Una novela de Juan Gabriel Vázquez sobre Panamá

Luis Fuentes Montenegro


 

Tres años después de descubrirla, de zambullirme en sus doscientas páginas, hice la segunda lectura de una de las obras más sobresalientes de este escritor colombiano.  Nuevamente quedé convencido sobre la variedad de aspectos que destacan en el mejor sentido de la palabra: el uso atinado de recursos técnicos (flash back, intertextualidad, transcripciones, la narración oral, soliloquios), el discurso narrativo a partir de una primera persona que cuenta y permite la fluidez de distintos puntos de vistos, el argumento mediante el cual hace de una persona real, quien constituye uno de sus personajes emblemáticos para adentrarse y desarrollar un tema histórico que involucra a dos países: Colombia y Panamá.  Sin dudas, en la novela Historia Secreta de Costaguana (2007), el pasado, los supuestos secretos, el engaño, la mentira como asuntos de trasfondo temático, centellean, siendo una constante que viaja desde las páginas de una obra narrativa anterior: Los informantes (2003); al igual en sus creaciones posteriores tal constante deambula, es el caso de El ruido de las cosas al caer (2011), Las reputaciones (2013), Las formas de las ruinas (2015), en donde la mirada hacia el ayer no deja de ser una preocupación.

Entre la novela y la historia por supuesto que existen diferencias, para el academicismo formalista, una corresponde a la “ficción”, la otra concierne a la “realidad” de hechos acontecidos; para los simplistas, más de una vez se prefiere apuntar hacia definiciones similarmente esquemáticas, limitando dichos mundos a lo falso y a lo real.  Sin embargo, he topado con textos de historia donde lo falso, la ficción, la mentira y el engaño merodean, mientras en algunas novelas, he constatado descripciones propias de la realidad, de hechos rotundamente verdaderos.  El dilema de la interrelación entre la realidad y lo ficticio en la literatura, no es una cosa reciente, en el mundo novelesco, antes y hoy, el pasado, su interpretación, su reescritura, ha sido una esfera atrayente, de paso ha hecho de la historia, la oficial y la no escrita, un auténtico yacimiento de donde los escritores extraen temas, situaciones, personajes que los deslumbran, obsesionan, ven valiosos, oportunos, necesarios de abordarlos literariamente, redescubrirlos; en este marco, esta novela de Juan Gabriel Vásquez nacido en 1973 en Bogotá, es una muestra de todo ello, la muestra de una producción literaria entendida a plenitud como una obra de ficción que escarba en la historia.

 

El esquema de los triángulos

No parece que pueda considerarse casual esa estructura de relaciones triangulares que perdura a lo largo de la novela Historia Secreta de Costaguana, pues la arquitectura de un texto novelesco más allá de lo estilístico denota la destreza dentro de una composición para ir desarrollando la temática, las tramas, el argumento, el hilo conductor, el discurso narrativo, es la intrínseca atadura entre fondo y forma; en ella existe la presentación de un esquema que imagino a modo de triángulos interrelacionados dentro de los cuales la narración se desenvuelve: el triángulo familiar del personaje narrador, integrado por sus padres (Miguel Altamirano, Antonia de Nárvaez), por su esposa (la francesa Charlotte), por su hija (la panameña Eloísa Altamirano); el triángulo de tres países (Colombia, Panamá, Inglaterra) que constituyen localidades en donde transita el narrador y la narración; el triángulo de un antes, un durante, un después atinente a la figura de Józef Teodor Konrad Korzeniowski, el aventurero polaco que deambula por los linderos panameños traficando cuanto pueda: armas, licores, víveres, sepa Dios qué otra ocurrencia, convertido posteriormente en el escritor representativo de la literatura inglesa Joseph Conrad, tomándose como punto de partida su fallecimiento en agosto de 1924, que se configura en instrumento para emprender el argumento novelístico, el hilo conductor, sobre todo del tema histórico que no sólo atañe al país del autor, sino al país de quien ahora escribe.

