Maresía
Sabas Martín
Mercurio Editorial. Madrid, 2021
Agrupa esta nueva publicación de Sabas Martín (1954) dos volúmenes, Donde termina el mar y Estelas, que son un mismo espacio: Maresía. Frente a é, el autor tinerfeño ordena un tiempo propio, un discurso sostenido por un “mar necesario/ por el que entra y sale la vida”, que es, a su vez, una reinterpretación reconocible de quien lleva en sus adentros la constancia del agua.
Este primer conjunto aparece dividido en tres partes: “Para que tú me oigas”, El revés de la sombra” y “Hondo y espejo”, por entre las cuales asoma un sustrato amatorio, de desnudada entrega. Los poemas se suceden como una hilera polifónica en la que no cabe lo unívoco, sino la materia variable de cuanto es capaz de quedar prendido en el fulgor de lo común: “Y fue carne el verbo en el nombre del deseo:/ los labios vino, miel la piel,/ ofrenda el cuerpo,/ cuerpo a cuerpo los cuerpos/ mutuamente derramándose./ Y, así, en las palabras que nos desnudan,/ el placer de los dioses/ habita entre nosotros”.
Cada texto, además, halla su propio vínculo con el tiempo común y respira la seducción y el anhelo de ser partícipe real de una identidad palpitante: “Escrito está:/ el poema no debe querer decir,/ sino ser”.
En Estelas, Sabas Martín opta por concentrar su mensaje a través de una serie de aforismos que abarcan de manera continuada la red de su día a día. Se trata de dar visibilidad a todo aquello que se articula en pos de una realidad donde seres y objetos no son sino un constante tránsito a la reflexión.
En sus dos apartados, “El alisio” y “El letime”, el lector encontrará pensamientos que van de lo filosófico –“Quien piensa se reexiste”- a lo lírico –“Sólo los poetas escuchan las voces de las estatuas”-; del ingenio –“Quien teme las tormentas ¿vive atormentado?”- al balompié –“Dios no juega al fútbol. Ni con la mano”; de la afirmación -La casualidad no existe. Es el destino disfrazado de azar- a la ausencia –“Soy náufrago de ti“-; de la confesión –“Déjame entrar en tus ojos para verme”- a la incertidumbre -“¿Si sueño contigo tus sueños me pertenecen?”.
Y en todos ellos hay, además, la esencia de una escritura que se condensa y se define en su vívido y cardinal vitalismo.