Hoy y el ayer

Sobre 180º, de Elia Saneleuterio

Rafael Morales Barba


180º
Elia Saneleuterio
Lastura. Toledo, 2020

 

Un texto autobiográfico lírico no es un diario en sentido estricto, escribimos a propósito de Martín López Vega, En el asturiano, la exterioridad primaba tanto como la intimidad amorosa del diario. Elia Saneleuterio, en su premiada puesta de largo, lo presenta bajo un inusual título, 180º. Y al hilo de esto, aunque a veces me repita, reflexionaba por 1905, ya hace más de un siglo al respecto de la vinculación obra-título, Maragall en el Diario de Barcelona en un trabajo titulado La obra y el título. El poeta catalán mantenía que el artista con la obra concluida y en su mano lo titulará, y si es realmente “sincero el nombre que dé a esta realidad, el título de la obra no esclavizará nada, porque será una mera indicación de lo que se formó en libertad antes que él naciera, y a la cual debe él su nacimiento”.

El título impuesto por Elia Saneleuterio parece indicar un giro total, sin duda, hacia el amor, pues de eso trata el poemario, hacia el amor total, sin sombra.  Diario amoroso, dietario hijo del entusiasmo en lo fundamental, sin sombras en las breves confidencias y donde vive la fundamental plenitud de ser. Ada Salas, poeta importante en el tránsito de siglos (1997 y 2003), por remontarse hacia hace unos pocos años, como Ana Gorría en los inicios del XXI, junto a Elena Medel, cantaron ese entusiasmo con un lenguaje del saber mirar hacia dentro y hacia fuera con la primera juventud, con originalidad real, fresca. No es poco el mérito. A este libro debemos mirarlo desde la madurez y entenderlo desde ahí, entre tantos otros inscritos en los jardines y paraísos privados de Pedro Soto de Rojas, donde los lectores atentos de poesía entienden y se aventuran. En otro tiempo lo hicieron los iniciales Luis García Montero, Luisa Castro o Blanca Andreu desde aquellas rutas de época de los ecos novísimos y donde hasta el mismo Juan Larrea (se asombraría de ello), imperaba entre diversidades, en un mundo donde el horizonte siempre está siempre cerca para los poetas demasiado inocentes.

Otros extrarradios trajeron a poetas que se han significado con mayor o menor naturalidad, talento y marca. Desde Martha Asunción Alonso o Ana Merino, en sus mundos distintos entre lo verbal y el recorte, a Raquel Lanseros en sus guiños, sincronías, naturalidad. Elia Saneleuterio viene a sumarse a ellas con el premio de lo pasado y remozado, el entusiasmo y la asunción de la plenitud desde lo vivido retomándose, la recreación del amor y el gozo de la madurez.

 180º es un poema de amor, hijo de la delicadeza y la “geometría líquida anoche en mi cuarto”, donde quizá es algo extensa la reiteración. Los diarios líricos con voluntad de serlo lo son, sabe cualquier lector. Hay un punto obsesivo y sin variaciones en ese ámbito y en su fórmula. Quizá hoy algunos discursos de calidad, sin duda este, se vuelcan en esta identidad o temperatura apetecible, acomodada en el buen hacer sin demasiadas sorpresas, sin impostura en la inteligencia y oficio.

Pasa el tiempo sobre el Lucilio de Iter Siculum, primer poema extenso de calidad con el viaje como motivo, con el permiso de Horacio, cuyo poema posterior y más cualificado, Iter Brundisinum, es hijo de una exterioridad que en un descuido firmaría Jovellanos. Los diarios fechados líricos y con explícito título en la revisión de lo propio: 180 º,  tienen otro sesgo, sin duda, en este canto amoroso verosímil, con oficio y mimbres, escenarios. En gran medida y tomando cuerpo a partir de Bernardo Soares (el reconocido ortónimo de Fernando Pessoa), todo un mundo es posible literariamente. Quizá sea siempre ambigua y compleja la analogía excesiva, sobre todo si comparamos épocas tan diferentes con el gran angular de los mundos distintos y horizontes, pese a las zonas comunes autobiográficas, fictivas o no, recuérdese, insisto, el Libro del desasosiego, o el pacto ligero sobre la autoficción donde lo íntimo prevalece.

Elia Saneleuterio trae al proscenio con vigor una sucesión de intimidades amorosas, presencias y ausencias “la cara que pongo cuando te vas”, confidencias, sabe decir, y se representa a veces desde las dislocaciones del lenguaje tanto como desde la claridad. Una cuidada poética de la inmediatez amorosa, fresca e intensa, quizá demasiado gozosa para ser un diario y no un libro de amor bajo esa fórmula, desde las intensas metáforas de la cotidianidad. Cuanto expresamos a propósito de Martín López Vega se vuelve hacia dentro de otra manera en estas incisiones, cuando se quieren y atienden. 180º es un libro apetecible, hijo de lo propio, de las imágenes entendidas ocasionalmente sobre “la acera amarga”, pero sobre todo desde la “vertical” de los cuerpos hijos del amor, que se entregan y apenas se duelen. Es un gozoso diario fictivo, a pesar de los “vendo angustias” en Wallapop, y donde apenas habita el “papel mojado” de las dificultades de lectura, del otro. No estamos ante un diario existencial, sino ante un entusiasta poema de amor bajo la fórmula del diario, en el fondo, sin implicarse demasiado en el “Hoy y el ayer”, ni en las rememoraciones sobre “la máxima convicción de mis veinte años”.

Tampoco hay una voluntad de complicidades con los paréntesis reformulados por Mario Martín Gijón, ni en una mirada hacia adelante y hacia atrás, porque su virtud es su sincera diafanidad enamorada, plena, envidiable. Todo está escrito en tinta, no en el lápiz de Tomás Albaladejo, sino en el cuaderno de las páginas del entusiasmo, seductoras, que viajan desde Valencia y Gandía, Simat, Xátiva, a San Francisco, Las Vegas, San Francisco o Mariánské Lazné, es decir, en el viaje, en lo fundamental donde lo amoroso se reitera sin “persianas a medias”, en el fondo. Todo remite, aun en los claroscuros, al amor gozoso y el mundo sin sospechas, capaz de acallar el dolor, para hablar desde el entusiasmo. Pero eso ya lo habíamos dicho.