Dicho esquema de tres se reitera en el modelo de estructura de la novela: tres partes, cada una a su vez, compuesta por tres capítulos, entre los cuales, en efecto, la figura de aquel escritor polaco-inglés se constituye en una especie de pretexto literario para poderse hablar sobre ese pasado de la historia de Colombia, alegándose engaño, mentira, en una versión que se ofrece en el libro Nostromo (1904), sobre la cual el narrador personaje José Altamirano (encontrándose en Inglaterra) necesita desenmascarar, aclarar las supuestas tergiversaciones ahí dadas, originando esa Historia Secreta de Costaguana que representa un cúmulo de revelaciones desde la óptica de dicho protagonista que relata, un protagonista que encarna a un colombiano instruido que da su testimonio, que narra dichas revelaciones que considera impostergable sobre las aseveraciones que el Joseph Conrad personaje, a quien había conocido, expone sobre una historia que en efecto es colombiana e irrefutablemente también incumbe al pasado histórico de la república de Panamá.

 

Costaguana entre la ficción y una historia ya nada secreta

Es indudable que el uso del nombre Costaguana no deja de ser un tributo al escritor polaco-inglés Joseph Conrad, quien lo emplea desde las primeras páginas de su novela ya mencionada y en la cual se hace referencia a un país ficticio latinoamericano en donde algunos hechos que se producen dentro de su geografía guardan relación, manifiestan similitudes con hechos reales que se desarrollaron entre Colombia y Panamá.  De dicho contexto ficcional, Juan Gabriel Vásquez lo transporta a otro contexto de ficción, en donde se hace el equivalente de una variedad de situaciones reales y de situaciones imaginadas que acontecen, no en el país ficticio como conceptuaba Conrad, sino en el pasado de un país real o la verdad, de dos países reales que se interrelacionan, que irremediablemente aparecen en los capítulos, entre las tramas, en el devenir de los personajes; se diga o no, se reconozca o se omita, la historia que revela el Costaguana  de Juan Gabriel Vásquez, cierto, se equipara por un lado con Colombia, pero al mismo tiempo atañe a diferentes episodios sobre un Panamá de antaño, en específico sobre los antecedentes que posibilitan la separación panameña en 1903 y que en el fondo de los fondos constituye una historia compartida entre ambas naciones latinoamericanas.

Cónsono a la historia panameña, ese pasado que se deja entrever en la novela Historia Secreta de Costaguana oscila de 1821 a 1903, en particular a hechos históricos dados básicamente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en donde, en efecto jugaron roles determinantes el Ferrocarril Transístmico, el Canal Francés, la Guerra de los Mil Días y que de una u otra manera representan causas, acontecimientos que fueron incidiendo para que finalmente -entre otras razones- Panamá concretara su Separación de Colombia.  El pasado histórico panameño se expone en la obra como parte de la historia colombiana, lo cual no deja de ser cierto, pero a la verdad bien dicha, Panamá nunca dejó de poseer sus múltiples factores sociales, geográficos, económicos, políticos, sicológicos, emocionales, siendo poseedora de esa identidad que separaba a los panameños de Colombia, aun formando parte, no de una misma entidad formal-fáctica, sino, de una variedad de estructuras políticas-administrativas, desde que por voluntad propia decidiera unirse en 1821, primero a la Gran Colombia (1819 a 1831), cuando luego se mantiene en la Nueva Granada (1832 a 1861), en la Confederación Granadina (de 1862 a 1863), integrando los Estados Unidos de Colombia (1863 a 1866), y finalmente dentro de la República de Colombia (de 1886 a 1903).

Por supuesto, una novela es novela y la Historia es la Historia.  Sin embargo, aunque la historia se manifiesta como una fuente prioritaria de esta novela, en la misma no sólo constan situaciones, circunstancias históricas, también contiene situaciones, circunstancias ficticias; personajes de la historia, reales como el propio Joseph Conrad, la actriz Sara Bernhardt, el cartagenero Pedro Prestán que fuera ahorcado, hechos verídicos como el de la construcción del ferrocarril, la conversión de la isla de Manzanillo en el caribe panameño en un añadido de tierra firme con las denominaciones de Aspinwall City y Colón, la época francesa en Panamá, la realidad de que la llamada Guerra de los Mil Días duró mucho más, el rol de la Panamá Rail Road Company y de ciudadanos estadounidenses en la confabulación de llevar a cabo la separación del antiguo departamento panameño en 903.  Tal marco realístico, se entremezclan con personajes ficticios como los Altamirano, con hechos imaginados, como pudieran ser algunos relativos a la saga de dicha familia, unas ocasiones amparados en la historia, otras veces puramente imaginario.

