La luz de Dios

Sobre Alumbramiento, de Daniel Cotta

Jorge de Arco


Alumbramiento
Daniel Cotta
Rialp. Colección Adonáis. Madrid, 2021

 

Con Alumbramiento, suma Daniel Cotta suma su séptimo poemario. Desde que en 2016 viera la luz Beethoven explicado para sordos, su quehacer ha sido prolífico si mesurado en su tono y coherencia. Dos años atrás, obtuvo el premio “San Juan de la Cruz”. En aquel volumen, el autor cordobés se afanaba en la búsqueda de una manifestación suficientemente preclara de un Dios silente y, en cierta manera, esquivo, que le llevaba a escribir: “Del centro y del dolor, destilas Tú./ De la felicidad, destilas Tú./ De todo y de su envés, destilas Tú./ ¿Cómo no te distingo?/ ¿Qué tiene mi estragado paladar/ que no se sabe emborrachar de TI?”.

Ahora, en este alumbramiento que es también desahogo, Daniel Cotta parece haber hallado un sendero más corto para alcanzar esa antigua aspiración. Su fe es ahora gracia, reconocimiento de un Tú que no se esconde sino que proclama su verdad. Y así lo hace en “El hombre es una iridiscencia de tu gloria”, poema que sirve de pórtico a la primera parte del libro, “Dios del Universo”: “Para la creación, yo soy la prueba/ veraz e irrebatible de ti mismo”.

Desde un sujeto que no se acomoda, que permanece en una constante lucha espiritual, su voz se acrecienta con la intención de expandir su camino, su huella, más allá de su univocidad. Porque desde la propia inquietud se puede seguir amando, gozando de una fecunda misericordia. En sus distintos apartados, “Creador, Padre y Redentor mío”, “Poco inferior a los ángeles”, “Ni ojo vio” y “Sinfín”, subyace una lumbre común la cual  se torna guía confiada para distinguir los pasos del Señor: “El sol tiene tus ojos./ No negará que es hechura de tus manos./ Tiene tu cálido abrazar; tan puro,/ tan sin sentirse,/ tan de Padre bueno”.

El verso de Daniel Cotta fluye liberador y preciso, abrochado a un sabio ritmo y a una variedad estrófica reveladora de su dominio lírico. Y sustentadora, a su vez, de la fortaleza en una bella y celebratoria creencia,  que invita a la complicidad y anhela el día en que juntos “… veamos la luz,/ y respiremos fuera/ como estrenando cuerpo/ y Dios nos tenga en brazos y nos meza”.