Vidas (des)encajadas

Sobre la novela Desencajada, de Margaryta Yakovenko

Jorge Luis Rodríguez Reyes


Desencajada
Margaryta Yakovenko
Caballo de Troya, 2020

 

Entre las novedades literarias del 2020 apareció por la Editorial Caballo de Troya la novela Desencajada de la joven autora Margaryta Yakovenko.

Yakovenko es una ucraniana radicada en España. Graduada de periodismo y especializada en Política Internacional, ha trabajado en El Periódico de Cataluña y El País, y fue editora de PlayGround. Está incluida en la antología de relatos: Medusa II.

La novela Desencajada relata una ruptura de pareja, una implosión emocional: una joven emigrada que se refugia en casa de una amiga, le cuida el perro y se autoanaliza. Una muchacha que se busca a sí misma y descubre que ha vivido una vida forzada. Una vida violentada.

Los griegos señalaron que una acción, por pequeña o cotidiana que parezca, puede desencadenar resultados de graves proporciones.

Toda la literatura occidental está cifrada en esa concepción. La literatura y la vida empieza por una pequeña tragedia, una peripecia insignificante que se desborda.

Decía el griego que la anagnórisis es la capacidad de descubrir(se), de hallar datos que completen el conocimiento y provoquen un giro, una peripecia. A veces olvidamos que ya todo estaba allí, en aquella Grecia con la democracia en la boca y un peplo rosando los tobillos.

Del verbo desencajar nos dice el Diccionario de la Lengua Española, versión online: «1. tr. Sacar de su lugar algo, desunirlo del encaje o trabazón que tenía. U. t. c. prnl./ 2. prnl. Dicho del semblante: Desfigurarse, descomponerse por enfermedad o por pasión del ánimo.»1 Agregaría que en la jerga de los imprenteros o editores: Encajar es cuando se logra ajustar la caja de texto, cuando cada letra o la cuatricromía se ensambla a la perfección. Si se desencaja no puede leerse bien, no se comprenden los signos o los colores se degradan, dejan de ser. Está todo fuera de lugar.

Algunos solo han visto solo un tema migratorio en la novela, que lo hay, pero así se reduce, creo que va más allá.

Emigrar es una de las tragedias de la humanidad: desde el principio de los tiempos se emigra, se va de un lugar a otro. ¡Todos migrarán, diría!: las aves y los animales más extraordinarios en busca de alimentos, de calor, de sobrevivir. Es algo cotidiano, los cuerpos migran de un estado a otro de la materia.

Pero el hombre lo ha hecho un problema, lo ha burocratizado.

Zonas geopolíticas como la Unión Europea, que por mucho años tuvo países en fuga, han complejizado el proceso para disuadir llegadas masivas que hagan colapsar el sistema de bienestar social. Hoy cualquier salto de frontera que fue algo ordinario es una tragedia.

La novela Desencajada empieza cuando a Daria Kovalenko Petrova, el personaje principal de esta historia, le están entregando la ciudadanía española. Un trámite que ha demorado mucho pero para los inmigrantes es uno de los logros principales. Es la integración; un estatus de igualdad en la sociedad: encajar.

La funcionaria prosigue con la monserga de la resolución y ella, Daría Kovalenko Petrova, solo ve la obscenidad de la funcionaria, la vacuidad de algo tan absurdo, ve las uñas de la mujer que lee el documento con unos ojos marrones, de gaviota.

Es una oscura funcionaria que tramita algo como hace cada uno de sus días. Un trámite en una vida de trámites. Un país trámite: la articulación de un país pletórico de burocracia.

Hace 20 años reside en España. Salió de Mariupol, Ucrania, a un reencuentro con el padre que un año antes huyó con un puñado de dólares en el bolsillo para recomenzar donde primero le consiguieran el visado.

Cada palabra en esta novela está erigida con precisión; un estilo seco, acre que va erosionando al lector y lo seduce. Es una escritura directa, sin rodeos, llena de poesía.

Pronto nos percatamos que detrás de ese fracaso amoroso: hay un fracaso mayor, el de la identidad.

Es una novela corta. Estructurada en treinta y tres capítulos breves, casi viñetas.

Curioso que estructure la novela en ese número que sabemos de gran simbolismo: treinta y tres fueron los años de Jesucristo cuando decidió ser crucificado. La edad en la cual se produce su renacimiento. Su reencuentro con el hecho de dejar de ser lo anterior: su transformación.