En esa interrelación de realidad, historia y ficción, hay una interpretación crítica sobre esa parte de la historia colombiana que atañe a Panamá o una interpretación crítica desde la visión de un colombiano sobre esa parte de la historia panameña que atañe a Colombia, se apuntan las falencias colombianas, el centralizado poder político bogotano, sus descuidos, sus despistes que se aunaron a las otras causas y a la variedad de factores múltiples y preexistentes que de hecho distanciaban a Panamá, los cuales incidieron y fueron consolidando su deseo autonomista, sin desconocer los vaivenes ya nada secretos de conveniencias personales, de ventajas económicas para algunas personas y familias, ventajas para específicos socios de ciertos negocios, de financiamientos, pagos, promesas dinerarias, los cuales hoy por hoy son imposibles de ocultar y que como vicisitudes penosas, se conjugaron con el episodio también innegable de la participación de ciudadanos estadounidenses vinculados al Ferrocarril Transístmico, al Wall Street de los Estados Unidos, a inversionistas y banqueros de Nueva York quienes tampoco desaprovecharon para garantizar los beneficios que les implicaría la Separación de Panamá en 1903.  Indudablemente que frente a los incidentes de tal fecha, desde un comienzo, durante, después y todavía hoy, existen interpretaciones a favor e interpretaciones en contra, ante tal fenómeno, dicha dicotomía se apunta en las posturas de dos personajes, dos miembros de la familia Altamirano, por un lado el de José, quien narra ahora más irónico que nunca, decepcionado, quien refleja el rechazo a la gesta separatista; en tanto su hija Eloísa, nacida y que ha crecido en el territorio panameño, se regocija por el naciente país, porque su terruño se ha convertido en una nueva república y en donde al parecer, el susodicho personaje femenino ha decidido prolongar sus raíces.

El referente de la separación panameña de 1903 apunta hacia el cierre del mundo de esta novela, en donde aparenta subsistir la añoranza de un Panamá como parte de Colombia en la voz burlona, crítica, dolida, de un José Altamirano que finalmente decide apartarse, irse a Inglaterra desde donde emprende la narración, unas veces hablándole a un lector, otras en una especie de conversación consigo mismo y en algunos momentos directamente a la hija.  Aun cuando la multiplicidad de hechos, situaciones históricas, reales, abundan y son cruciales en la arquitectura de la obra, no encaja dentro de los textos literarios a quienes se les ha venido aplicando los parámetros de la tradicional “novela histórica”, toda vez que ese arsenal técnico empleado con dominio y la recreación donde la imaginería prima, la colocan como una producción contemporánea; mucho menos puede pensarse, la obra sea una extensión del “realismo mágico” con su característico rasgo de las hipérboles.  Para nada.  Se le aleja a conciencia.  En su mezcolanza de la historia y ficción, hay el uso diestro de lo real-ficticio sin limitarse a los moldes antes aludidos y una óptica crítica narrativa de un colombiano (el personaje José Altamirano) y de un escritor bogotano (Juan Gabriel Vásquez), quien ha sabido aprovechar de modo literario, las fisuras, los entuertos, los ocultamientos de la llamada historia oficial y de una historia que interrelaciona a dos naciones latinoamericanas como son Colombia y Panamá.

Del Autor

Luis Fuentes Montenegro
Nacido en la ciudad de Panamá.  Ha publicado un libro de poesía: Contra el silencio (1991), algunos ensayos sobre literatura, derecho, historia, cine, en revistas nacionales como extranjeras y cuatro obras jurídicas.  Fue columnista en los periódicos La Prensa, El Siglo, La Estrella.  Abogado de profesión, quien ha impartido clases de derecho constitucional, derecho administrativo, derecho penal y de historia de las ideas políticas en la Universidad de Panamá y en la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA).  Fue uno de los fundadores del colectivo de escritores EL Gallo de Oro.