visible en Estados Unidos (y también en las redes sociales y otros espacios promocionales en internet) de esa proeza cultural de los exiliados que tanto incomoda a comisarios culturales y políticos en la isla.

 

NOTA DE ÚLTIMA HORA (20.12.2019): 

Un admirado colega de Miami me escribe y hace reconocer un error en este último párrafo en la versión original: el Festival Vista Miami NO es el único festival literario de la cultura diaspórica cubana, si no (cito sus palabras) «probablemente el más nutrido, el mejor concebido a través de los años». Y ello es cierto, pues también en Miami se celebra otro evento que ha ido creciendo en importancia: la Convención de la Cubanidad. Aprovecho entonces, además, para incorporar un detalle que me parece importante y que olvidé mencionar antes: este tipo de eventos culturales han ido demostrando que le hacen bastante daño a la dictadura, de ahí que los comisarios culturales del castrismo hagan tantos esfuerzos en boicotearlos, y por ello es innegable que las instituciones, organismos y grupos políticos luchadores contra el castrismo, que reciben cada año ayudas económicas de cientos de miles de dólares del gobierno de Estados Unidos harían mucho bien si destinaran parte de ese presupuesto a la lucha por la libertad de Cuba desde el terreno de la Cultura en la isla y en el exilio cubano. Como me dijo durante el Festival uno de los representantes de un reconocido grupo anticastrista de Miami, asistente al evento: «no basta con gritar Abajo el Castrismo, hay que saber trasmitir mejor nuestras demandas». Y, como todos sabemos, en la Historia de nuestra sufrida Patria, desde Félix Varela hasta la llegada de la Revolución, las más importantes batallas se ganaron también gracias a la implicación de movimientos y figuras importantes de la Cultura y el Pensamiento Social.