Y el texto está estructurado en esa añada. Cifrado así el cuerpo narrativo, el cuerpo encajado. Pura casualidad la cifra? Quizá.

Casi todos los capítulos cierran con la traducción de un término del ruso. Siempre un vocablo que intenta definir el capítulo, que potencia el sentido de lo leído. Leemos palabras que van subrayando la posible comprensión: ustalost (hastío); odinochestvo (soledad); zlost (Rabia); pechal (tristeza); rodina (patria)

En una parte del texto se cuestiona el personaje:

«Lo que no sabía entonces era que la nostalgia es la parte final del duelo migratorio. Es la parte que no se puede extirpar. No tiene un núcleo, la nostalgia se extiende por las células como una metástasis agresiva. Empieza a formar parte de lo que tú eres.

Si el lugar en el que nacemos y nos criamos nos forja, a mí me forjó la soledad.

Si el lugar en el que nacemos y nos criamos nos forja, a mí me forjó la nostalgia.»2

La lectura de esta novela provoca muchas preguntas.

Daria Kovalenko Petrova, el personaje principal ha logrado abrirse camino a fuerza de esmero en el sistema educativo y se ha graduado, nos dice: «Saco buenas notas en el colegio, saco sobresalientes en el instituto, matrículas de honor en la universidad. Acabo la carrera recibiendo el premio extraordinario al mejor expediente.»3, pero llegado el momento se da cuenta que ha vivido una vida que responde a los trazos de otros: los padres, la sociedad que deposita al inmigrante en un territorio social donde difícilmente pueda salir, una arquitectura clasista que si bien no tiene ataduras férreas imposibles de saltar crean en la psiquis desosiego y la sensación de estar fuera de lugar que es otra manera de discriminación, de no encajar en el texto social:

«Asumimos que hay espacios libres de inmigración no por falta de costumbre sino porque somos unos clasistas. Carlos no es un racista de manual, lo que ocurre es que la única ucraniana que conoce es la que viene a limpiarle el piso una vez por semana. Esa ucraniana podría ser mi madre. La distancia social que hay entre nosotros es en realidad un abismo. Me doy cuenta de ello muy pronto pero no me alejo sino que me enamoro de él. Salimos a cenar. Nos vamos de viaje a lugares que requieren visados y vacunas y cuentas corrientes saneadas. Compramos comida fuera para no cocinar porque estamos demasiado ocupados paseando de la mano por la playa. Me enamoro de Carlos sobre todo porque mis padres me han enseñado a querer la vida que tiene él. Mi padre llegando a casa a las seis de la mañana después de trabajar y diciéndome que tenía que estudiar, que tenía que sacar buenas notas, que yo debía ser capaz de trabajar solo con el cerebro. “Ya estoy trabajando yo con las manos para que tú no tengas que hacerlo”, decía mi madre. “¿Ves esto que hago? Te estoy enseñando justo lo que tú no debes hacer”, decía mi padre. Me pagué la carrera con becas a la excelencia y los ahorros de mis padres porque para ellos era una vergüenza que yo sirviera copas en un bar. Era una vergüenza que yo trabajara de lo que ellos trabajaban. Mi padre decía: “No he estado yo sirviendo bocadillos para que ahora tú lo hagas”»4

La lectura de Desencajada retrata la tragedia migratoria. Muestra aristas de algo que escapa al hecho de las políticas de cada país sobre el tema, desnuda la vulnerabilidad, la indefensión de millones de seres que se arriesgan para cambiar escenarios, para mejorar posibilidades; modos de sobrevivencias pero cuando se alejan tanto llega el momento de querer regresar y no hay lugar para ello: se desvanece todo y se quedan en medio de nada.

Esa es la verdadera tragedia de la migración: ser Odiseo sin Ítaca. Desencajada nos muestra la búsqueda de esa isla perdida en el imaginario del inmigrante.

Notas del artículo

  1. https://dle.rae.es/desencaja (Consultado el 5/02/2021)
  2. Margaryta Yakovenko: Desencajada, Caballo de Troya, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U.,  Barcelona, España, 2020, p. 48. (EBOOK)
  3. Ibídem.: p. 34.
  4. Ibídem.: p. 32.