Populismo Postmodernista

Jorge Chavarro

Ernesto Laclau, el pensador argentino de la filosofía política y piedra angular de la teoría populista contemporánea, consideraba para el momento de su muerte, abril 13 de 2014, que después de los cambios globales ocurridos con el fin de la guerra fría, el populismo de todos los matices era el destino de la política mundial.

Ernesto Laclau (Buenos Aires, 6 de octubre de 1935 – Sevilla, 13 de abril de 2014)​.

Cinco años más tarde los hechos le están dando la razón. Por todos los puntos cardinales se mueven como peces en el agua, especímenes que van desde el huidizo Evo Morales, hasta el representante post moderno del macartismo y el poder blanco encarnado en Donald Trump; y que decir de Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, México y Colombia, para solo mencionar lo relevante de occidente, o de Putin, Kim Jong-un, y el politburó chino si nos vamos a oriente (perdón Sr. Putin por haberlo mandado a esas latitudes, pero la mayor parte de su reino es asiático).

América Latina ha sido una suma de fracasos populistas que comienzan desde finales del siglo XX con la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999. El cansancio social producto de la corrupción de los partidos tradicionales, le permitió al coronel apoderarse del gobierno, con la esperanzada mirada de no solo la mayoría venezolana, sino de los estamentos progresistas del continente y del mismo Laclau; Chávez fue elegido por la revista norteamericana Time, como uno de los gobernantes más influyentes del mundo en los años 2005 y 2006, y por la revista colombiana Semana como hombre del año en los años 2005 y 2007. Luego sus pretensiones de caudillismo latinoamericano lo llevaron a cometer las mil y una equivocaciones que minaron la economía venezolana y su prestigio; la debacle se precipitó con su muerte, el señor Maduro ha hecho todo lo necesario para completar el naufragio, mantenido en el poder gracias a un sólido apoyo de los más desposeídos, como siempre abono indispensable del populismo.

Después de Chávez, ultraderecha e izquierda se lanzaron a conquistar el poder con discursos nacionalistas y de redención económica, algunas veces con la ayuda de mecanismos de convencimiento asistidos en la violencia de sus apoyos alzados en armas. Llega entonces Uribe, la imagen en espejo de Chávez en la Colombia del 2002; y en seguida, la nueva era del peronismo con los Kirchner, Néstor y Cristina Fernández en Argentina a partir del 2003, que ahora parece renacer con la llegada al poder de Alberto Fernández, autocalificado como centro izquierdista.

Evo Morales es elegido en Bolivia en el 2006 con el discurso reivindicador de las mayorías indígenas, el mismo pertenece a la etnia aymará; este año sus pretensiones de perpetuarse en el poder con los mecanismos del fraude electoral, producen la reacción del ejército y la minoría blanca, que lo obligan a huir a México donde se encuentra como asilado político. Rafael Correa arriba al poder en Ecuador en el 2007, gobernó una década y lo sucedió en el poder Lenin Moreno, su exvicepresidente, de quien está alejado por sospechas de haber intentado un golpe de estado contra Moreno con la complicidad de Nicolas Maduro.

Andrés Manuel López Obrador comienza su gobierno en diciembre del 2018. Llega al poder a pesar del fallido intento fraude, mecanismo del que si hay evidencias de haber sido víctima en las elecciones del 2006. El fracaso por la corrupción y desgobierno combinados del priismo y el panismo fueron el terreno fértil para este nuevo brote populista en el continente; aún se mueve en la esperanza a pesar de todos los esfuerzos por derrumbarlo.

Un mes más tarde Brasil elige como su presidente a Jair Bolsonaro; un nacionalista, conservador, enemigo de los derechos humanos, defensor de la dictadura militar y partidario explícito de la tortura como medio de control del comunismo, tal discurso reforzado con la inmediatez de la crisis económica, el incremento desmesurado de la violencia y las acusaciones de corrupción a sus antecesores, lo llevan al poder en enero de este año.

He dejado para el último turno al presidente Trump, él por su parte fue literalmente ignorado por la oposición en su mensaje populista, pero también solo él pudo, sin mencionarlo, hablar en contra de la marginalización producto del neoliberalismo, y mantenerse dentro del statu quo neoliberal con todo y sus votos, flotando entre dos aguas con un  discurso en el que borraba las dicotomías entre republicanos y demócratas, con las múltiples demandas que se reunieron en su frase de campaña “Hagamos a América Grande de Nuevo”, convirtiéndola en el símbolo del significante vacío necesario para convocar a todo el que se sintiera fuera del sistema. En la campaña solo necesitó seguir mostrándose como un outsider del establecimiento, y con ello ganarse a la clase blanca norteamericana, cuyo tamaño es mayor al que se le reconoce, e igualmente marginalizada por la élite conservadora; pero supo mantener a su lado al GOP, el verdadero poder del partido republicano, así el marginado ponga más votos.

No han sido producto del azar sus falacias antimexicanas, que son por extensión antihispanas y misóginas, y que se producen con velocidad post modernista en sus Twitter de la hora, hasta convertirse en dogma. Sin embargo, muchos de sus émulos hacen lo mismo, a lo mejor con o sin twittear, sin embargo, ¿cómo diferenciar del rebaño a Bolsonaro o Putin?, y en el otro lado del espectro, ¿cómo negar la existencia de unas marionetas, instrumentadas por otros que mueven sus hilos invisibles, con el fin de perpetuarse?

El nuevo populismo es una construcción basada en la misma teoría para todos sus cultores. El populismo es el objeto de mayor entusiasmo para Laclau, porque es el pueblo la única figura que puede desencadenar modificaciones del statu quo, el pueblo se constituye alrededor de la imposibilidad social. Hay que subrayar que el término no tiene para Laclau significado peyorativo o semejante. Los nuevos populismos se han construido ya no igualitarios como hasta los sesentas, sino que, como lo demuestra el recuento antes hecho, se están dando como nacionalismos populistas, etnocéntricos e identitarios. He ahí la razón de su éxito, estén donde estén, vengan de donde vinieren en el espectro político de derechas e izquierdas.

Sin embargo, quiero enfatizar que no todo puede escapar de la razón ética a costa de los resultados. Cuando encontré por primera vez la frase que trascribo más adelante, desplegada en un afiche colocado en la puerta de la oficina de mi profesora la Dra. Gabriela Zapata, la asocié inmediatamente a Donald Trump; pero casi de inmediato caí en cuenta que describe a todos los actores políticos antes aludidos letra por letra. Booker T. Washington, educador afroamericano de los siglos XIX Y XX, nos alertó sobre lo que significan los abusos del poder que conllevan los populismos acercándolos a las dictaduras: “Una mentira no se convierte en verdad, lo equivocado no se convierte en correcto, lo demoniaco no se hace bueno, solo por ser aceptado por una mayoría”.

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. En la actualidad es estudiante del programa de doctorado en literatura del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, también en Texas.