De lo terrible
Ana Martínez Castillo
Chamán Ediciones. Albacete, 2021
“Porque lo bello no es nada/ más que el comienzo de lo terrible“, escribió Rainer María Rilke en la primera de sus Elegías de Duino. Casi cien años han pasado desde aquel espléndido compendio lírico, del cual, ahora, Ana Martínez Castillo se sirve para alumbrar su cuarto volumen de poesía. Porque De lo terrible es el titulo de su nueva entrega, la cual remite al miedo y al dolor que afloran en el alma humana hasta su finitud. Claro que, todo aquello surgido de la fatalidad de su propia condición, es también evocación para hallar un cobijo donde salvaguardarse de cuanto acontece hiriente en derredor.
A través de cuarenta textos en prosa, la autora albaceteña (1978) cuelga su palabra del abismo y de la belleza, de la dulzura y del desconsuelo y, desde tales ámbitos, construye un espacio personal donde anhela reflejar el fulgor común: “Fuimos a amanecernos a la tierra. Fuimos a la tierra como el que vuelve a casa. Como el que vuelve y no se reconoce”.
Sabedora de que la felicidad no es tangible, Ana Martínez Castillo se afana en enhebrar una sintaxis que disuelva la materia más aciaga y reinventar, así, una semilla distinta, sanadora, capaz de sostener la cáscara de lo sencillo, de lo amatorio. Al cabo, mirar con añoranza lo vivido no deja hueco para escarbar libre en el mañana. De ahí, que su verbo se pronuncie y se distinga mediante una luz ajena a la fiebre de la melancolía y se instale, a su vez, en un escenario de ilimitada realidad: “El olor a tierra se espesa, sirve de cuna, olor que huelo con mis dedos, que cambia de sitio las ventanas, que se hace uno en la lluvia…”
No cabe duda de que la voz de la escritora manchega rescata un universo donde prima la intensidad de cada instante, donde se funden la solidaridad y la reivindicación por alcanzar un tiempo sucesivo, de mayor certidumbre, en el que lo verdadero abrace las respuestas de cuanto nos inquieta y nos arredra. Pero entre tanto, “estaremos perdidos, viviremos perdidos al fin, con el heno y la tormenta, en lo sublime, en la abúlica muerte que enturbia el patio a medianoche”.